El corazón de la oscuridad

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 1 - P2

 

—¿Sabes dónde harán la reunión? —preguntó Zyris.

—No exactamente, sé que será en Bachlorm, pero en un par de horas puedo precisar la información.

—No —dijo él y comenzó a pasear en la habitación. Aparecer en el lugar de la reunión sería una señal evidente de que tenías espías, y aún no decidía que clase de rey quería aparentar ser. Un rey al que temer o uno blando que permitiera que todos trataran de sacar ventaja. Aghda tenía razón, debía pensar rápido. De pronto, una idea surgió en su cabeza, una que daría un doble mensaje y quedaría al arbitrio de los jefes locales definir quién y cómo era su nuevo rey.

—Puedes retirarte, Aghda. Gracias —dijo Zyris y salió de la habitación. No tenía mucho tiempo si quería que las cartas llegaran ese mismo día.

Aghda miró a Zyris mientras la dejaba allí y luego volteó la vista hacia el valle que se extendía más allá de los límites del castillo. A veces quería olvidar los hechos de su pasado, tener las oportunidades que se le negaron cuando niña, pero Antoqach la hizo a base del dolor y el fuego. Ellos debían pagar y nada se iba a interponer en su camino.

                                          

 

 

Las cartas habían sido enviadas.

Bachlorn era el centro de Antoqach y la mayoría de las comunidades se habían levantado alrededor de ella, eso les daba la ventaja a los jinetes que Zyris había enviado con las invitaciones para reunirse en una comida que oficiaría al día siguiente. Sabía que la coincidencia llamaría la atención, pero era mejor la especulación que la prueba que aportaría si él hubiera aparecido en el lugar de la reunión.

Miró el mapa de Antoqach que se encontraba en la sala del trono, cuando era niño vivió en el poblado de Perslaz, donde se encontraban las minas que financiaba el desarrollo de Antoqach, la comunidad como tal era pequeña, en su mayoría terratenientes que se quedaban con el 30% de las ganancias por prestar a sus esclavos para la explotación. Lex de Olspeaw era el Señor de la zona y un bastardo que sólo le importaba el buen nombre y la fortuna, Zyris no recordaba mucho de él porque su cuidadora se lo llevó cuando tenía siete años al poblado del sur, Kalidaxz, la comunidad de los guerreros, donde se entrenaban a los soldados que defendían a Antoqach frente a los Naikel, allí Zyris vivió el resto del tiempo hasta que Anton murió en la batalla y tuvo que mudarse al castillo. Recordaba a Pierro de Maxterplo, el patán que aprovechaba cada oportunidad para humillarlo por ser el hijo del rey, pero la vida había dado una vuelta, y ahora sería el turno de Zyris de denigrarlo. Mandiselpyt era donde los frutos crecían para alimentar al pueblo de Antoqach, Zyris no conocía al nuevo jefe, porque Alexo, el Señor de esa comunidad había muerto hace unas semanas y su hijo había asumido su lugar. Y luego estaba Seapewl, la zona más conflictiva que colindaba con Tesslaqw, un asentamiento de los Naikel y que vivía en un estado de sitio por las constantes luchas, Macon de Asslym era el jefe de esa comunidad y él era uno de los puntos clave en el plan de Zyris.

A la espera de una respuesta, Zyris pasó el resto del día recibiendo el pago del tributo de los pobladores y entregando bendiciones, sólo se detenía cuando uno de sus enviados regresaba y para entrada la noche, todos los Jefes confirmaron su asistencia a la reunión en el castillo. Zyris dio las órdenes para que se encargaran de los preparativos y Aghda se encargaba de supervisar desde la distancia que todo estuviera listo, ella no estaba de acuerdo con lo que Zyris pretendía hacer esa noche, pero este era –principalmente- el juego de Zyris.

A la tarde siguiente, envuelto en los pantalones de cuero, el abrigo de pieles de su familia, y luciendo la corona, Zyris recibió a sus jefes locales. El primero en llegar fue Pierro y Zyris disfrutó dándole la bienvenida, podía sentir el odio y lo ofendido que se sentía Pierro por tener que inclinarse ante lo que él llamaba la escoria real. Todos los jefes que fueron llegando presentaron sus respetos a su nuevo líder y entregaban obsequios para ganar el beneplácito de Zyris. El último en llegar fue Macon, sin regalos y con un vago saludo, entró directo al comedor guiado por los sirvientes.

Todos estaban esperando en sus asientos y un sirviente se acercó a Zyris. —Todo listo, señor.

Zyris asintió y se dirigió al comedor, cuando cruzó las dobles puertas, los jefes se levantaron e inclinaron su cabeza en señal de respeto, Zyris tomó su lugar a la cabeza de la mesa, agradeció a Santemauc e hizo una señal para que los hombres tomaran asiento. Rápidamente, el servicio comenzó a llevar el banquete y a disponer las copas. Pronto, un sirviente apareció para servir el vino y Zyris asintió para que se pudiera retirar. Él tomó la copa y la acercó a sí para sentir el aroma del líquido, el resto de los jefes que se encontraban en la mesa lo miraban con atención esperando algún comentario, pero Zyris no dijo nada, sólo disfrutó de la esencia de grosellas que percibía. Sin embargo, cuando la copa estaba próxima a su boca, la voz del sirviente que lo atendió cortó el aire.



Lina Hookings

#1222 en Ciencia ficción
#709 en Paranormal
#225 en Mística

En el texto hay: traiciones, realeza, lucha de clanes

Editado: 16.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar