El Caporal. Saga Ranchos Nº 3

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Capítulo 6

Carolina rápidamente se vistió y recogió todas sus pertenencias y decidida salió de la habitación. Al salir se encontró con la bandeja que momentos antes Sonia muy amablemente le había llevado, la tomó y bebió la bebida. Con paso lento se dirigió al comedor.

Ella quería sacar a ese insufrible hombre de esa habitación. Suspiro. Nunca ante se había sentido tan confundida por un hombre. Lo más seguro que su inseguridad se debía a su falta de experiencia con los hombres.

Ella conocía a varios hombres en trabajo, pero jamás ninguno la ponía tan nerviosa y la incitaba hacer locuras como el enano que había conocido. Ella pensaba en las mil y una cosas que había hecho fuera de su contexto, con solo verlo u oírlo.

El pobre Cesar compañero de trabajo estaba desde hacía meses detrás de ella que le diera la oportunidad de una cita amorosa. Según él estaba muy enamorado de ella y si ella le daba la oportunidad él la enamoraría.

¿Acaso al corazón uno podría decirle, ama a este y a este no? Pensaba la joven mientras se dirigía al comedor.

Llegó al comedor donde se encontró a Marcos que la esperaba con una sonrisa en el rostro y sus ojos brillaban con una intensidad de curiosidad. El hombre al verla se levantó y extendió el brazo y le señalo un puesto en especial. La gran mesa de comedor estaba hecha de una enorme corteza de árbol y las sillas eran troncos de madera; era realmente espectacular ver aquel diseño.

Ella se asombró ante aquella belleza, no dejaba de admirar los muebles de la enorme casa.

Aun con la bandeja en la mano, la joven se acercó y pasó su mano por el muy pulido mueble y exclamó emocionada.

_¡Dios es bella!_ sus ojos brillaron __¡Ese árbol era enorme!

El hombre miraba los rasgos de la mujer y veía que estaba muy emocionada y eso lo lleno de orgullo. Eran muy pocas las personas que amaban y defendían el campo. Se les olvidaba que para mantenerse en la ciudad, se necesitaba del campo. Sin importar los instrumentos ni mecanismo nuevos que existieran. El campo por sí solo, era muy importante.

_Si señorita__ respondió con una sonrisa en el ajado rostro _Yo mismo ayude a cortarlo.

Al decir aquellas palabras se puso serio al recordar todo lo que estaba pasando su joven patrón por culpa de su padre y de Roberto Ferrero.

El hombre miró en la dirección del corredor por donde se encontraban las habitaciones y le extrañaba que Julián aun no bajara furioso y dando gritos para reclamarle por la invasión de su sagrada habitación.

_Señor Vélez_ comenzó Carolina _ ¿Es posible que usted me cambie de habitación?_ dijo la joven aun no muy convencida de retirarse del frente de batalla.

Marcos al escucharla arqueó una ceja. “Él era un buen cazador sería que su conejo, ¿Se le había escapado de su trampa?

_¿Por qué? ¿No le gustó?_ Preguntó curioso.

En ese mismo momento llego Julián. Recién bañado, vestido con ropa limpia y oliendo a perfume caro y con su clásico sombrero negro de salir.

_Buenas noches_ dijo sonriendo a los dos presentes. Sus ojos admiraron a la mujer que se veía espectacular embutida en el pantalón de corte clásico.

Carolina se sonrojó al instante al sentir los ojos como si fueran una caricia, y suspiro cuando él sin decoro admiraba con demasiado interés sus senos y cadera. Ella por su parte lo devoraba con sus ojos al hombre y comenzó a respirar rápido, necesitaba controlarse. Ponerle un ta tatequito a esa extraña sensación que él le provocaba.

Marcos a los dos los observo y sumo: dos más dos son cinco. Entre ellos había algo. Sonrió perverso.

Carolina bajo la mirada a sus zapatos y se movió suavemente y deposito la bandeja que aun sostenía en sus manos sobre la mesa con cuidado. Sus manos temblaban y el aroma masculino del recién aparecido la embriagaba y los pezones se endurecieron, haciendo que el sujetador le incomodara. Olía de maravillas.

  1. les indico seguir a la mesa.

_Señor Vélez podría por favor hacerme ese favor_ insistió la joven que ahora se sentía muy nerviosa e intimidada por la magnífica figura de Julián que en ese momento se había acercado un poco a ella para ayudarle con la silla.

Y los tres se sentaron. Marcos en la cabecera y Julián a la derecha y Carolina a la izquierda. Ellos dos quedarían frente a frente.

_¿Qué favor?_ dijo Julián mirando a Marcos con suspicacia, mientras cerraba la silla de Carolina como todo un caballero.

El hombre mayor lo miro con arrogancia y lo fulminó con los ojos cuando el joven buscaba su lugar frente a Carolina.

_La señorita no se quiere quedar en la habitación que yo le dispuse_ mientras el hombre hablaba miraba fijo a Julián y esperaba que este le respondiera para desautorizar su orden.

_¡Qué bien!_ exclamó el joven ranchero. Ella saldría de su habitación sin ningún problema. Pensaba Julián _Ella se puede quedar en...

_¡En donde yo ordené! _ dijo Marcos con voz queda. Cuando habló colocó sus manos sobre la mesa. Su actitud era de confrontación. Una señal que el joven conocía muy bien.



Miky

Editado: 29.11.2018

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