El Crimen Que Nos Une

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Un Pequeño En Casa Con Grandes Problemas

-Me parece totalmente injusto que me tengan que vigilar las 24 horas del día -digo en un tono de molestia, cruzando los brazos, mis cejas se fruncen y hago una mueca con la boca.

Estoy sentada en el mueble de la sala de mi casa siendo interrogada por el detective Yael, quien está parado justo enfrente de mi, mi tía Elena se encuentra por un lado de él con el rostro lleno de fastidio gracias a éste hombre.

-Te recuerdo que aún eres considerada sospechosa -dice el detective Yael.

-¡Por algo que no hice! -alzo la voz y me inclino un poco hacia adelante.

-Anna -mi tía Elena me habla severamente y para mi eso significa que me calme.

-Señorita Anna -continúa el detective.- No estaría aquí si hoy hubiera asistido a su cita con la psicóloga. Usted tuvo un acuerdo.

Le eche un rápido vistazo a mi tía, ella me miraba también con una ceja levantada, seguramente va a esperar a que el detective se vaya para explotar y echarme toda su energía negativa.

Eran las 11:55 de la noche y yo lo único que quería era descansar, dormir un buen rato... Unas horas... Unos días... Una vida...

-Los oficiales reportan que ha salido muchas veces de su casa -dice el detective.- Y que veces se le ha visto con un chico en un auto que pasa por usted ¿Quién es?

-Es mi amigo -respondo.- Pablo.

-¿Por qué sale con él? -pregunta.- ¿A dónde salen? y ¿por qué?

Me estaba fastidiando. Cada pregunta era un golpe en mi cabeza como un martillo contra un clavo. Apreté mis dientes aguantando la desesperación. Tenía muchas cosas en la cabeza que esto me afectaría más.

-¿Usted está consciente de que antes de que me destruyeran tenía una vida? -lo dije sin pensar. Le lancé una mirada llena de odio al detective.- Salgo con mi amigo a diferentes partes, trato de olvidar lo que sucede ahora...-el detective solo me miraba serio.- En vez de estar interrogando ¿no debería investigar mi caso?

Mi grado de tolerancia cruzó la línea. Todo lo hacía y decía sin pensar. Sentía punzadas de dolor en la cabeza... Ya estaba harta.

El detective Yael suspiro y giro su cuerpo para ver a mi tía Elena.

-Voy a pasar a su habitación -dijo así sin más.

Sin esperar respuesta de mi tía Elena, empezó a caminar, yo me levanté rápidamente del mueble pensando en Tommy. Me apresure para tomar ventaja y detener al detective.

-¡Espere! -grite.- ¿Tiene derecho a hacerlo? -iba caminando por su lado.

-Claro que tengo derecho -responde sin detenerse.

Entra al pasillo con el que llega a mi habitación. Sigo trotando por un lado de él en un intento inútil de detenerlo. Antes de tener unos centímetros de distancia de mi habitación, me interpongo entre el detective y la puerta bloqueando el ascenso director. El detective me mira serio.

-¿Qué oculta? -me pregunta.

-¡Nada! -respondo rápido.- Es que... Está muy desordenado.

Sonreí de forma exagerada y solo así el detective sospecho más, se veía en sus facciones. Coloca su mano en mi hombro, usando su fuerza me aparta del camino de una manera brusca, pego contra la pared del pasillo y evito un pequeño quejido. El detective toca la la perilla, la gire e y empuja la puerta.

-¡No! -grito.

Pero es demasiado tarde; el detective entra a mi habitación y se detiene. Sin pensarlo, me pongo atrás de él y asomo mi cabeza. Antes de poder reaccionar de mala manera, noto que todo está tan normal en mi habitación, no hay nada extraño, no está Tommy. El detective Yael mira a ambos lados en busca de algo, continúa su recorrido por mi habitación abriendo ropero y cajones. Camino hasta el centro, echo un vistazo a los lados laterales de mi cama pero no encuentro las cosas de Tommy, ni a Tommy. Al igual que el detective reviso por todas partes simplemente con mi vista. Por el momento me preocupa que el detective encuentre a Tommy, después de que se marche me empezaré a preocupar por "¿En dónde está?". Debo actuar normal para que parezca que no oculto nada: dirijo mi vista al detective, pongo mi mejor cara de indignación, me cruzo de brazos y dejo que mi peso caiga sobre mi cadera.

-¿Ya vio? -use mi tono de voz molesta.- No hay nada aquí.

No me prestó atención, continuó haciendo lo suyo mirando cualquier rincón incluso debajo de mi cama.

Mi tía Elena aparece en la puerta. 

El detective Yael dándose por vencido, se detiene al lado de mi y me mira.

-Bien, te dejaremos en paz si asistes a todas tus citas con la psicóloga -me dice severamente, yo asiento con la cabeza afirmando. Gira su cabeza para mirar a mi tía Elena y empieza a caminar lentamente hacia la salida.- Lamento las molestias y la hora, pero sólo hago mi trabajo.



Juana Laura L. M.

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En el texto hay: crimen, misterio, juvenil

Editado: 27.07.2018

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