El asesino de las rubias ©

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Capítulo X. Stephanie Turner. Parte II

One Pólice Palace, subsuelo, tribunal interno.

—No termino de entender ¿por qué acudió a un escenario al que no había sido invitado; ni usted ni su Unidad? —preguntó el jefe de Asuntos Internos al detective Weiz, sentando en el banquillo de los acusados.

—Teníamos la pista de un probable asesinato pergeñado por un peligroso criminal que estamos persiguiendo hace tiempo —respondió desganado, reclinado sobre la silla con obscena desfachatez.

—¿Asesinato? —preguntó mientras repasaba una carpeta—. ¿Cuál asesinato? Que sepamos no hay ningún cadáver que ameritase su intromisión.

—Nos llegó una carta en la que nos daban un plazo para rescatar a una mujer cuyas horas estaban contadas —dijo incorporándose hasta erguirse por completo.

—Somos oficiales de la ley señor Weiz, no turistas furtivos adictos a los policiales televisivos; y usted mejor que nadie debe saber que sin cuerpo no hay homicidio —dijo Robert Gully mientras meneaba la cabeza de lado a lado.

—Una mujer está en peligro; una agente de nuestra Fuerza, y es probable que aún esté con vida. Le imploro que abandonemos esta discusión sin sentido y nos pongamos manos a la obra —farfulló Thomas parándose de su silla, increpando abiertamente al tribunal.

—Hay decenas de oficiales buscando a Stephanie Turner; usted vaya a recolectar muertos que para eso se le paga —le dijo el vocero del departamento.

—Y si usted le dedicara a su trabajo la mitad del tiempo que le dedica a su secretaria, seguro este nido de ratas funcionaría mejor —retrucó el detective desatando un incesante y ensordecedor bullicio.

—¡¿Cómo se atreve?!

—Púdrase, imbécil —dijo Thomas abandonando la sala, dejando tras de sí una estela de murmullos y rostros empalidecidos.

Consciente de que el tiempo continuaba corriendo y la vida de su colega peligraba con cada segundo perdido, Thomas no pudo evitar sacar a relucir su costado más irritante en un intento desesperado por retomar una misión infructuosa que, en el mejor de los casos, terminaría con una prorroga o alguna otra pista que revelara el verdadero paradero de la detective puesto que no se encontraba en aquella casa.

One Police Palace, subsuelo, tribunal interno.

—Bueno, el cónclave de ayer fue algo movido —dijo el director provocando la risa del auditorio—, pero esperamos que esta vez podamos hablar y debatir como personas civilizadas. ¿Detective Weiz?

—Sí señor.

—¿Cuándo fue la última vez que vio a la agente Turner? —preguntó mientras golpeteaba su lapicera repetidamente contra un cuaderno azul de tapa dura.

—Hace aproximadamente un mes, luego de resolver el caso de Katherine McAdams —respondió.

—¿Cuándo notó que ella había desaparecido? —preguntó mientras tomaba apuntes de las escuetas respuestas.

—Al otro día ya no vino a trabajar; no respondió el teléfono ni la pudimos ubicar en su casa —hablaba con la mirada perdida, con la perturbable sensación de estar perdiendo el tiempo.

—Suponiendo que la hipótesis de su asesino serial suelto fuese cierta ¿por qué cambiaría su modus operandi? —preguntó mientras el resto de oficiales administrativos, devenidos en jurado, aprobaban la cuestión asintiendo con la cabeza.

—¿Disculpe?

—¿Por qué dejaría la tranquilidad de los homicidios para adentrarse en algo mucho más peligroso como un secuestro? —reformuló la pregunta.

—Asesinó a la capitana Farwood; le disparó a la agente Melody Blair y, en el mejor de los casos, retiene a Stephanie cautiva en algún lugar oscuro de la ciudad. Antes nos tenía corriendo detrás de él; ahora nos enfrenta deliberadamente. Supongo que se divierte —respondió mordiéndose el labio inferior.

—¿Cuál es su teoría?

—No va a gustarle —dijo sonriendo.

—Pruébeme —respondió el magistrado.

—Es alguien de dentro —dijo Thomas provocando, una vez más, un molesto cotilleo.

—Hablando de eso; he recibido reportes que dicen que sus acciones son poco claras; amén de que juguetean con los límites de la legalidad —dijo Robert mientras tomaba unos papeles de su cuaderno.

—Habladurías —dijo Thomas consciente de las acusaciones por venir.

—Asuntos internos continúa investigando el confuso episodio que acabó con las mujeres Foster asesinadas en su edificio —dijo el magistrado enseñándole evidencia a la distancia.

—Trató de incriminarme Señor, mi equipo se encargó de encarcelar al verdadero culpable —se excusaba Thomas.

—También lo investigan por ser la última persona que vio a la capitana Farwood antes de ser ultimada; y para colmo de males, el detective Randy lo señaló a usted como el autor material del disparo que pretendió poner fin a la joven Melody Blair —se explayó.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

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