El asesino de las rubias ©

Tamaño de fuente: - +

Capítulo XII. Parte III, La revelación.

Agazapado y escondido en algún lúgubre recoveco de la ciudad, Thomas por fin encontraba el aliciente para volver al mundo real y demostrar, o morir en el intento, que el asesino de las rubias nada tenía que ver con su persona, a la vez que se proponía limpiar una imagen mancillada y repudiada que lo habían puesto en el centro de la escena criminal, catalogándolo como uno de los más despiadados homicidas de todos los tiempos. En sintonía, anhelaba más que nada en el mundo dejar de compartir cartel con celebres personajes oscuros del calibre del Carnicero de Milwaukee, El payaso asesino o el Merodeador oculto. Para lograrlo, era menester que se hiciera con las pruebas irrefutables, no de su inocencia, sino de la culpabilidad del verdadero rostro detrás de la máscara que los medios no dudaron en bautizar como el Asesino de las rubias.

—Es una locura —dijo Melody, meneando la cabeza mientras hacían guardia en las inmediaciones del domicilio particular del detective Sullivan.

—No te preocupes, cualquier cosa declaras que yo te obligué —susurraba mientras se acomodaba su larga barba postiza.

—Aún no me dices por qué piensas que Brandon es el asesino...

—Recuerdas que perfilamos que era policía, que estábamos apresando a supuestos asesinos que lograron salir impunes de sus crímenes —hablaba mientras estudiaba los movimientos de toda la cuadra.

—¿Eso es todo? Entonces Brandon asesinó a decenas de mujeres para encarcelar a los hombres que se le escaparon mientras estaba en servicio; ¿es eso lo que afirmas? —gritó sonrojada—. Nadie se vuelve asesino serial a los 65 años sin haber tenido antes algún antecedente o indicio de conducta criminal.

—Algo debió desencadenarlo —respondió—, algo que ocurrió en el último tiempo, algo que precipitara su jubilación.

—La muerte de su esposa podría ser un detonante —dijo Melody, frunciendo el ceño, comenzando a creer que no era algo tan descabellado.

—No sabía que fuera viudo, ¿Cómo murió su mujer? —preguntó acomodando su ridícula barba.

—La colgaron en su casa de verano —susurró con un dejo de tristeza en la mirada.

—¿Y el asesino?

—Siempre existió el rumor de que se trató de una pareja de sádicos drogadictos —respondió desenfundando su arma reglamentaria.

—Interesante....

—¡Pero son conjeturas! Algo de lo que dije en esa casa te llevó a pensar que Brandon es el monstruo que perseguimos y aún no dices que fue —se quejó.

—Analgesia —dijo casi como un susurro.

—¿Perdón?

—Hace poco más de un mes, cuando todavía gozaba del beneficio de la duda, fuimos a una casa abandonada a buscar a Stephanie —hablaba susurrando, mirando de reojo la casa de Brandon que permanecía oscura.

—Sí, conozco la historia

—Ese día nos ganamos una docena de balas, gentiliza del grupo SWAT, y una de ellas se incrustó en un brazo del viejo —dijo mirando a Melody a los ojos—. No se había percatado hasta que yo se lo hice notar.

«Esa situación me pareció por demás extraña, por lo que decidí, hace unas semanas, inmiscuirme en el antiguo consultorio que dejara vacante la Doctora Stevenson y revisando los historiales médicos, ¡Eureka!

—¿Brandon se atendía con ella? —preguntó sorprendida.

—Ahora me cerraban muchas cosas; de dónde obtuvo la información precisa para envenenar a Elizabth Mod y por supuesto el propio asesinato de Sarah —se explayaba.

—Pero encontraste algo en esa ficha médica que te llamó la atención, ¿verdad?

—Nada que te convierta en asesino hasta que mencionaste que Kourtney Lee le incrustó una daga a su agresor y éste ni se inmuto —respondió con la mirada perdida en la oscuridad de la noche—. La analgesia natural, extremadamente rara, tiene raíz en un gen alterado llamado ZFHX2 que te hace inmune a los dolores, hasta el punto que puedes quebrarte una pierna y regresar a tu casa en motocicleta sin inconvenientes.

—Pero... tantas mujeres —se lamentaba mordiéndose los labios, con los ojos repletos de lágrimas por llorar.

—Estoy seguro de que todas fueron una excusa, un medio para un fin: encarcelar asesinos impunes —dijo cargando su revólver y haciendo un ademán con la mano derecha que iniciaba el allanamiento.

—¡Aguarda! —dijo Melody sujetando a Thomas del hombro—. Puede que Brandon sea muy hábil manipulando cuchillos y, por supuesto, disparando un arma de fuego ¿pero qué hay de las víctimas que murieron envenenadas o drogadas? No creo que tuviera esa destreza ni tus conocimientos sobre el tema.

—Tengo una teoría pero no quieres oírla —murmuró.

—Pruébame —dijo Melody antes de ser jalada contra el pecho de Thomas y besada con tanta pasión que ni siquiera atinó a rechazarlo. ¿Por qué hiciste eso? —preguntó sonrojada luego de que el detective cortara el momento romántico.

—Brandon —dijo señalando el auto que se marchaba a toda velocidad—; por poco nos ve. ¡Vamos! —ordenó preparándose para manipular sutilmente la cerradura.



Sebastian L

#45 en Detective
#26 en Novela negra
#12 en Novela policíaca

En el texto hay: misterio, crimenes, suspenso

Editado: 16.02.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar