El Crimen Que Nos Une

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¿Mala Suerte O Coincidencia?

Los siguientes días pasaron de forma lenta y deprimente. No mentiré de que vivir rodeada de policías a sido del todo cómodo; están por todas partes, fuera de mi casa, hasta me llevan a la escuela e incluso me esperan afuera de está. Es como si fuera un peligro para lo sociedad o algo peor, por algo que yo no cometí, solamente porque fui la última en estar en un lugar cerrado. La noticia se esparció primero por la escuela y al final se convirtió en un dulce postre para los periódicos o noticieros de TV. Únicamente los alumnos de la institución saben que yo soy considerada sospechosa, es inevitable no notar sus miradas de desprecio o pasar por un lado de ellos y darte cuenta de que susurran. Si trato de hablar con alguno de mis compañeros, ellos me evaden o se les dificulta formular palabras. Jamas en toda mi vida me había sentido tan aislada o tan... Mal. 

Después de lo ocurrido, siguieron investigando más a fondo el asesinato en la bodega, prohibieron el acceso a ese lugar, interrogaron a todos los alumnos, colocaron personal de seguridad en todas las entradas y salidas de la escuela, revisaron las grabaciones de las cámaras y también los alumnos fueron obligados a hacer una revisión de sus mochilas y pertenecías. Era un desastre, algunos compañeros y profesores no asistían a clases. Tan rápido como llegó la noticia a otras voces, la prensa y las cámaras de televisión se encontraban afuera de la escuela reportando el suceso que más impacto tuvo está institución. De nada sirve que la escuela haya ganado premios en deportes, artes o octatlónes académicos si solamente quedara recordada por este acontecimiento trágico. 

-¿Aún no te dicen quién puede ser el verdadero culpable? -me preguntó mi amigo Pablo. 

Nos encontrábamos en la cafetería de la escuela, era hora de descanso y estábamos sentados en una mesa comiendo lo que habíamos comprado. 

-No -respondí y luego solté un pequeño suspiro.- Supongo que no me dirán, aunque me hayan dado la libertad y dicho que no tengo suficiente evidencias para probar lo contrario, seguiré considerada como sospechosa. 

-Me gustaría poder hacer algo -dice en un tono sereno, después mueve la cabeza de un lado a otro tratando de entender algo- ¡Es demasiado injusto! No te puede culpar de algo así. 

-¿Tú realmente crees que yo no fui? -le pregunto.

-Obviamente que lo creo -responde.- Te conozco lo suficiente como para saber la verdad.

-Desearía que los demás pensaran eso también. 

-No te debería de importar lo que opinen los demás -dice.- Solamente te debería importar lo que digan las personas cercanas a ti..- Hace una pausa pensando en algo.- Eso y lo que digan los policías y detectives. Por cierto ¿Qué opina tu tía de esto?

-Pues piensa que yo soy inocente al igual que tú lo piensas -respondo.- Estamos buscando abogados para terminar está horrible pesadilla. 

-Bueno... Suerte en eso... 

-Me duele la cabeza de tan solo pensarlo -me llevo la mano a la frente y me la estrujo con los indices de los dedos.- Ahora vuelvo -me levanto de la silla. 

-¿A dónde vas? -me pregunta Pablo. 

-Al baño -respondo. 

Cerré los ojos durante un segundo en cuanto me di la media vuelta para salir de mi silla y dirigirme al baño de chicas, en eso, sentí como un cuerpo choco con el mio provocando que me asustara un poco y retrocediera. Enfrente de mi se encontraba su chico que ahogó un grito al verme, sus ojos al igual que su boca se abrieron tanto que formaban un circulo, llevaba su comida en sus manos.

-Tú...Tú...-tartamudeaba mirándome, después fijo sus ojos en mi blusa y su expresión facial aumento en sentido de pánico.- Lo siento mucho. 

Bajo ligeramente mi cabeza para ver a la zona que él mira y noto que en esa misma parte hay manchas de comida. Los chicos que acompañaban al chico que choco conmigo también había miedo en sus rostros. No podía entender la razón de sus gestos.

-Ten más cuidado, idiota -escuche hablar a Pablo atrás de mi.

-No -exclamo volteando a ver a Pablo, él se encuentra de pie con el ceño apretado mirando al chico.- Todo está bien -digo tratando de calmarlo. Giro de nuevo mi cuerpo hacia el chico.- No te angusties, no fue apropósito. 

El chico asiente con la cabeza temeroso a sus movimientos y sigue su camino junto con sus amigos. Me tomo unos segundos darme cuenta que todos los que estaban en la cafetería tenían sus ojos puesto en el pequeño espectáculo. 

Todo el día pensé en lo que había sucedido en la cafetería, me hacia preguntas mentales para mi misma e inventaba mapas mentales para comprender mis propias ideas. 



Juana Laura L. M.

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En el texto hay: crimen, misterio, juvenil

Editado: 27.07.2018

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