El Color Perfecto

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 10. Parque de diversiones


"Quiero perder la conciencia y no tener que darme cuenta de lo que pasa a mi alrededor. Quiero hacer lo que nunca he hecho. No, no puedo. Tengo cosas que hacer y deberes que cumplir. Mis hijos me necesitan, solo ellos me inspiran y me motivan, todo en mi vida gira en torno a ellos. No tendría nada si ellos no están conmigo, creo que yo los necesito más a ellos que ellos a mi".

 

Los pensamientos de Paulina eran confusos, hace una semana todo era perfecto, ahora se siente como si se estuviera traicionando a si misma. Carlos Alberto parece un buen hombre y aunque ella no tiene claro lo que siente por él, sabe que no le es indiferente. Él la hace vibrar, hace que vea las cosas en tonos distintos, ya no se siente como un tibio gris, se siente vibrando en un color diferente. No puede definirse a si misma pero se se siente diferente.

 

Carlos Alberto le propone conocerse, ver que puede pasar. Al despedirse está noche  solo le dió un beso tierno en la frente y le prometió llamarla para verse de nuevo.

 

- Te llamaré, ¿está bien? Nos veremos el próximo fin de semana.

 

Esas palabras no salen de su cabeza. Se cambia de ropa, retira el maquillaje y se queda pensando mucho tiempo en su cama. 

 

- ¿Qué puede querer un hombre como el de una mujer como yo?  Él es tan atractivo y parece tener su vida resuelta, yo en cambio... No se. No me quiero ilusionar. Ese restaurante es costoso, yo nunca podría pagarlo, seguro debe ganar bien o solo quiso impresionarme. Ahora debo dormir. Quiero trotar mañana.

 

La mañana llegó, la frescura típica de esta época del año hizo que optara por una camiseta mangas largas y una sudadera. Esta vez no pudo trotar, corrió y corrió, es como si corriendo de esa forma evitara pensar. Esta vez solo se detuvo frente al aeropuerto para ver las garzas blancas que se alimentaban de pequeños peces a la orilla del mar.

 

- Parece que hay buena pesca, - recordó que eso dicen los pescadores de la zona - hermosas, me encanta el blanco perfecto de sus plumas.  Se devolvió caminando en un ritmo que parecía marcha y tratando de mirar solo el mar. Quería que sus pensamientos se perdieran con cada ola.

 

- ¡Paulina!

 

Al escuchar su nombre y esa voz quedó petrificada. Era imposible que Carlos Alberto estuviera allí, el no podía... Se da la vuelta y lo descubre sonriendo. Lleva ropa deportiva en negro y gris, se ve mejor que la noche anterior. Ella no es capaz de articular palabra alguna, sus labios están rígidos y la sorpresa la deja sin aliento. 

 

- Buenos días preciosa. Creo que no me equivoqué.

 

- Buenos días. No me digas que eres un acosador. ¿Cómo sabías donde encontrarme? Solo dímelo y salgo corriendo.

 

- Ya vi cuan veloz eres. Y también vi que estabas muy concentrada en el paisaje.

 

- Ya tengo miedo. ¿Hace cuánto estás aquí? 

 

- Solo el suficiente. Quería acompañarte, también me gusta hacer ejercicio.

 

- ¿Cómo llegaste, no veo tu carro? - Paulina miraba a su alrededor tratando de ubicar el Mazda 3 negro de la noche anterior pero no lo encontró.

 

- Traje algo más ligero, - señala una hermosa moto negra con líneas onduladas amarillas que se encontraba a varios metros del sitio - a esta hora me gusta sentir la brisa.

 

- OK. Quiero terminar, ¿me acompañas? - le señala la playa y le tiende la mano con una sonrisa - ven aún me quedan tres kilómetros más.

 

Él se le acerca, le toma la mano y la retiene solo para tocarle la nariz, sale corriendo y ella intenta alcanzarlo pero él la esquiva y da vueltas al rededor del sitio. Unos metros más tarde ella huye de él y él la alcanza y la carga llevándola hasta el mar. Ella grita y en el agua caen los dos eufóricos. Mojados cansados se van al apartamento de Paulina. Al llegar ella le pide que se quite los zapatos si quiere entrar. Él muy obediente lo hace de inmediato. Pasa hasta la sala. Observa todo y se detiene en las fotos que están sobre la mesa pequeña de la esquina. 

 

- ¿Son tus hijos? Están grandes. En esta se ven felices. - se refiere a una foto en la que aparecen los tres con las cabezas Unidas, acostados en algún jardín.

 

- Así es. Fue un buen día. ¿Quieres bañarte? - Dijo bromeando con una sonrisa en los labios.

 

- Solo si es contigo. - Dijo sonriendo, él sabía la respuesta, solo quería escucharlo de ella. 

 

La expresión en el rostro de Paulina no se hizo esperar, sus mejillas se ruborizaron aún más, su mirada cambió y su sonrisa se desvaneció. Si él hubiera imaginado eso, no lo habría dicho. 

 

- No, está es mi casa, donde vivo con mis hijos. No, no puedo.

 

- Lo siento, fue imprudente de mi parte. Soy muy malo haciendo bromas.

 

- Está bien, pero que no se repita.

 

- ¿La propuesta o las bromas?



escano1717

Editado: 13.12.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar