El curioso embarazo de Joseph R. © ¡proximamente En Fisico!

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Capítulo Final

Jules miraba a la mujer que lloraba humillada en el suelo del hospital privado de New York. Sentía un poco de lastima por ella, tampoco se merecía los gritos de mi esposo. Pero tampoco tenía que hacer eso solo para encadenar a Jules a su vida. Teniendo en cuenta que ya tiene una conmigo.

            —Greta Simmons —intenta no dejar escapar un gemido lastimero—. ¡No pueden hacerme esto! ¡Estoy embarazada!

            —Eso debió pensarlo, antes de mentirnos —habla esta vez Román. Quien está enojado porque Greta le oculto que iba a ser padre—. Cuando nazca el bebé, se quedara conmigo.

            —¡No!

            Me alejo del lugar. Me siento un poco culpable de permitir lo que está sucediendo en este momento. Tomo grandes bocanas de aire para poder relajarme y quitarme toda la tensión en mi cuerpo. Una mano reposa en mi omóplato haciéndome voltear, miro a la mujer que tiene el maquillaje corrido por las lágrimas (que hace unos minutos estaba perfectamente perfilado en su rostro). Ella me mira arrepentida; sin embargo también me mira pidiéndome piedad, para que hiciera algo.

            —Rom —le llamo suavemente. Me mira inmediatamente, su mirada enojada cambia a una melancólica.

Aun no acepta que me haya ido con Jules luego de las cosas que sucedieron; desde luego, después de todo él y yo nunca fuimos nada, ni tuvimos “algo”. En todo ese tiempo fuimos amigos, que intentábamos recuperar el tiempo perdido. Aunque, él nunca lo haya visto de esa manera.

—¿Si?

—Ella, a pesar de todo, será la mamá de tu hijo o hija, y un hijo es una bendición. Por lo tanto no puedes separarlo de ella. Después de todas las circunstancias. Hay que entenderla, madre es madre.

Asiente y fija su mirada en la mujer que tiene la vista baja. Esta afligida.

—Lo pensare. De todas formas, faltan unos meses para que el bebé nazca.

—Entiendo, pero por favor, piénsalo, todos tenemos derecho a tener otras oportunidades.

Cuando termino de hablar miro a Jules que se mantiene en silencio mirando a nuestra hija que juega en una esquina con sus osos de peluches. Sonrió ampliamente. Si me llegasen a separar de mi hija, creo que me volvería completamente demente. Y es que después de lo que sucedió con George Cavill, con el doctor Petterson, con Abreu y con mi padre quede un poco intranquilo. Uno nunca sabe lo que se puede avecinar.

La familia sigue creciendo.

Me sobo mi abdomen de diez semanas de gestación.

Sonrió para mis adentros. Jules, es un maldito empotrador. Hope, ni siquiera ha cumplido el año y ya está esperando un hermano.

¿Ironía de la vida?

—Vamos a casa —mi esposo me habla al oído. ¿En qué momento se me acerco?

—Sí… —estoy agotado—. Román, ya sabes —el nombrado asiente y me retiro con Jules que sostiene a una grandota Hope.

Caminamos hasta llegar a la camioneta. Los guardaespaldas nos ayudan con las bolsas que habíamos comprado en el centro comercial antes de todo este… drama. Me siento en el puesto de copiloto, y Jules en el de piloto. Mi hija, va en el trasero en su asiento para bebé que Jules le ha comprado (diseñado específicamente para mi bebé por seguridad). Se ha vuelto cada vez más obseso con nuestra seguridad. Y sé, que algo lo tiene intranquilo pero no me lo quiere comentar. Después será la ocasión.

—¿Estas bien? —me pregunta cuando empremos marcha por la carretera.

—¿Yo? —asiente—. Eso te lo debería de preguntar yo. ¿Qué va mal?

—Nada, amor —me comenta tomando mi mano llevándola a sus labios depositando un beso en ella.

            Sus acciones me hacen ruborizar a pesar de todo lo que hemos pasado, supongo que es bueno, porque me lo hace saber cada instante que puede. Mis emociones las controla el, todo me lo controla el. Miro por la ventana la nieve caer, aún estamos en invierno y New York es participe de ello. La esponjosa masa desciende del cielo creando en el suelo grandes montañas de la misma. Es la mejor época del año, y eso me hace recordar cuando en este tiempo cuando le había obsequiado el dije de piecito de bebé, para Hope. Y ahí es cuando llegan a mi mente los recuerdos junto a mis padres. Sé que ellos saben que los perdone de todas las formas posibles. Y me hace sentir un poco aliviado de no cargar con ese peso por toda la vida. La casa en Atlanta, la estamos reconstruyendo nuevamente. Esa casa nos da un propósito de volver a mi tierra natal y de poder enseñárselos a mis hijos, de donde su padre ha vivido toda su vida. Y en donde vivió momentos que jamás creo vivir en su vida. Puesto que la vida nos da y nos quita de cierta manera todas esas cosas.

            —Joseph… —la voz de Jules me atrae y giro a verlo.

            —¿Mmm? —murmuro observándolo pertinente.



Wuilder Vargas V.

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En el texto hay: experimento, gay yaoi chicoxchico

Editado: 28.04.2018

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