El chico del Lago

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Capitulo 3

A la semana siguiente Mirko se sentó en la sala y trató de encontrar alguna señal de la última esfera. Hacer eso era cosa fácil, solo cerraba los ojos y tenía que concentrarse en las corrientes de agua, las gotas, la humedad; pero a veces le era difícil encontrar el lugar exacto.

Luego de un rato, Mirko tenía un posible lugar y partimos hacia allí. Era una colina no tan lejana del pueblo. Un lugar lleno de vegetación y lindas flores.

Era un hermoso día, con un sol radiante y brisa fresca. Buscamos la esfera hasta que vi que el sol ya se iba a ocultar.

-Mirko-lo llame-no creo que se encuentre en este lugar.

-Así parece-dijo apenado-disculpa por hacerte perder un hermoso día.

-¿Sabes? Podríamos mirar el atardecer juntos. De aquí se ve muy bien, solía venir a verlo.

-Esta bien...-accedió sumido en sus pensamientos.

Nos sentamos en el césped y esperamos mirando el horizonte. Por un largo rato ninguno de los dos hablo, solo escuchábamos el tranquilo viento y los pájaros cantando.

-Esto si que es relajante-lo mire y asentí mientras la paz me inundaba.

El sol ya se empezaba a esconder y la vista era preciosa. Mire con atención lo deslumbrante que era ver aquello y pude ver de reojo que Mirko me observaba, estuvo así hasta que el sol se ocultó por completo.

-¿Te gusto el atardecer?-le pregunte volteando a verlo.

-Si...-dijo casi en un suspiro sin apartar la vista de mis ojos.

-Es muy lindo que el sol se torne de color verde.

-Así es...-respondió igual que antes.

-¡Ajá!-lo señale-no viste el atardecer, es imposible que sea verde.

Mirko se sonrojo y giro la cabeza. Estaba actuando muy raro.

-Syra...-me llamo volteando de a poco la cabeza-Tengo algo que confesarte-nuestros ojos se conectaron-Yo... ya encontré la ultima esfera...

-¿Qué? ¿Cuándo?

-Hace unas horas.

-¿Por qué no me dijiste?-dije confundida.

-Es que... No quiero irme. Mi misión es encontrar las esferas y activarlas. Luego de eso me iré... Y no quiero dejarte-su voz se torno triste.

No sabia que decirle. Estaba intrigada por saber que hacían las esferas, pero el hecho de que luego se tenga que ir me ponía triste. Mis días no iban a ser los mismos sin él, sin las aventuras juntos, sin su sonrisa. 

-Pero... te podrías quedar-dije animándolo.

-Me encantaría quedarme contigo-sus ojos tenían brillo, como agua-pero me necesitan en casa.

-Te podría ir a visitar algún día ¿Qué te parece?

-Syra... no te quiero dejar-se acercó a mi y me abrazo-me llamaste mucho la atención y me va a ser imposible olvidarme de ti-levanto su rostro de mi hombro y se acerco a mi cara, nuestras narices estaban a punto de tocarse-Te necesito conmigo-susurro frente mio.

-Sos la persona más maravillosa que conocí en mi vida, no puedo dejar que te vayas así de pronto-dije mirándolo fijamente con un nudo en la garganta-si te vas... me voy contigo. Me prometí jamas dejarte. 

Se acerco lentamente hacia mis labios y dio inicio a un beso. Al principio me sorprendí pero luego no me pude resistir y le correspondí hasta que se separo un poco.

-Disculpa...-apartó la mirada-deberíamos volver.

-Mirko...-hice que me mirara a los ojos-no tienes porque disculparte-le sonreí y él hizo una mueca que no llegaba ni a sonrisa.

-Volvamos...-me insistió tristemente.

Suspire y me levanté del césped. No entendía que era lo que le molestaba.
La vuelta a casa fue silenciosa.

Me fui a mi habitación y no pude conciliar el sueño pensado en lo que paso.

De verdad lo quería y no me gustaba la idea de que desaparezca de mi vida, me gustaba su compañía.

 La puerta de mi cuarto se abrió y la cabeza de Mirko se asomó.

-¿Estas despierta?-me preguntó.

-Si...

-¿Puedo pasar?-me sorpredí ante aquella pregunta y, luego de pensarlo, le dije que si. Nunca se había aparecido en medio de la noche.

Mirko pasó y cerro la puerta, tomo una silla que se encontraba cerca y dudó si sentarse; al final se sentó.

-Syra... tengo algo que contarte...-dijo mientras jugaba con sus manos- Una historia... Necesito que sepas esta historia y saques tus propias conclusiones. No puedo ocultarte la verdad.

-Dime...-dije seria sentándome en mi cama, parecía que quería contarme algo importante.

-Era una vez un hombre que poseía los poderes de los cuatro elementos de la tierra. Él tenía cuatro hijos, cada uno con distintas habilidades sobre la naturaleza.

El mayor, Ragiref. Con el poder de controlar el fuego.

El segundo, Laron. Con el poder de controlar el aire.

El tercero, Sehar. Con el poder de controlar la tierra.

Y el ultimo, Mirko. Con el poder de controlar el agua.

El padre tenía en su poder cinco esferas muy poderosas, para aquel que sepa usarlas.

La época en la que vivían era dura. La mayor parte de la humanidad había muerto por la caída de millones de meteoritos, provocando catástrofes naturales.



Sofia Sanchez

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Editado: 18.03.2018

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