El corazón de la oscuridad

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 3 - P1

Habían pasado años desde que Zyris había levantado una espada.

Los recuerdos de la última vez que tuvo una en sus manos eran demasiado pesados para hacerles frente, pero la situación había cambiado desde entonces y ahora era un rey que estaba siendo obligado a probar lo que dijo durante su ceremonia de asunción.

Su caballo se movía inquieto mientras observaba a kilómetros el fuego que los Naikel habían provocado en el corazón de Seapewl. Zyris recordó su visita y los rostros de los pobladores que lo recibieron con afecto, e incluso él –que odiaba a su pueblo– sintió que luchar por lo que les habían hecho valía la pena. Macon se acercó y Zyris esperó su instrucción, en el breve momento antes de salir, estuvo de acuerdo en pelear junto a él, pero delegó la responsabilidad de dirigir a las tropas a Macon, ya que él conocía mejor la zona, significando una oportunidad de vencer al invasor. Apenas estuvieron en el borde de los límites centrales de Seapewl, Macon se reunió con sus hombres, Zyris no contó más de cien, estaban demacrados, y por sus movimientos, agotados. Mientras los observaba, Zyris supo que sería una batalla difícil, tan pocos hombres y en esas condiciones… lo único que podrían hacer sería resistir los ataques, intentar una ofensiva terminaría con toda la fuerza de Seapewl.

—A estas alturas, los Naikel deben saber que vamos en camino, así que no tenemos el factor sorpresa. Somos pocos y no tenemos el mismo armamento que ellos, así que pelearemos con espada y con corazón —dijo Macon y Zyris asintió. El jefe local miró al rey, aún estaba sorprendido de que decidiera acompañarlo, en sus años como autoridad de Seapewl, ningún rey se había atrevido a pelear por su provincia, pero Zyris no. Quizás había esperanza.

Macon se giró a sus hombres. –No será fácil pero lo intentaremos. Mataremos en ese campo o moriremos luchando, ¡pero nadie se rinde!

Los hombres gritaron en apoyo al jefe y éste se volvió hacia Zyris, una sola mirada y pronto estuvieron cabalgando con frenesí hacia la batalla.

 

 

Aghda se lavó una última vez y se vistió en silencio. Salió de la habitación y contó hasta tres para recobrar la compostura. Sus dudas sobre Macon habían sido ciertas y tenía que decírselo a Zyris lo antes posible. Mientras caminaba hacia la alcoba del rey, escuchó unos gritos y veía como la gente corría de un lado a otro como si se prepararan para quedar encerrados, fue entonces cuando Aghda recordó lo que Zyris dijo sobre Seapewl, Macon temía por un asedio por parte de los Naikel, los hombres no eran suficientes y las provisiones se acababan más rápido de lo que lograban reponerlas.

—Demonios, no —masculló Aghda y corrió al cuarto de Zyris. En la puerta se cercioró que nadie pudiera verla y se deslizó al anterior, pero él no estaba allí. Ella se hacía una idea del paradero de Zyris, pero esperaba que él no hubiese sido tan estúpido para ir a la batalla. El rey no había luchado desde que regresó a su comunidad luego del cautiverio en manos de los Naikel, Aghda aún recordaba las noches que pasó curando las heridas de su cuerpo o el relato de su tortura en medio de delirios, Aghda tuvo toda una vida difícil, y Zyris aprendió del dolor que igualaba el suyo en sólo unos años. Desde entonces, Zyris nunca más volvió a luchar, ir en medio de un ataque… podría ser fatal, incluso podría ser una trampa de Macon. Por favor que no se haya marchado, rogó en su mente y se dirigió al salón.

En la sala se encontraba Matheo, guardia de Zyris, junto a uno de los hombres de Macon revisando que cada uno cumpliera su tarea. Aghda se acercó y Matheo la reconoció de inmediato.

—¿Dónde está el rey? —preguntó directamente ella.

—Luchando —dijo él— Junto a Lord Asslym salieron a la batalla para detener el avance de los Naikel, y quienes nos quedamos aquí somos la última línea de defensa.

Aghda no sabía cuál era la expresión de su rostro pero Matheo estaba un poco confundido por su reacción, pero antes de que pudiera preguntar, uno de los criados llegó corriendo hasta ellos.

—¿Usted es la sanadora?

—Sí, lo soy.

—La necesitamos. Son más heridos de los que podemos tratar y muchos de ellos realmente están mal.

Aghda puso su mejor cara de preocupación y tocó el brazo del joven suavemente. —Vamos, no hay tiempo que perder.

 

 

El choque de las espadas se escuchaban por toda el poblado de Seapewl, apenas quedaban unos pocos en pie, pues los Naikel los estaban esperando, los soldados del pueblo de las bestias atacaban tan rápido que no los veían hasta que era tarde, cuando la espada atravesaban sus corazones y el resto de los hombres eran obligados a escuchar sus risas mientras mutilaban los cuerpos sin vida de la brigada de Macon.



Lina Hookings

#1219 en Ciencia ficción
#710 en Paranormal
#226 en Mística

En el texto hay: traiciones, realeza, lucha de clanes

Editado: 16.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar