El asesino de las rubias ©

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Capítulo X. Stephanie Turner. Parte III

FLASHBACK

—Llegó un paquete dirigido a nosotros, vengan —dijo Charlotte entusiasmada con la caja en la mano.

—Ten mucho cuidado, podría ser una bomba —dijo Randy alejándose raudamente.

—¡Ábrelo! —dijo Thomas—. Veamos de qué se trata

Luego de quitarle el envoltorio quedó al descubierto un DVD con las sigas U.C (Unidad Crimina) y una hoja papel madera, con un desopilante mensaje sin razón de ser.

—¿Qué demonios dice ahí? —preguntó Randy arrebatando el papel de las manos de Thomas.

—Es un código, un acertijo —murmuró cabizbajo, a la espera de que su compañera proyectase la película en la pantalla.

«Si están viendo este video quiere decir que el reloj está corriendo; tienen hasta la medianoche para evitarme una muerte dolorosa o tendrán que vivir con la frustración de no haberlo logrado. Los quiero y sé que harán todo lo que esté a su alcance para ayudarme. Por favor no hagan público este documento ni involucren a otra fuerza de seguridad en mi búsqueda; de eso depende que siga respirando. Los amo»

—Esto no puede estar pasando —dijo Randy tomándose la cabeza mientras Charlotte lagrimeaba petrificada frente a la lluvia que invadía la pantalla.

—Él la tiene, ese malnacido tiene Stephy —dijo Thomas apresurándose a descifrar el código oculto en aquel papel.

—Estaba atada y ensangrentada ¿creen que la esté torturando? —preguntó el joven detective sin salir de la conmoción.

—Claro que lo hace; física y psicológicamente; igual que juega con nosotros —respondió mirando fijo aquellas letras al azar que no decían nada.

—¿Debo avisar a su familia? —preguntó Charlotte secándose las lágrimas con un pañuelo descartable.

—No, no tiene sentido. Si la salvamos ella misma podrá contarlo como una anecdota a sus padres.

—¿Y si no la salvamos? —preguntó Randy con un nudo en la garganta.

—Esa no es opción. ¡Cállense y déjenme pensar! —dijo parándose en medio de la sala, con la mirada perdida en el techo.

Caminaba de un lado para el otro, repetía frases inaudibles y golpeaba su cabeza con ese papel, buscando de ese modo acelerar la decodificación.

—¡Lo tengo! —gritó elevando el papel al cielo y dejando ver una sonrisa de oreja a oreja en su rostro—. Es la clave de Cesar.

—¿La clave de quién? —preguntó Randy frunciendo el ceño.

—De César, es el artilugio que se cree que utilizó Julio César para comunicarse con sus legiones en las guerras de la Galia —dijo mientras anotaba en una hoja en blanco las palabras descifradas.

—¿Y cómo funciona?

—A cada letra le corresponde, en realidad, la tercera consecutiva en orden alfabético; o sea que si tenemos una A, nosotros debemos suplantarla por una D —respondió mientras continuaba transcribiendo el mensaje final.

«Si quieren volver a ver a la Detective Turner con vida, diríjanse a la mansión Russell-Cox que se encuentra abandonada a las afueras de la ciudad. Tienen hasta media noche o la bella Stephanie morirá, tic tac, tic tac»

—Son las 18hs, y está nevando; tardaremos horas en llegar —dijo Randy apresurándose a su gabinete para tomar su arma.

—Charlotte avisa a Brandon, necesitamos todos los brazos posibles —dijo Thomas llevando consigo el papel encriptado.

—Lo haré.

FINAL DEL FLASHBACK

—Y por eso estaban en aquella casa —dijo el director tomando nota.

—Así es —respondió Thomas con las manos entrecruzadas como quien eleva una plegaria.

—Sin embargo no encontraron a la agente Turner allí sino que se toparon con Peyton White, cuya desaparición fue reportada hace una semana por su madre —dijo el director esperando comprender la trama completa.

—Nosotros no lo sabíamos señor —se excusó.

—Claro que no, sin embargo es mucha casualidad que el día que ustedes se dirigen al lugar persiguiendo fantasmas, el FBI reciba una llamada anónima revelando el paradero de la niña —retrucó el director meneando la cabeza de lado a lado.

—Tal vez sí o tal vez no —murmuró Thomas desganado, harto de que no lo tomaran enserio.

—Explíquese.

—Quizás el asesino pretendía que el grupo SWAT nos disparase a quemarropa, como de hecho lo hizo, y borrarnos de un plumazo —dijo abriendo sus palmas, habiendo jugado su última carta.

—¿Por qué se tomaría tantas molestias? —preguntó mirando a sus colegas—. Si como usted dice asesinó a la capitana Farwood, hirió de gravedad a la detective Blair y secuestró a la agente Turner; no parece que demandara demasiado trabajo o peligro hacerse cargo de tres detectives temerosos de su propia sombra.

—Solo asesina mujeres... y rubias —dijo dibujando una extraña mueca en su rostro que no hizo más que anticipar el vendaval de carcajadas del auditorio.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

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