El Daruma

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Secuelas del pasado

Al despertarse y luego del letargo en el que quedaba inmerso ante cada nuevo viaje, fue convenciéndose que algo se profundizaba viaje a viaje, que lo que al principio le parecía una simple sensación ya comenzaba a convertirse en realidad, cada nuevo viaje al pasado se incorporaba más y más en el cuerpo de otra persona y no en el de él mismo y lograba verse desde otro punto de vista más alejado como interactuando consigo mismo pero desde la visión de su partenaire de turno o desde un tercero que simplemente era espectador de la escena.

Pero esa certeza no era lo único que iba descubriendo a medida que continuaba con el uso del Daruma. Al regresar de su último viaje descubrió otra cosa extraña, fue relacionando cada vez más los viajes que hacía con algo raro que venía notando últimamente. Hace algunos días al mirarse al espejo había observado algo distinto en su cuerpo, en su piel. Cambios a su fisonomía habitual que no podía relacionar con otra cosa que no fuera con esos viajes tan especiales.

Notó como su pelo a veces se ennegrecía nuevamente, las pocas canas que tenía en sus cienes retrocedían y daban lugar al cabello oscuro de antaño. Sin embargo otras veces notaba más como nuevas arrugas aparecían sin motivo en su frente. Se sumaban en su rostro surcos en la piel que hasta entonces no tenía. O dolores en sus rodillas, articulaciones o espalda aparecían o desaparecían sin explicación aparente.

Descubrió como un tumor benigno que lo acompañaba en su hombro derecho desde hacía años había desaparecido por completo en algún momento previo sin que él se percatara de ello. Una mancha marrón en su muslo izquierdo ya no se la encontraba más cuando era algo que lo acompañaba desde sus 6 o 7 años. Sin embargo, por otro lado había encontrado una enorme cicatriz en su abdomen como si en algún momento le hubieran practicado alguna especie de cirugía que no recordaba.

Tenía entonces una nueva tarea que era entender el relacionamiento de lo que variaba en su cuerpo con el loco trajín de viajes que venía realizando últimamente. Fiel a su condición de analizar todo en profundidad hasta entender el porqué de las cosas, ahora debía relacionar sus próximos viajes con esta nueva realidad. Decidió que no debía esperar más para adentrarse en un nuevo periplo.

No fueron pocos los trayectos que necesitó para finalmente concluir que ambas locas realidades estaban conectadas entre sí. Tuvo que meterse en el traje y la piel de hombres que nunca había sido, como volverse un soldado nazi de la segunda guerra mundial, un indígena americano post colonización europea, un negro esclavo liberado en Estados Unidos y otros tantos personajes a veces de su propio entorno pero otras veces sin ningún relacionamiento aparente con su vida pasada. Fue un famoso pintor del post modernismo, el dueño de un cabaret, un cronista de revistas de chisme, un antiguo mafioso neoyorquino, un viejo mujeriego devenido en borracho abandonado, un boxeador mediocre y sacrificado, un sobreviviente de un accidente de tránsito, un cazador de animales para venta en mercado negro, un marinero de altamar, un fotógrafo de paisajes, entre otros.

Entonces entendió que si luego de cada aventura lo que había logrado como corolario era mejorar la situación vivida en aquel entonces y regresaba con una sensación de bienestar, su cuerpo reflejaba alguna mejora como si lo premiara por lo logrado o simplemente como si no hubiera sufrido el mal que padecía antes de ese retorno. Al volver veía entonces que una cicatriz que solía tener ya no estaba más o que una arruga que tenía o marca en su piel había desaparecido por completo.

Sin embargo si lo que había vuelto a vivir en ese viaje culminaba de mala forma o no había podido alterar la sensación de los involucrados en el evento por una más placentera, al regresar encontraba en su propio cuerpo un nuevo lunar donde antes no lo tenía, más canas o arrugas que antes no se había visto y lo que más miedo le daba, pensar que si cuando no encontraba ningún cambio a simple vista lo que había recibido en una especie de castigo era un tumor invisible o alguna patología en su interior que a la larga sería más mortífera que una simple arruga. Esta idea lo atormentaba.

Ya convencido de la percepción que con esta especie de traslaciones en el tiempo él puede modificar su propio tiempo y su vida actual en base a las expediciones que haga y las acciones que tome en ellas, necesita ahora saber qué hacer con ese nuevo poder que se le presenta ante sí.

No tanto por las mejoras físicas que recibía sino por aprovechar esa potestad que le brindaba el amuleto, cada vez que volvía a hundirse en una nueva odisea intentaba sanar las heridas del pasado. Si recordaba a un amigo o un familiar al cual le había hecho daño con una acción puntual trataba de remediar ese asunto de alguna forma. El problema era que no podía elegir a donde ir, eso era algo que el Daruma no le permitía, o el anciano no le había explicado cómo lograrlo o él todavía no tenía el suficiente grado de evolución como para dominarlo. Entonces se aventuraba en un nuevo periplo lanzado al destino, dejando que algo o alguien decidiera donde iría a caer para recién allí entender por qué y tratar de hacerlo de la mejor manera.



Carlos Silva Cardozo

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En el texto hay: japon, daruma, viajes

Editado: 30.05.2019

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