El asesino de las tres reglas

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Final

Un año y tres meses después...

No hubo ninguna pista sobre Ian, ni siquiera asesinatos parecidos a los que él era protagonista. Todo parecía estar relativamente en calma

Al principio los pobladores habían pasados semanas en suspensos y paranoia, pensando que en cualquier momento él iba a regresar; sin embargo, ya había pasado un poco más de un año donde no hubo noticias de él.

Todos pensaron que todo había terminado, que el asesino no regresaría, pero estaban equivocados. En esa noche de luna llena, iba ser su tan anhelado regreso.

El aire soplaba fuertemente, la luna iluminaba las calles de pequeña cuidad de Santa Elena. Los truenos anunciaba una inevitable tormenta.

Ian avanzó lentamente, hacia la casa de Laura. Se introdujo por la parte trasera, donde ingresó por la cocina, subió las escaleras donde ella  dormía plácidamente, los truenos iluminaron la habitación lo que ocasionó que ella despertará. Quedó sorprendida y feliz de verlo de nuevo  frente a ella, pero con un cuchillo en la mano listo para atacarla.

Laura no se levantó de la cama para huir al contraer ella sonrió. Había esperado este momento con ansias.

—Creiste que te ibas a salir con la tuya maldita perra—le dijo Ian con rabia.

—No, además nunca dude que vendrías a buscarme cariño—le dijo ella con una sonrisa de locura, se puso de pie  quitandose el  camisón de dormir para dejar al descubierto su desnudez—.Porque no vienes y me haces el amor por última vez, ¿no crees que merezco disfrutarte antes de que me mates ?—le comentó ella con un brillo de lujuria.

Ian, se preguntó si esto sería una trampa de su parte o si tenía algo planeado como la última vez, pero él era un demente igual que ella así que no dudó en acercarse.

—Tu, no has cambiado en lo absoluto ¿cierto?—le dijo Ian tomándola por la cintura para besarla intensamente.

Ian la lanzó a la cama, colocó el cuchillo a un  lado, bajó su pantalón lo suficiente para penetrarla de golpe a lo cual ella gimió de placer. Ambos se dejaron llevar por sus propias pasiones y locuras que sin quererlo compartían, y que los hacían uno solo.

En ese momento otro trueno se hizo presente, lo que provocó que el llanto de un bebé se escuchará en la casa.

Ian había vigilando a Laura unos días antes, así que  sabía de la existencia del bebé que había tenido hace un par de meses. Laura no tenía pareja así que supuso  que ese podría ser su hijo.

—Él es mi hijo ¿Cierto?—le preguntó Ian  para confirmar su sospechas mientras la seguia embistiendo.

—Si—le afirmó ella —.¿Te quedarás con él? Tengo una maleta hecha con algunas de sus cosas en su  habitación por si lo quieres—le dijo ella con dificultad.

Ian la sujeto de su rostro  con fuerza. Tomó el cuchillo que había dejado en la cama , se acercó a un más para responderle.

—No te preocupes por eso, ahora él me tendrá a mi —le confirmó.—Adiós mi amor—le dijo degoyandola.

El  cuchillo hizo su trabajo, la sangre fluía  espléndidamente sobre la cama mostrando una verdadera obra de arte. Después Ian se subió los pantalones, miró por última vez a la mujer que había amado y odiado al mismo tiempo. Se había ocultado por todo este tiempo con el objetivo de vengarse y ahora que lo había hecho de una manera que no imaginaba, se sentía realmente feliz .

Salió de la habitación rumbo a la de su hij. Llegó a la cuna donde lo tomó entre sus brazos: el pequeño Ethan tenia lo ojos azules como los suyos.

Tomó la maleta que Laura le había mencionado, ingresó a su auto el cual estaba estacionado a poco metros de ahí. Colocó al bebé en su asiento para luego marcharse de la cuidad  donde tambien vivía su padre biológico: El oficial Anderson, el cual le había ayudado a escapar de la cárcel.

El oficial Fernández nunca se imaginó que uno de sus oficiales y técnicos fuera un policía corrupto con una pizca de demencia.



Evelyn Romero

Editado: 05.11.2019

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