El Beso de Judas

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Capítulo 5

"La vida es como el Jazz... mejor si es improvisada"

♠♠♠

Andrew.

Esos hijos de puta me las pagaran. Debieron seguirme cuando me encontraba en el bar divirtiéndome como suelo hacer todas las noches, imaginaron que he olvidado mis conocimientos y mi dedicación en el pasado, pobres ingenuos, unos parches con los típicos colores no los hace invencible.

Esto es obra de Oswald. Ese hijo de puta.

La herida en mi costado quema mi interior cuando me remuevo incomodo en el sofá, escucho su voz muy cerca a lo que dirijo mi mirada hacia ella, quien frunce su ceño.

— No puedes quedarte aquí — musita —. No con esos sujetos detrás de ti.

— Yo decidiré cuando irme y si me quedo esta noche es mi problema.

— ¡Pero es mi casa! — exclama.

Toco la punta de mi nariz cuando su grito aturde mis oídos, ¿Qué ganan las mujeres con gritar? Algunas por placer y otras buscan que sus cuerdas vocales se destrocen y ese es su caso sino se calla de una vez.

— Deja de gritar — susurro —. Atraerás a esos imbéciles y ten por seguro que dejare que te maten.

Ella respira profundamente antes de levantar sus manos y caminar en dirección a la cocina, actitud muy extraña de su parte, pero muy divertida. Dejo el botiquín a un lado poniéndome de pie cuando unos pequeños retratos en el armario de la sala captan mi atención.

Suelto una media sonrisa cuando veo a una niña embarrada de barro con una gran sonrisa, sigo paseando mi vista a las otras fotografías cuando una en particular congela todo mi sistema, en ella se haya Max abrazándola por detrás mientras ella tiene una mueca de desagrado en su rostro.

Entonces tenemos un trato.

Lo tenemos.

Los recuerdos de aquella conversación en el bar abruman mi mente, esta chica no puede ser su familia y menos su hermana, aunque si presto atención, similares facciones y color de ojos, es una tontería.

Escucho sus pasos acercarse a mi cuando esta suelta lo que sea que estuviese llevando en la mano haciendo un gran estruendo en medio de nuestro silencio.

— ¿Qué haces? — cuestiona arrebatándome la fotografía.

— ¿Quién eres? — contraataco.

— ¿De qué hablas?

— No te hagas la tonta, ¿Quién eres? — musito perdiendo todos los estribos.

— Soy una chica común y estúpida que no deja de hablar con un imbécil que se haya justo frente de mi — responde irónica, en este instante no estoy para juegos así que la tomo de los hombros.

— ¿Qué es él para ti? — mascullo quitándole la fotografía y señalando a Max —. ¡Contéstame!

Noto como su cuerpo se tensa y su reacción es apartarse de mi chocando con los vidrios de aquella taza destrozada lastimándose. Ella se agacha a verificar la herida en sus pies, mientras que yo deambulo en mis recuerdos.

¿Dónde están los papales?

Dijo que se encontraban con alguien seguro y confiable.

¿Quién?

Su hermana.

Me acerco a ella tomándola por los hombros y acercándola a mí, ella se retuerce en mis brazos golpeando mi pecho.

— ¿Estás loco? Suéltame.

— ¿Dónde están los papeles? — abre sus ojos en grande —. ¿Dónde están los papeles que te dio Max?

— No sé de que hablas.

— Escúchame bien — acerco mi rostro al suyo —. Esos malditos papeles los necesito y si no me dices donde están, haré de tu vida un infierno.

Antes de que sea capaz de responder unos golpes en la puerta de repente se hacen escuchar y con ello reconozco la voz de Ami, ¿Qué está haciendo aquí?

— Abre y dile que se marche.

Hana.

Ni loca dejare que Ami se marche y me deje sola con este lunático, lo observo dirigirse a la cocina a lo que camino hasta la puerta encontrándome con una mirada de Alivio en su rostro.

— He intentado contactarme contigo desde ayer ¿Dónde estabas?

— Fui... Trabaje en la noche — sonrío, no puedo decirle que regrese a Rosewood y al siguiente día desperté en la cama con aquel tipo de esa noche.

— ¿Trabajo? Se supone que estabas desempleada.

Rayos.

— Si bueno, encontré uno.

— Si tu lo dices — masculla luego de unos segundos e incómodo silencio.

Inconscientemente mi vista se centra en la cocina donde lo veo en espera de que saque a mi amiga de la casa, de cierta forma tengo curiosidad por saber dónde se conocen. Ignorando la advertencia en su mirada le pido a Ami que se ubique en el sofá.

Entonces ella frunce su ceño cuando encuentra el botiquín y las pinzas ensangrentadas, << Mierda>>

— ¿Qué es esto? — las toma —. ¿Qué sucedió?

Tomo mis manos nerviosas como de costumbre apartando la vista al suelo, a lo que una idea y excusa descabellada llega a mi memoria.



Genesis Mera

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En el texto hay: misterio, traicion, amor

Editado: 31.03.2019

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