El Daruma

Tamaño de fuente: - +

Pasado reciente

Todavía aturdido por las secuelas del último viaje, Edward despierta con el sonido de su celular indicándole que un mensaje había llegado. Mira la hora y se percata que son las tres de la tarde. Todavía no tiene mucha noción del tiempo y le lleva un buen rato darse cuenta que es sábado y está tirado en el sillón de su casa.

Toma el celular en sus manos y ve que el mensaje es de Astrid. Las emociones que lo invaden al ver quien fue la emisora del mensaje, son lástima, tristeza y arrepentimiento. Sabe que Astrid aún no ha podido superar el abandono al que él la sometiera un par de años atrás. Una relación en la que él puso muy pocas expectativas y energías, sin embargo para ella había sido el último tren al cual tal vez se subiría, por lo que se había entregado cien por ciento.

Sin quererlo y subestimando esa relación, Edward había lastimado a aquella mujer bastante mayor que él, que se había quedado atrapada para siempre en esos meses en los que se estuvieron viendo. Sin dudas si él hubiera sabido el daño que al parecer había ejercido sobre la mujer, tal vez hubiera sido más cauteloso a la hora de hacerle entender que aquello se terminaría allí y que él no sentía nada por ella.

A partir de su ruptura llegaron varios meses de silencio donde seguramente la mujer vivió días y noches de tormento recordando a Edward y cuestionándose los motivos por los cuales no lo logró retenerlo. Luego llegaron los meses de contacto esporádico, donde ella a modo de venganza solamente intentaba hacerlo pasar malos momentos. Cosa que no lograba ya que Edward no le guardaba nada más allá que afecto normal por una dama de bien, sumamente inteligente y que se había comportado en todo momento de la mejor manera con él.

Cansado estaba ya de los mensajes irónicos y no efectivos con los que Astrid pretendía hacerlo sentir mal, pero sobretodo con el auto reproche que se hacía Edward por el solo motivo de saber que aquella mujer estaba sufriendo por su causa. Decide utilizar el Daruma para intentar resolverlo. En un movimiento arriesgado trata de dominar algo que hasta el momento no sabía cómo hacerlo, decidir hacia donde y cuando viajar. Sumado esto a la complejidad que en esta oportunidad sería a un momento muy cercano en el tiempo. Apenas un año atrás cuando tuvo que dejar a Astrid y tratar de trasmitírselo de otro modo. De esa forma lograría que ella no sufriera lo que sin dudas había sufrido y a su vez él se libraría del tormento que le provocaba recibir mensualmente los mensajes de ella, siempre de forma irónica y despechada.

Recurre nuevamente a su aliado el whisky y se hunde en el sueño del Daruma que sostiene entre sus mano. Cuando despierta efectivamente está frente a ella y se encuentran en su departamento. Se percata que había logrado su cometido de llegar al lugar y en el momento indicado. Eso le provoca una cierta alegría de saberse cada vez más dominador del Daruma.

Reconoce el monoambiente finamente adornado por la diseñadora de interiores, fundamentalmente en tres colores, blanco, negro y rojo, de estilo minimalista e iluminado con varias velas distribuidas por todo el ambiente. Reconoce la alfombra gris y los inmensos almohadones haciendo rincón contra el ventanal que da al balcón y dos grandes copas cargadas con vino tinto hasta la mitad.

Durante varios encuentros sucesivos, ya con la mente pensando en cómo terminar aquella relación de la mejor forma, Edward le trasmite incertidumbre en sus sentimientos, en su vida, logrando que ella se vaya desencantando de la imagen idealizada que se había formado de Edward en los últimos meses. De ese modo logra que el momento de la decisión de no continuar viéndose parezca tomada por los dos y no tanto algo unilateral de Edward, evitando así el daño infringido en la otra parte. A su vez decide guardarse para sí muchas verdades que anteriormente le había dicho con demasiada sinceridad en la cara y que la habían lastimado de forma innecesaria.

Así terminan entre ambos la relación en mayor armonía. Cuando Edward regresa al presente mira su celular y encuentra que el mensaje que minutos atrás le había enviado Astrid ya no existía.



Carlos Silva Cardozo

#3015 en Fantasía
#654 en Magia
#154 en Paranormal
#154 en Mística

En el texto hay: japon, daruma, viajes

Editado: 30.05.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar