El asesino de las rubias ©

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Capítulo IX. Katherine McAdams. Parte III Final

Lejos de avizorarse la resolución del caso; confiaban en que las pruebas científicas echaran luz sobre la oscuridad imperante y los acercara, indefectiblemente, a la resolución de un nuevo caso que, pese a la importancia que revestía, no hacía más que distraerlos de su principal objetivo.

—Lindsay ¿qué tenemos? —preguntó Stephanie entando como una tromba a la morgue.

—Thomas tenías razón, la drogaron —respondió tomando su cuaderno anotador—. Hallamos una alta dosis de Gamma hidroxibutirato en su organismo.

—Interesante —dijo el detective llevándose su mano a la barbilla.

—¿Qué demonios es el Gemma hidro...? —preguntó Stephanie abriendo sus brazos.

—Es una droga de diseño que los jóvenes consumen para entrar en estado de euforia —respondió la doctora.

—Entonces sí se drogaba —dijo Stephanie mirando a su compañero con sorna.

—No necesariamente —respondió Lindsay ante el silencio del detective—, El GBH suele ser un líquido incoloro e inodoro.

—Consistente con la teoría de que fue drogada contra su voluntad, aunque nadie nos dijo que ella estuviera eufórica, sino más bien todo lo contrario —dijo Stephanie con los brazos en jarra sobre su diminuta cintura.

—Eso es porque lo mezclaron con alcohol, y al ser ambos depresores de seguro le habrá causado somnolencia, mareos, pérdida de la visión y hasta pudo haberse desmayado y entrado en coma por falta de oxígeno —se explayó el detective—. ¿Tiene signos de haber sido violada?

—No, no fue atacada sexualmente —dijo Lindsay.

—¿Crees que esa era la verdadera motivación? —preguntó Stephanie.

—El GBH solía ser utilizado con ese fin; similar al Clonacepan o el Rohypnol —respondió Thomas algo consternado.

—Bien, sabemos que fue drogada mientras bebía, tenemos que volver a hablar con el barman —dijo Stephanie acelerando el paso rumbo a la puerta.

—No hace falta, fue él —dijo Thomas dejando a ambas mujeres boquiabiertas.

—Ok ¿entonces listo, caso resuelto? —preguntó Stephanie volviendo sobre sus pasos.

—No —susurró—. El cantinero debió colocar el GBH en el vaso de Katherine pero él no la asesinó —respondió mientras caminaba en círculos con la mirada en el piso—, terminó su turno en el club.

—Entonces tenía un cómplice —dijo Stephanie tomando su celular—, voy a llamar a Charlotte para que verifique la cuenta bancaria de Eric Polson y acelere el análisis de los videos de seguridad.

—Esta es la filmación que pudimos conseguir —dijo Charlotte proyectando el video en la sala de conferencias.

—¿No puedes mejorar la resolución? —preguntó Stephanie con indignación.

—Aunque no lo crean está mejorada; no se puede más —dijo la técnico con algo de congoja en la voz—. Al contrario de lo que la mayoría piensa, las cámaras en las calles contrastan con la sofisticación del barrio.

—¿Esto es todo? —preguntó Thomas—, es imposible saber quién es; además de tener una capucha solo tenemos su espalda.

—El video no puede darnos más pero su amiga Charlotte tal vez tenga algo interesante —dijo sonriendo.

—¿Qué cosa?

—Estuve investigando los casos sin resolver cuyas víctimas tenían GBH en su organismo y adivinen qué —hablaba exaltada con una sonrisa de oreja a oreja.

—Hallaste una conexión —dijo Thomas guiñándole el ojo a Stephanie; en busca de complicidad.

—Son tres casos previos, todos en barrios ricos de la ciudad y en todos aparece un nombre: Lupita reyes —dijo mientras proyectaba los datos de la sospechosa en la pantalla.

—¿Quién es? —dijo Stephanie frunciendo el ceño.

—Nació en el Distrito Federal en 1960 y a los 18 años vino a Estados Unidos para intentar ayudar a sus padres desempleados. Trabajó como Babysitter y empleada doméstica por más de 35 años; y su curriculum es intachable.

—Pero si tú encontraste la relación tan obvia que ata todos los casos, intuyo que los agentes encargados de resolver los crímenes también llegaron a la misma conclusión —dijo Thomas pensativo, con las manos en los bolsillos sin despegar la vista de la pantalla.

—Pero Lupita jamás fue condenada —dijo Stephanie mirando a su compañera.

—Están en lo cierto; no hay pruebas que la incriminen—dijo—, no tiene antecedentes, tampoco lazos visibles con las drogas ni nada que se le parezca.

—¿Katherine tenía empleada doméstica? —preguntó Thomas volviendo la mirada a la genio.

—No que sepamos... —dijo Stephanie antes de que Charlotte emitiera sonido.

—Es obvio que nuestro amigo el asesino quiere incriminar a Lupita pero... ¿por qué? —se preguntaba Thomas mientras caminaba en círculos por la sala.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

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