El comprador

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Capítulo XXIII

Quice empacar algunas cosas, pero no pude. Nada de lo que había aquí me pertenecía, sali a mi habitación directamente hacia la otra que compartía con él, pensé encontrarlo allí pero eso no ocurrió, seguramente estaba abajo verificando que el peligro ya había pasado. Busque en una de las gavetas un jean, tenis, y una camisa cómoda, eso era único que me llevaría que le pertenecían a él. Me quité el vestido de novia que llevaba puesto me cambié de inmediato, busque en otra gaveta mi libro que me madre había comprado, dentro de este habia guardado la medalla de plata del concurso de pasteles, el dinero en efectivo que había ganado, y la fotografía donde salimos dos. Cuando la mire no pude evitar llorar: ambos nos habiamos lastimados y ahora no habia otra opción que alejarme de él Para que ambos buscáramos nuestros propios destinos.

Sali poco después de la habitación, cuando baje los invitados ya se habían ido.

—¿Esta lista señorita?—me preguntó Felipe.

Mire a mi alrededor en busca de Alexander, pero no lo encontré. Quizás era mejor así, no despedirnos.

—Lo estoy—respondi con un dolor en mi pecho.

—El patrón me dijo que le entregará esto—me dijo dándome un sobre.

Cuando lo tomé y lo abrí me di cuenta que era dinero. Yo no necesitaba eso, solo quería verlo de nuevo, mire hacia el pasillo del despacho y con el corazón decidido deje el sobre sobre la mesa de noche y corri en su búsqueda. Estaba dispuesta a quedarme con él, dispuesta a suplicarle que intentaremos estar juntos de nuevo, abrí la puerta de golpe, pero quede paralizada con lo que vi: él estaba besándose con una mujer semidesnuda sobre su escritorio.

Mi corazón no lo pudo soportar, ni quisiera pude pronunciar palabra alguna y él simplemente no dijo nada, solo me miró con desprecio.

—Lo siento no quise interrumpir—fue lo único que pude decir antes de cerrar la puerta, me aleje por el pasillo, destrozada, pero con la esperanza que él saliera y me detuviera; sin embargo eso nunca paso.

Sali de la hacienda aprentando mi libro con fuerza con mis recuerdos adentro. Lloré en silencio observando como el sol se comenzaba a ocultar. Felipe me dejó en el pueblo más cercano donde me hospede en un hotel. No sabía donde ir exactamente ni que haria con mi vida de ahora en adelante, lo único que pude hacer era acostarme y abrazar una almohada para ahogar mi dolor.

Verlo con otra mujer me había dolido más de la cuenta, me di cuenta en ese instante que lo amaba intensamente.

En esa misma noche, me levante y mire las estrellas. Tome de nuevo mi libro y lo inspeccione de nuevo, ese dia en Santa Bárbara habia sido el mejor de mi vida, en ese instante como una señal divina, sabía  donde queria dirigirme para comenzar una nueva vida.

Tres años despues....

Me encontraba horneando uno de mis pasteles. Desde que me fui de la hacienda, me dirigi a Santa Bárbara donde me hospede en un hotel. Al dia siguiente pase frente a una reposteria, donde  buscaban a una repostera,  sin dudarlo ingresó hacer una prueba para conseguir el trabajo y lo logró.

Sandra y jorge Martinez dueños del pequeño  local quedaron encantados de mi don para hacer deliciosos postres. Ellos eran un viejo matrimonio que necesitaba la ayuda de una nueva repostera, ya que la señora Martinez tenia problemas con sus articulaciones, fue asi  con el tiempo tenía un trabajo y una nueva vida. Los meses habían pasado y mi relacion con los señores Martinez fue creciendo rápidamente,  los quería como si fueran mis padres.

En todos estos años habia escuchado ciertos rumores que Alexander habia vendido todos sus casinos, clubes entre otras propiedades a diversas personas entre ellas Joshua Saldivar, al parecer Foster, solo se habia quedado con su hacienda, ampliado asi su negocio de la venta de ganado y  lacteos que al parecer poco a poco iba creciendo en cuanto a calidad y popularidad. Me  alegró saber que él hubiera tomado la decisión de cambiar. Pero a pesar del todo el tiempo que habia transcurido todavia lo seguia amando, en un par de ocasiones estuve a punto de marcar el número de la hacienda, pero nunca me atrevi a hacerlo, pensaba que tal vez él ya se habia olvidado de mí.

Deje mis pensamientos a un lado. Saque los pasteles del horno para que se  enfriaran, lleve otros que ya estaba listos al mostrador donde posaban varios de mis postres, lo cuales sirvieron para que el negocio creciera. Cuando termine de colocarlos me dirigi hacia la caja registradora donde la señora Sandra se encontraba.

—Hoy ha sido un dia agitado—me mencionó—. Gracias a ti y a tus recetas hemos vendido muchos pasteles todo este tiempo—me agradeció.

—No tiene nada que agradecerme, conocerlo a ustedes ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida, gracias por  haberme dado la oportunidad de trabajar aqui con ustedes  y por ayudarme a cuidar a Elena, han sido como unos abuelos para ella-—le dije abrazandola fuertemente.

Ella me abrazó tambien, cuando me  entere que estaba embarazada, ellos no dudaron en ayudarme: han sido un   apoyo para mi.

—Ya sabes que las queremos a las dos muchisimo, han venido ha iluminar nuestras vidas. Sabes que cuentas con nosotros siempre—respondió con dulzura—.  Ya no tarda Jorge en regresar del parque con Elena—mencionó.

—Tiene razon, ire a traer los otros postres a la cocina ahora regreso—le dije mirándo el reloj en la pared antes de volver a la cocina.

Cuando estuve adentro escuché la campañilla, seguramente era otro cliente.

Poco después  regrese  con otra bandeja de la otra bandeja de postres,  quede paralizada ya que Frente a mi estaba Alexander Foster.

—Hola, podemos hablar un momento por favor—me pidió seriamente.

No pude pronunciar palabra alguna, me habia quedado muda. La señora  Sandra al verme se acercó a mi y tomó la bandeja de mis manos.



Evelyn Romero

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En el texto hay: romance, mafias, accion y drama

Editado: 01.07.2019

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