El asesino de las rubias ©

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Capítulo XII. Parte II: Brittany Jackson y Kourtney Lee

Como niños pequeños que se juntan al amparo de la oscuridad, apenas iluminados por las llamas agonizantes de un par de velas, para contar todo tipo de historias inverosímiles con la única finalidad que infligir, mas no sea, un poco de terror en los frágiles corazones de los oyentes; el tridente de detectives, todos alejados del centro de la escena por razones obvias y diversas, emulaban aquella vieja práctica milenaria con una pequeña pero gran salvedad, una apostilla sangrienta y siniestra que venía a revelar que todas y cada una de las palabras que salían de la boca de Melody, lejos estaban de la ficción y peor aún, eran el motivo del calvario en el que se habían convertido sus vidas.

—La semana pasada el capitán nos envió a Prospect Park luego de que recibiéramos una llamada anónima informando sobre un crimen —hablaba Melody mientras aceptaba gustosa el whisky escoces que regaba su vaso.

—¿Al aire libre? —preguntó Thomas con la botella en la mano—. No es la primera vez que lo hace pero no deja de sorprenderme.

—Es una osadía demasiado descarada; máxime si se tiene en cuenta que todo el mundo está alerta a su presencia.

—Yo pensé lo mismo que ustedes, pero lamentablemente no pueden suspenderse todas las actividades de la Ciudad por un asesino suelto —dijo Melody elevando las pestañas y entrecerrando los ojos.

—¿Qué encontraron? ¿Cómo lo hizo esta vez?

—Cuando los chicos llegaron se encontraron con el cuerpo sin vida de una mujer de 40 años; Brittany Jackson —respondió con rapidez—. Madre soltera de una hija adolescente que se desempeñaba como encargada en un local de comidas rápidas; supusimos que iba de regreso a casa.

—¿Cómo la asesinó? —preguntó Thomas impaciente.

—La degolló —respondió sin anestesia—. En el parque encontramos dos tipos de pisadas; la lluvia puso su granito de arena.

«Una de las huellas eran de la víctima, unos Jimmy Choo talle 37 inconfundibles; las otras eran unas deportivas talle 43 que, lamentablemente, son más comunes que las donas en este país.

—¿Qué hay del rastro? —preguntó

—¿A qué te refieres?

—Al sendero por el que transitaron las pisadas. De ser unas pocas puede implicar que estaba escondido, tal vez detrás de un árbol y solo tuvo que esperar su oportunidad; en cambio, si las pisadas se extienden como puente, puede que la haya seguido desde que salió del trabajo —explicó mientras saboreaba su segundo fondo blanco.

—Entiendo, esa podría ser la diferencia entre una víctima premeditada o una de oportunidad; aunque a esta altura ya nada de eso importa.

—Creemos que la venía siguiendo. El rastro no abarca menos de 200 metros —señaló la detective.

—¿A qué hora llamó el denunciante? Es muy extraño que no haya habido nadie en ese lugar —dijo Thomas masajeando su barbilla.

—Eran las 21hs —respondió Melody—. Sin embargo en Long Meadow nadie vio nada.

—Long Meadow... la pradera más grande del parque; definitivamente está desencajado —dijo Thomas esbozando una sonrisa

—Eso mismo creímos nosotros —dijo Melody inclinando su vaso para una segunda ronda.

—¿ADN?

—Nada. Tampoco hallamos en la escena algo que nos indicara una pelea o marcas defensivas en la víctima. ¡Todo una porquería! Una niña se quedó sin madre y ni siquiera podemos decirle que hemos atrapado al desgraciado.

—Entonces, otro caso impune —dijo Thomas jugando con su vaso vacío.

—Esa es la mejor parte —sonrió.

—No entiendo.

—Al otro día, a la misma hora, volvieron a llamar denunciando un ataque con cuchillo pero esta vez en Riverside Park —comentó acercándose a los límites del sillón.

—¿Era la misma voz del día anterior? —preguntó Thomas con un dejo de asombro en su mirada.

—No, era la víctima la que llamaba —respondió guiñándole un ojo y volviendo a recostarse sobre el respaldo de su asiento, respirando aliviada.

—¿Dejó una persona con vida? —se preguntaba murmurando—, eso sí es novedoso.

—"Dejó con vida" no es correcto; más bien ella logró escapar.

—Es la primera vez que comete un error entonces —hablaba mientras se servía un nuevo trago en las rocas, entusiasmado—. Cuéntanos cómo fue.

—A las 21.30 arribamos al lugar con un número inusitado de policías —carraspeó—. Como bien dijiste, era la primera vez que dejaba un cabo suelto y no podíamos arriesgarnos a perder tan preciada oportunidad.

«La víctima era Kourtney Lee; una abogada de la firma "Abrahams y Asoc" que, según su relato, volvía a casa, como siempre lo hacía, después de una larga jornada laboral. El dialogo no era fácil. Estaba completamente en shock, sentada al costado del camino sin dejar de temblar y murmurar de forma reiterada el nombre de sus hijos.



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

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