El chico de arriba

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Epílogo

Epílogo

 

2 meses después.

 

Estaba nerviosa. 

No nerviosa. Estaba muy nerviosa.

Hoy era mi presentación en un pequeño concierto en la universidad. Era mi última nota para acabar el semestre. Y no estaba nerviosa sólo por eso, sino que había invitado a mis padres a la función, y a Kem. Iba a cantar sólo yo sobre el escenario, esta vez no estaría con mis amigos de la banda o acompañada de alguien. Sólo sería yo y una amiga que tocaría el piano.

Kem sería quien me llevara a la universidad. Y como era el último concierto, todo sería elegante. Estaba con un vestido largo color rojo, combinado con mi labial rojo y sandalias con tacones del mismo color. La temperatura alta ayudaba aunque no tanto, porque ya sentía que estaba sudando mientras daba los últimos retoques a mi maquillaje. 

Debbie me observaba desde mi cama, recostada en la pared con una sonrisita que no me ayudaba en los nervios.   

—¿Qué? —pregunté al verla por el espejo que no dejaba de sonreír y mirarme. 

—Estás hermosa, ¿qué tanto te miras?

Dejé la brocha en mi tocador y me levanté de la silla para voltear a mirarla.

—Estoy nerviosa —solté mientras jugaba con mis manos. Debbie se levantó de mi cama, su vestido color melón alzándose un poco, caminó hacia mí y puso sus manos en mis hombros.

—No lo estés, porque cantas hermoso y hoy deslumbrarás a todos.

El timbre del departamento sonó. Debbie y yo compartimos miradas antes de correr hacia la puerta. Nuestros tacones resonando en el piso de mármol. Nos paramos frente a la puerta antes que yo extendiera la mano y la abriera. Sabía quién era. 

Kem.

Mi respiración se atascó al verlo frente a mí, con una gran sonrisa en el rostro. Estaba vestido con esmoquin color negro y corbata del mismo color. Cuando sus ojos verdes me recorrieron de arriba abajo, sentí mis mejillas arder. Sabía que sin mirarme, mis mejillas estaban del mismo color que mi vestido, haciendo juego. Por lo menos ya no necesitaría rubor. 

—Hola, tú —dije al ver que se había quedado mudo.

Kem ya no sonreía. Desde que me había echado un vistazo para nada disimulado, su boca estaba ligeramente abierta.

—Wow, estás... preciosa. —Volvió a mirarme de arriba abajo y luego fijó sus ojos en mi rostro—. Estás hermosa, muy hermosa.

Miré sus ojos verdes sintiéndome agradecida.

Una risa rompió la burbuja en la que estábamos. 

—Por Dios, ya paren de comerse con los ojos —dijo Debbie saliendo de atrás de la puerta. Miró a Kem y levantó una mano saludándolo. Debbie aún no lo aprobaba del todo. Era amable con él pero no conversadora como ella usualmente era—. Hola, Kem. Pasa. No te quedes ahí todo imbécil mirando a tu bizcochito.

Kem pasó por alto su insultó y entró al departamento.

No pude resistirme más y lo alcancé. Me incliné hacia él y parecía tener el mismo propósito, porque me rodeó la cintura para pegarme a él y a nuestros labios. 

—Ugh —La voz de Debbie sonó alta y clara—. Los besos para después, aquí no se hacen bebés. 

Me reí por aquello. Kem sonrió a centímetros de mí. 

Debbie sin querer había hecho una rima. 

—Ya tienen que irse —dijo ella mirando su celular. Era cierto que yo tenía que ser la primera en llegar. Tenía que practicar algunas cosas y calentar mi voz antes del pequeño concierto. Yo era la última en cantar y eso sólo hacía la presión de hacerlo bien más fuerte. 

Y es que el cierre siempre era lo más memorable. Éramos varios los estudiantes que hoy se presentarían para cantar. Pero aun así todos teníamos que llegar temprano. Y yo estaba tarde. 

Cogí mi pequeño bolso de color rojo de la encimera de la isla y volví con Kem. Tomé su brazo antes de despedirme de Debbie con un beso en la mejilla. Ella iría después, cuando el concierto comenzara, al igual que mis padres y nuestros amigos.

Kem y yo bajamos al estacionamiento y nos dirigimos a su camioneta. Abrió la puerta para mí y me ayudó a subir. Le sonreí antes que cerrara mi puerta y subiera al auto. 

—Estás muy hermosa, amor —dijo con una sonrisa boba en el rostro. Al parecer estaba así de embobado. Me acerqué y deposité un beso en su mejilla. Cundo me alejé, Kem hacía puchero—. ¿No en la boca?

Me reí.

—Arruinaré mi labial —dije señalando mi boca. Kem se miró en el espejo retrovisor. Una huella de mis labios color rojo estaba sobre él. Me encogí de hombros cuando me lanzó una mirada—. Fue el labial. Te lo dije, no quieres eso en tus labios.

—No me importaría, bizcochito. 

Arrancó el auto sin siquiera limpiarse la mancha en su mejilla.



MarieJenn

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En el texto hay: vecinos, amoradolescente, trianguloamoroso

Editado: 13.02.2019

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