El cronista de Shálayim: La Historia del Reino. Parte Il

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Capítulo I La Gran Guerra Civil o “Las Batallas de los Caudillos”

Capítulo I

La Gran Guerra Civil

o
“Las Batallas de los Caudillos”

Como casi en todos los relatos que se hacen en estos escritos, se comienza con una nación en ruinas. Hay un dicho en mi pueblo, que reza: “Aquí se rompió una taza y cada quien se va para su casa”.

 

            Así pasó con todo el reino interino al caer la hermosa corona de la alta cabeza del rey Felipe I. Las antiguas alianzas se olvidaron y se recordaron los antiguos rencores. Surgió la sangre, el fuego, tambores de guerra y rugidos de cañones. Fue la etapa que la sagrada lengua nativa llamó “Cuamayi´”, porque las fuertes ramas frondosas de hojas, que eran los acuerdos y alianzas, las vidas de feligreses, del gran árbol que alguna vez fue el Primer Reino Interino se habían rotos. Partidas por un gran viento. Una rama rota es difícil de volver a colocar en su lugar, un árbol es difícil volver a sanar.

 

            Muchas personas no hablan sobre este tiempo cuando son cuestionadas por sus descendientes, escolapios o cualquiera que no hubiese vivido todavía en esa temporada. Callan, miran a la puerta, vuelven su mirada al suelo y solamente pronuncian con lágrimas en sus ojos.

 

No hay nada que valga la pena recordar de esa triste edad.

 

            Similares son los discursos de los maestres en las bibliotecas, no hay datos sobre tal suceso. Ningún papiro, libro o escrito que este en buen estado sobre tales acontecimientos. Todo es un discurso, diferente en cada bando, sobre ríos llenos de sangre y cuerpos que recubrían las montañas y valles. Cantan “Los de arriba contra los de abajo”, hacen referencia a metrallas y flechas surcando el cielo, como caballos y lanzas atravesando los campos sanguinolentos y surgen algunos nombres, susurrados y otros en gritos tempestuosos, como de nubes oscuras en la altamar.

 

            Quizás sea el dolor tan cercano a este histórico, puesto que la memoria también duele a veces, flotan leyendas y mitos entre las interlocuciones de quienes estuvieron vivos en aquella dolencia. Lamentablemente no pueden ver que el olvido puede dañar mucho más de lo que imaginan.

 

            Recopile gracias a God-ness nuestro Señor-Señora, algunas historias de aquella edad. Afortunadamente siempre puede haber alguien que recuerde algo y desee brindar tal información.

 

            Callan para no despertar las antiguas rencillas. Nadie celebra cuando están la pena y la muerte, cuando hacen sus rondas entre el paraje para llevarse a los seres queridos.

 

            El brillante trono de arco iris de Felipe I quedó sepultado, devorado por las ruinas en la caverna. Sucumbió ante las llamas de la desigualdad social y el autoritarismo. Somos sus cenizas que quedaron. Mudo testigo fue el quemado palacio que, devorado por las traicioneras flamas de las antorchas, anunciando a fuertes gritos, a todo quien le viera. “Soy lo que dejaron, soy lo que no pudieron tomar, soy las sobras de los botines, soy lo que ha sobrevivido”. Nadie quería volver a las resquebrajadas y ahumadas cavernas de aquellas anteriores salas reales, peligrosas y oscuras habían quedado aquel día, las que otrora dieron luz y esperanza a todos los pueblos y tribus, deshechos como esa construcción, efectivamente era el reflejo de aquel reino interino.

 

            ¿A dónde fueron todos los guardias? ¿A dónde quedó el heroico ejército? ¿La buena voluntad? ¿Dónde fueron los hombres y mujeres guerreras? A continuación, se narra.

 

            Después de la deshonrosa Batalla del Valle de la Muerte, entre los llamados atlantes y bárbaros, la armada aliada se acuartelo en la gran llanura de pastizales y pantanos negros del “Paso del Ejército”. En donde habían colocado la mayoría de la artillería pesada y ligera que se pudo haber salvado, defendiendo el valle, sacadas antes del Gran incendio de la hermosa fortaleza del rey interino Felipe I, para evitar otro contra ataque de los bárbaros por la Puerta Blanca de Oriente, allí hicieron los morteros y después una fuerte guarnición con los escombros de la cruenta batalla.

 



Mayito33dc

Editado: 20.07.2019

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