El Daruma

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Una nueva oportunidad

Los días pasaban y los pensamientos de Edward cada vez se centraban más y casi exclusivamente en sus viajes, el amuleto y las consecuencias que estos acarreaban. Un día concurrió a un concierto musical con un grupo de amigos, pero en todo momento sentía que no estaba allí. Tal vez físicamente se encontraba en el lugar, escuchaba a los cuatro experimentados músicos tocar sus guitarras acústicas pero su cabeza y pensamientos estaban en otro lugar. Transcurrió todo el concierto ausente del mismo y se dio cuenta que aquello que le pasaba era algo que requería de sí toda la energía que podía dar.

Habiendo aceptado que cada viaje traería consecuencias decide continuar en ese mundo de riesgo, sobre todo creyendo que mayormente podría obtener beneficios pudiendo enmendar algunas acciones del pasado y bajo la certeza de que pocas cosas podrían ir mal en cada trayecto. En definitiva era su pasado y nadie más que él podía conocerlo por lo que se aventura a experimentarlas.

Nuevamente en compañía del vaso de whisky que le permite adentrarse en ese mundo extraño sin tantos cuestionamientos y muñido del amuleto que le permitiría emprender el viaje, se recuesta sobre el sillón, bebe un sorbo del exquisito líquido que se prolonga en su boca y su garganta quemándolo por dentro de una forma tan sutil y placentera que lo invita a beber otro poco, y frota la estatuilla sintiendo como llega esa paz que se apodera de su interior y de sus pensamientos.

Cuando vuelve en sí reconoce estar en un concierto de música, un recital multitudinario en un estadio de grandes dimensiones a cielo abierto, rodeado de personas coreando la misma canción y a lo lejos en el escenario se ve a un joven cantante apuesto moviéndose por toda la plataforma con soltura y manejando el canto y el público de forma experimentada. La multitud coreaba:

I heard your voice through a photograph

I thought it up and brought up the past

Once you know you can never go back

I gotta take it on the other side …

 

Piensa en cuanto ese texto tenía que ver en lo que le estaba pasando y si era casualidad que llegara en el momento justo para oirlo. Mira a su alrededor y entre el gentío ve a Rose, la hermana mayor de Georgette novia de Edward algunos años atrás, que lo toma de la mano y lo invita a saltar al ritmo alegre de la música que salía de los enormes parlantes distribuidos en semicírculos y de frente a la tribuna en la que se encontraban. Sonríe y se deja conducir dentro de la marea de gente.

Indaga en su memoria y recuerda entonces ese momento y con facilidad recapitula cómo fue que había llegado allí, luego de comprar dos ingresos para ver aquel cantante, uno para él y otro para Georgette que al invitarla a participar llevándole la sorpresa de los ingresos lo rechazó pues tenía que estudiar para un examen que había perdido recientemente y la había afectado en demasía. Rose que vivía con ella se había ofrecido a acompañarlo en su lugar.

—Sorpresa Georgette, mira lo que conseguí. Y es para vos. –Le dijo Edward esperando que la muchacha reaccionara alegremente-

—¡Ay que divino Ed! Pero es el próximo miércoles y yo tengo que rendir este examen de nuevo el viernes. –Lo cortó Georgette-

—¡Pero es lo que más querías! Tú misma me lo dijiste. Aparte te va a hacer bien despejarte un rato conmigo y luego vuelves a estudiar.

—No puedo amor, en serio. Disculpame, me encantaría asistir y mucho más a tu lado. Pero no puedo, mi vida. Me sentiría culpable durante todo el tiempo. ¿Porque no la invitas a Rose? Ella estará encantada de acompañarte.

Georgette inmersa y desbordada con su responsabilidad y propia exigencia de avanzar en su carrera poco a poco se había olvidado de Edward, vivía la relación como una obligación, como casi todo en su vida, olvidando brindarse ratos de esparcimiento. Parecía no darse cuenta que la vida exclusiva de responsabilidades y obligaciones sin momentos para la recreación carece de sentido alguno. Sin darse cuenta había olvidado retribuir cada tanto todo lo que Edward le daba. Pese a los esfuerzos de Edward por sobrellevar esa situación terminaba naufragando siempre en el intento ante el constante rechazo de Georgette por tomarse un tiempo para divertirse. Sin querer él iba sustituyendo la ausencia incremental de su novia con la presencia casi perfecta de Rose cada vez que la visitaba.

Los encuentros iban convirtiéndose de a poco en algo de a tres. Los tres cenaban juntos cada vez que podían, los tres estudiaban juntos o iban al cine, día a día los tres hacían todo juntos y se entendían perfectamente de esa forma, casi como un grupo de amigos o incluso de hermanos que comparten la mayor parte de su tiempo y actividades. Salvo al momento de despedirse donde Rose se retiraba a su dormitorio y así Edward y Georgette tenían un momento a solas, el resto del tiempo era compartido por los tres jóvenes simultáneamente.



Carlos Silva Cardozo

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En el texto hay: japon, daruma, viajes

Editado: 30.05.2019

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