El Color Perfecto

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Capítulo 34. No lo sientas

 

 

"Estoy bien, estoy en mi casa, gracias por la rumba"


El mensaje en WhatsApp, tranquiliza a Jess y Sussi, que marcaron mil veces a su número celular.  Solas ahora, se dedican a disfrutar de la compañía.

 

La mañana calurosa de junio hace que Paulina se levante con más sed la acostumbrada. "¿Qué hora es? Me duele la cabeza se me va a reventar como globo de fiesta" sus pensamientos son casi incoherentes, no tiene ni idea de como llegó la noche anterior y mucho menos como hizo para colocarse esa pijama.

 

No puede pensar y ni si quiera lo intenta, su cabeza aún da vueltas.

 

"Que noche tan loca"

 

Es imposible pensar cuando no hay conexiones neuronales certeras, las sinapsis no se efectúan y es imposible dar sentido a algo que no se sabe como sucedió.

 

Muchos vasos de agua no son suficientes para calmar su sed, busca una pastilla para tratar de calmar esa punzada generalizada en su cabeza y la toma, se decide por una segunda sabiendo que una no será efectiva. Una larga ducha ayuda pero no lo suficiente, se tira de nuevo en la cama y duerme, duerme más de lo que ella había conseguido en mucho tiempo.

 

- Tranquila mi bella dama, estoy aquí, nada te va a pasar... Vamos eso es, ya estás a salvo... Duerme amor, duerme, estoy aquí, estoy aquí para ti...

 

Cada palabra en su sueño se escucha tan real, tan vívido que se despierta agitada.

 

- ¡Carlos Alberto!

 

"No puede ser. Él estuvo aquí conmigo. No, no puede ser, fue solo un sueño"

 

Revisa su celular y encuentra veintisiete llamadas perdidas, la mayoría son de Sussi y otras de Jess, también hay dos de Cecilia.

 

- ¡Mis hijos! Me olvidé llamarlos anoche, son casi las cuatro de la tarde.

 

Con la mano en la cabeza y caminando al rededor de la cama habla con sus pequeños, no se mide en el tiempo y su llamada termina porque se acaba su saldo.

 

Queda con un sabor agridulce, pudo hablar con ellos un rato, pero no se pudo despedir. Revisa su WhatsApp y mira varios mensajes y solo ve la mayoría, responde a unos pocos y va el perfil de Sussi. No recuerda haber enviado aquel mensaje.

 

No recuerda haber llegado a casa pero allí está, seguro es de esas personas que no recuerdan nada de cuando están tomadas, es la primera vez que lo hace, así que decide que no lo hará de nuevo, es muy feo no recordarlas cosas que hiciste.

 

- Por Dios, quién sabe que cosas habré hecho anoche en ese lugar. - suspira mirando sus manos y después una mueca  de duda - Ojalá no haya hecho ningún espectáculo o peor... algo de que arrepentirme.

 

Su cuerpo no muestra evidencia de nada extraño, cosa que la alivia, pero le incomoda no acordarse de como llegó.

 

Su celular comienza a vibrar en sus manos y se da cuenta que estaba en silencio. Jessica la está llamando y sonríe al recordar el hombre con el que estaba su amiga, no es el tipo de hombre con el que ella estaría, pero son los gustos de su amiga.

 

- Hello. - Dice bastante entusiasta - ¿Cómo estás?

 

- Bien, ¿cómo llegaste anoche?

 

- No se, no lo recuerdo, pensé que ustedes me habían traído...

 

- ¿En serio? No te encontramos y nos preocupamos mucho.

 

- Si, ya vi sus llamadas, pero tampoco recuerdo haberles enviado el mensaje... - frunce el ceño y se acuesta en la cama boca arriba - creo que no debo tomar tanto trago.

 

La risa de su amiga le cambia el ánimo, gracias a Dios que está en casa y esta bien, parece  que aún ebria sabe comportarse.

 

Una nueva llamada, desde un número no registrado hace sonar su equipo celular, responde al segundo intento, parece que no esperaba escuchar esa voz.

 

- Mi bella dama... Necesito hablar contigo...

 

Su voz, esa voz que tanto la hacía sentir, que la hacía vibrar hasta en lo más profundo, ahora solo le causa tristeza, solo le hace sentir un gran vacío. Su mente se nubla, no sabe por qué la está llamando, no quiere hablarle, le duele, quiere olvidarlo, lo odia, no puede olvidar su mirada, su duda, sus palabras...

 

- Tu.... - su voz se quiebra, no puede articular algo coherente, sus ojos escuecen y su corazón parece detenerse.

 

- Paulina, quiero hablar contigo, te necesito, yo...

 

No quiere escuchar más.

 

Presiona el punto rojo en su pantalla y pone fin a la tortura que significa escuchar sus palabras.

 

Aún en la cama, llora colocando la almohada sobre su cara para ahogar el sonido de su propio llanto. El sonido de su celular es persistente, tres llamadas más y el silencio reina, solo sus sollozos pueden escucharse en el interior de su habitación.

 

Sus pensamientos vagan a la noche que lo conoció, como se había fijado en sus ojos al salir del bañó masculino, como se había sentido bailando con él y todo lo vivieron en esas tres semanas que compartieron con tanto entusiasmo, amor, pasión, deseo, locura, ilusión, tantas cosas en tan poco tiempo y luego ese maldito accidente. Aunque eso le permitió ver quién era él, solo lo pudo hacer unas semanas atrás cuando murió su hijo en su interior.



escano1717

Editado: 13.12.2018

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