El circo de los horrores de Lucifer

Tamaño de fuente: - +

✟ Capitulo 3✟

La tarde del primero de febrero no se hablaba de otra cosa, que de la muerte de él niño monstruo. Muchos atestiguaban que sus padres adoptivos lo dejaron morir de hambre, pero otros se atrevían a asegurar que fue asesinado a sangre fría. Una de sus vecinas afirmó haber escuchado gritos provenientes de la casa de los Caraballo que se asemejaban a los de un niño clamando piedad. También dijo que no se atrevió a ir por miedo. Se habían formado un sin número de versiones sobre la muerte de Jonás, todas distintas y cada una peor que la anterior. Sin embargo había algo que las unía a todas, la hipocresía, la falsa pena y preocupación que expresaban todos los de aquel pueblo maldito al hablar de él niño que rechazaron desde su nacimiento, hasta su muerte.

La mañana del primero de Febrero Felicia Caraballo sintió un terrible mal olor que provenía de la habitación de Jonás, en un principio intento ignorarlo, pero poco a poco el mal olor se esparció por toda la casa. Subió los escalones furiosa, dispuesta a pegarle a Jonás. Cuando abrió la puerta Jonás se encontraba en posición fetal en una esquina de la habitación. Comenzó a gritarle toda clase de groserías para que se levantara, pero el niño seguía inmóvil. Decidió acercarse lentamente y con miedo. Se agacho junto a él y con mucho cuidado lo toco, estaba tieso como un palo y frio como la muerte, que había venido a buscarlo hacía ya un día. La señora Caraballo se asustó tanto que pego un grito y se cayó hacia atrás. La pobre mujer ya no pudo ponerse de pie, su gordura se lo impedía. Se quedó ahí tirada en el suelo llorando de rabia, porque tendría que quedarse al lado de ese cadáver soportando su olor inmundo.

— Maldito monstruo de mierda, te odio, te odio. Hasta muerto me arruinas la vida.

El señor Gustavo que había ido a comprar pan al pueblo regreso casi de inmediato y subió corriendo asustado las escaleras al escuchar los gritos de su esposa. Al verla tirada la ayudo a levantarse de inmediato, ni siquiera la dejo hablar e inmediatamente comenzó a darle patadas a Jonás, pensando que este había intentado hacerle daño a su esposa. Como era de esperarse Jonás no reacciono, pero el señor Gustavo no se percató de esto hasta que su esposa le dijo que estaba muerto.

— Ah — con cara de desagrado fue lo único que dijo Gustavo. Sin decir nada se fue al pueblo en busca de un ataúd para el niño. No hablo con nadie más que el dueño de la funeraria y esto fue suficiente para que todo el pueblo se enterara de la muerte de Jonás, además de que todo el mundo lo vio caminar en dirección a su casa con el ataúd en el hombro. Me gustaría decir, que en el fondo el matrimonio Caraballo sintió compasión por Jonás o que se entristecieron aunque sea un poco por su muerte, pero estaría mintiendo. Felicia y Gustavo Caraballo solo sintieron alivio al sentirse liberados de una carga tan pesada. Cuando Gustavo regreso intento poner Jonás en una posición recta, pero no pudo lograrlo. Al parecer tenía los músculos contraídos. Le quito toda la ropa como pudo y le pidió a su esposa que lo aseara, esta se negó rotundamente, así que Jonás y su gemela Alma permanecieron desnudos tirados en el suelo con sus rostros serenos, hasta el atardecer cuando su cuerpo salió del rigor mortis. Fue ahí cuando el señor Gustavo volvió a ponerle la bata sucia que tenía y lo entro en el ataúd y Junto a un grupo de personas que esperaban fuera de la casa se dirigieron con fingida tristeza al campo santo. Entre la muchedumbre se encontraba Alfredo uno de los causantes de la muerte de Jonás. No se atrevió a levantar la cabeza durante todo el trayecto, quería ocultar su sonrisa burlona. Luego de caminar por 15 minutos llegaron al cementerio y sin decir ninguna oración tiraron el ataúd en el hoyo. Como era costumbre en aquellos tiempos amarraron un hilo en la mano de Jonás, que subía hacia el exterior y que estaba amarrado a una campana. Así, si Jonás no estaba muerto tocaría la campana y seria desenterrado. Hicieron esto para guardar las apariencias, estaba claro que si esa campana sonaba nadie iría a socorrer al pobre niño que había sido enterrado vivo. Muy pronto todos abandonaron el cementerio entre risas, dejando a tras un pesar que nunca sintieron.



Alef03

#3556 en Thriller
#2033 en Misterio
#1568 en Suspenso

En el texto hay: monstruos, circo, dolor

Editado: 15.05.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar