El capricho del principe (libro 1)

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Capitulo 44

Unas horas después, Young Mi y Ryuhito se encontraban recostados sobre unas mantas que el muchacho colocó exactamente en el mismo lugar donde se habían dado su primer beso.

Compartieron un par de besos más, pero lo que más hicieron fue hablar, sobre sus vidas y algunas anécdotas chistosas. Sin embargo, a Young Mi le pareció que ella tenía muchas más cosas que contar que él. Así que, un poco harta de aquella conversación casi unilateral, decidió hacer preguntas.

— ¿Cómo aprendiste a cocinar? Lo haces mejor que yo— fue lo primero que se le vino a la cabeza, pensando en el desayuno de esa misma mañana y que no tenía demasiado sentido ¿acaso la casa imperial no tenía cocineros?

— Como te dije antes, mi abuela me enseño. Decía que un hombre inútil no iba a atraer a ninguna mujer de mi edad. Considerando todo lo que pasaron sus hijos para poder casarse, creo que sus miedos estaban justificados.

— ¿Muchas mujeres rechazan convertirse en consortes?

Ryuhito hizo una mueca y un escalofrió le subió por la espina dorsal.

— La gran mayoría. Pero creo que se debe a que las cosas han cambiado, vivimos tiempos distintos. Aunque para la mayoría de los hombres el modelo ideal de mujer siga siendo el ama de casa perfecta, muy pocas están dispuestas a cumplir ese rol.

¡Y menos mal que los tiempos cambiaban!

— ¿Ese es el modelo ideal de mujer en el palacio?

— Más o menos — dijo, rascándose la nunca y frunciendo el ceño —aunque sin la parte de las labores hogareñas. Creo que los mejores términos más adecuados para definir lo que se espera de las mujeres en la casa imperial son sumisión y obediencia.

La voz de Sun Hee resonó en su cabeza «Es solo un romance de verano… no te vas a casar con él »

— ¿A qué clase de sumisión y obediencia te refieres? — inquirió curiosa y algo horrorizada. Ryuhito lo pensó por un largo rato antes de contestar.

— Del tipo que espantaría a cualquier persona con dos dedos de frente. Por ejemplo, las mujeres deben andar dos pasos atrás de los hombres y no hablar más de lo debido. Ver clases de poesía, tejido y cocina. También algo muy importante es que jamás han de hablar más tiempo que su marido, la esposa de mi tío y mi madre, según me contaron, se llevaron una buena bronca por hablar unos segundos más que sus prometidos. Además, debemos agregar el aterrador hecho de que si entran a la casa imperial, tienen que dejar todo atrás, sus carreras, sus vidas y en algunos casos, sus familias.

— Siento como si me estuvieras hablando de algún sitio muy antiguo en una época pasada — murmuró ella incrédula y para su sorpresa, Ryuhito se carcajeó.

— Es así, Young Mi. Por más que intenten aparentar lo contrario, la monarquía ha avanzado muy poco. Se estancaron en el tiempo sin tomar en cuenta que el mundo ahí afuera avanza a pasos agigantados y que ninguna corona lo va a detener — el muchacho sonrió—. Es por eso que pocas mujeres aceptan casarse. Casi nadie quiere saltar al pasado, si tuviera opción, yo tampoco lo haría.

¿Si tuviera opción? Young Mi se sintió intrigada al instante… ¿a Ryuhito no le gustaba ser príncipe?

No tuvo tiempo de preguntarlo, ya que él siguió hablando.

— Mi tío escogió a su esposa en un evento diplomático, donde se enamoró… mejor dicho, se encapricho con ella— carraspeó un poco, quizás pensando en que él había actuado de la misma forma con su persona — .Una mujer independiente, culta y con una carrera brillante por delante que lo mando a volar a la primera oportunidad. Sin embargo, el padre de ella, un hombre nacionalista, le insistió para que aceptara la propuesta de matrimonio del príncipe… por motivos de honor, acepto.

>> Grave error. Fue orillada a abandonar todo para convertirse en lo que la casa imperial esperaba que fuera, la esposa modelo para la nación y madre de más futuros herederos varones. Ella solo pudo tener dos niñas después de mucho esfuerzo. Cayó en depresión y sigue en tratamiento hasta ahora. Ver su ejemplo me hace preguntarme si de verdad vale la pena renunciar a todo para recibir prácticamente nada. Cuando estas vacío, el lujo no sirve. Vivir encerrado en una jaula de oro es peor de lo que se piensa.

Por un momento que ella apenas pudo captar, vio a un hombre distinto por completo. Parecía ausente, mirando a su alrededor como si quisiera guardar aquel momento en su cabeza para siempre, ya que no se volvería a repetir jamás.

— La historia de mi madre no fue muy diferente — empezó a hablar otra vez, luego de unos minutos —. Solo que a diferencia de mi tía, ella si estaba loca y perdidamente enamorada de mi padre. Jamás pudo ejercer su profesión al casarse, ella estudió medicina.

Young Mi tragó en seco y miro al cielo, pensando en lo que acaba de contarle. Dos historias de completo sacrificio a cambio de una vida de comodidades que si lo pensaba con claridad, poco valían la pena. Cosa que contrastaba demasiado con su forma de pensar de hace apenas unos meses, donde creía que el dinero bastaba para ser feliz.



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Editado: 03.05.2019

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