El Crimen Que Nos Une

Tamaño de fuente: - +

Las Pesadillas Queman

Recuerdo aquella sensación... De estar ahogándome; el agua me encarcelaba en cualquier orificio de mi débil e inerte cuerpo, en una lucha entre la vida y la muerte, cuando al final solamente dejé que el agua saliera victoriosa en esa batalla, y en ese momento sentí que realmente fui liberada de las cadenas de dolor.

Recuerdo aquella sensación...

Abrí mis ojos lentamente al sentir la necesidad de despertar. Ante mí veía llamas, el fuego violento que crecía a través de la oscuridad. Me levanté con cuidado de lo que parecía que era mi cama, al despegar mi espalda escuche finamente los resortes haciendo presión bajo mi cuerpo, miré a mi alrededor con la esperanza de ver las paredes de mi habitación, sin embargo, lo que mis ojos captaron fue un bosque en llamas: los árboles altos emanaban un fuego ardiente que se movía de forma lenta y extraña, el cielo nocturno no se lograba ver con claridad por las llamas abrasadoras que lo cubrían, yo me encontraba sobre mi cama y los arboles formaban un circulo alrededor de esta que permanecíamos en el centro de todo el desastre. Giro mi cabeza sin pensar hacia mi derecha; un camino de arboles se abría dejando el paso libre.

Aparté las sábanas de mi, saqué mis pies al exterior, pise la tierra con cuidado; las pequeñas ramas, piedras y tierra se clavaban en la planta de mis pies, se sentía tan real, inmediatamente me percaté de que estaba descalza. Con la vista fija en aquel camino, use mis manos para impulsarme y levantarme de la cama, todas mis fuerzas se concentraron en mis piernas para mantenerme de pie. Un peso extraño se manifestaba en todo mi cuerpo y un dolor se presentó sin detectar de qué parte venía. Haciendo caso omiso a mis malestares, di el primer paso con dificultad, tarde cinco segundos en dar el siguiente paso mientras que temblaba el músculo de mi pierna que levanté; es como si mis piernas estuvieran encadenadas a rocas, se necesitaba de mucha fuerza y concentración al dar cada paso, hubo un instante en el que olvide como caminar, sin embargo, nada de eso me importaba, de algún modo sentía que debía llegar al final de ese camino que se dividía en dos hileras de arboles en llamas. La dificultad de la caminata fue disminuyendo al punto en el que no me di cuenta de que ya había salido del círculo. Seguí por aquel camino, el fuego era tan potente que llegue a sentir el ardor cerca de mi, al igual que estar sentado enfrente de una fogata, no era tan letal. En el recorrido, por mis lados, caían las ramas incendiadas de los arboles y ninguna me detuvo el paso.

Supongo que llevé mucho tiempo caminando, no lo sé, sabía que habían pasado horas pero no sabía cómo. En eso, me detuve en seco, giré mi cuerpo para ver por detrás de mi, un cosquilleo pasó por mi pecho al ver lo que se encontraba a mis espaldas: pues no había camino por el que inicié, ni siquiera una señal de lo lejos que estaba mi cama, era un camino cerrado de árboles en llamas. Devolví mi concentración al frente por el camino que estaba siguiendo anteriormente, por arte de magia apareció una puerta que antes no estaba ahí, solamente una puerta, ningún objeto a su alrededor o alguna habitación, nada. Como si nada, seguí caminando con la necesidad de abrir aquella puerta. Al estar a un paso de distancia de la puerta, agarré la perilla y la giré, lentamente jale la puerta, de sus interiores salía una luz blanca, y entonces entré dejando que la luz me consumiera. Al tener una mejor visión y claridad, pude distinguir que era una habitación de baño, para ser más específica: reconocí que era el baño de mi habitación. Escuché que atrás de mi se cerraba la puerta sin que yo la moviera, no le tomé la suficiente importancia. Noté que el espejo del lavabo estaba lleno de algo color negro. Todo el baño lucía limpio que esa mancha provocaba mucha atención. Caminé nuevamente con la curiosidad en mis sentidos, me coloqué enfrente del lavabo, puse mi mano sobre el cristal negro pero detuve mi siguiente acción al ver esta: no podía ver al menos un centímetro de piel, contenía un color rojo vivo con aberturas negras. No lo había notado. Despegue mi mano del espejo para observarla mejor y desde un ángulo cercano; el pánico nació en el interior de mi estómago al ver que no tenía algunas uñas de mis dedos.

<< ¿Qué es esto? >> me pregunté en mis interiores.

Sin detenerme a pensarlo, llevé mi mano nuevamente al espejo, hice movimientos bruscos deslizando mi mano en un intento frenético de querer quitar la mancha negra, desesperadamente utilicé mi otra mano que también se veía rara. Dejé de tallar el espejo cuando sólo queda al descubierto el centro, por lo tanto dejando negro las orillas, aparté las manos. Solté un grito desgarrador sintiendo el raspón en mi garganta y presión en mi estómago al ver un reflejo que desconocía: al igual que mi mano, mi rostro contenía marcas de color al rojo vivo, la piel se me había caído en algunas zonas, a simple vista se distinguía el hueso sobresaliendo, mi cabello cambió de color café castaño a negro quemado y ni siquiera era lacio, sabía que era mi rostro pero fue imposible reconocerlo. De mi boca sólo salían gritos, quería llorar pero de mis ojos ni una gota se derramaba, en el ojo derecho ni párpado tenía, incluso la punta de mi nariz fue cortada dejando sólo el hueso. Automáticamente llevé temblando mi mano a mi mejilla, y al tener contacto ambas desprendía de mi cara un humo, grité más al sentir el ardor insoportable, sin aguantar el dolor aparté mi mano pero de ella se despegó lo que quedaba de mi mejilla de una forma que se viera viscosa y asquerosa... Mi piel se estaba derritiendo.



Juana Laura L. M.

#3780 en Thriller
#1663 en Suspenso
#1101 en Detective
#594 en Novela negra

En el texto hay: crimen, misterio, juvenil

Editado: 27.07.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar