El Crimen Que Nos Une

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Un Hogar Para El Corazón

Las personas que se encontraban dentro de la florería me miraban preocupadas, en sus rostros se reflejaba la angustia o el asco por verme ahí. Algunos clientes incluso se asomaron por la puerta para ver porque había llegado corriendo en mal estado y con un niño en brazos. La señorita dueña de la florería insistió en llamar a la ambulancia pero yo me negué, la amable chica sólo le prestó a Pablo un botiquín de primeros auxilios cuando llegó. Pablo después de la llamada tardó 15 minutos en llegar, y llegó apresurado porque por lo normal uno tardaría 20 minutos pero él no.

Cuando Pablo me vio, su expresión fue peor como su viera a un muerto o qué sé yo, pero noté que contenía lágrimas en sus ojos. Me dice él que por toda mi cara tenía moretones, raspones y un poco de sangre, tierra y piedras se incrustaron en mi ropa, me veía fatal. Tommy sólo tenía dos rasguños en la cara, me importaba más ese pequeño que lo que me pasará a mi. No me moví del lugar al que llegué y la señorita aceptó dejarme ahí hasta que vinieran por mi. Mientras Pablo curaba todas mis heridas con los materiales de botiquín, le conté lo sucedido en voz baja, no quería que nadie se enterará y menos la policía que llegaría a oídos de detectives, los mismos que no me ayudaron al principio.

-Casi no te salvas, Anna -me dijo Pablo mientras colocaba alcohol en un rasguño de la rodilla.

-Lo se -digo.

-Te tengo que llevar al hospital y lo sabes -me dice.

-No -respondo rápidamente.

Él dirige una mirada severa a mi con ojos de rayos X.

-Anna, no te puedes ni levantar -me dice.- Tienes que ser atendida.

-No -repito.- No hoy. Dejame ir al cementerio.

-Puedes ir otro día, Anna -me dice a regaña dientes.

-No, Pablo, no -niego con la cabeza y mi voz se quiebra.- Quiero ver a mi mamá.

Conecta sus ojos con los míos, hay un silencio entre ambos, unos segundos de reflexión para Pablo, al final hace una mueca con su boca.

-Esta bien -responde.- Sólo por hoy y mañana te llevo yo mismo al hospital.

-Gracias -digo.

Se limita a sonreír. Sigue aplicando pomada en otras partes dañadas de mi cuerpo.

Tommy está al lado de mi comiendo las galletas que le compré para calmar el susto, desgraciadamente esas galletas de rompieron en la caída contra el pavimento, sin embargo, ese pequeño las disfruta de todos modos.

-No te preocupes demasiado por mi -le digo a Pablo.

-Lo hago porque me importas lo suficiente -me dice sin mirarme.- Eres igual a una niña terca.

-Siempre ha sido así -sonrío.- Después de todo eres mayor que yo.

-Oh gracias por recordarmelo -ríe. Guarda todas las cosas en el botiquín en señal de que terminó.- ¡Listo!

Se levanta, le entrega la caja de primeros auxilios a la señorita dándole las gracias, y vuelve a mi. 

-¿Nos vamos? -me pregunta.

-Vine a comprar flores para mi mamá -dije

Recargo mi espalda en la pared y me deslizo hacia arriba para poder levantarme.

-No -me dice Pablo.- Yo las busco y compro. Solo dame el dinero.

Me puse de pie de todas formas y le entregué el dinero a Pablo.

-Casa Blancas, por favor -mencioné el tipo de flor que quería.

Pablo hizo un gesto con el mentón afirmando.

Observé como buscaba las flores, se las pedía a la señorita que atendía, y las compró; dos ramos de flores Casa Blanca, pero también compró un ramo de rosas rojas. Se acercó a mi con el trío de ramos, con un brazo sostenía los dos ramos de Casas Blancas y en el otro llevaba el ramo de rosas rojas en mano. Extendió su brazo y puso enfrente de mi el ramo de rosas rojas. Abrí un poco la boca y levanté ambas cejas esperando que Pablo me dijera algo, sin embargo no dijo nada, me miraba con una sonrisa en su rostro.

-¿Para mi? -pregunté finalmente.

-¡No! Te las estoy dando para que me las des a mi luego -dijo en tono sarcástico.- ¡Claro que son para ti! Ahora agarralas, enana asquerosa, antes de que se me cansé el brazo, y por si te lo preguntas si, las pagué con mi dinero.

Llevé mis manos al ramo de rosas, rosé las manos de Pablo, él soltó las rosas para que yo las pudiera tomar, las agarré delicadamente y las llevé a mi nariz olfateando el dulce aromas que no era muy notorio. Finalmente las pego a mi pecho como una niña que no quiere compartir sus dulces.



Juana Laura L. M.

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En el texto hay: crimen, misterio, juvenil

Editado: 27.07.2018

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