El Daruma

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Un amor de novela

El tiempo pasó y Edward ya no pensaba tanto en el Daruma. Desde que supo que ya casi lo podía dominar a su antojo, fue como que algo en él cambiara y perdió un poco de interés. Como si al haber revelado la clave del Daruma su interés de pronto se fuera desvaneciendo. Ocupó entonces su tiempo en actividades rutinarias de su vida, sin que estas le parecieran tediosas. Lo bueno de romper cada tanto con la rutina es que al volver a las actividades habituales las mismas nos parecen divertidas durante un tiempo, y de esa forma las podemos volver a disfrutar. Edward atravesaba ese momento y por eso se contentaba con mirar una buena película en su hogar, o ir a hacer los mandados, o las comidas familiares de los fines de semana cuando no se quedaba en su casa a realizar reparaciones sencillas que generalmente dejaba para atrás, ordenar un placard, cambiar las canillas de la cocina o limpiar aquellos rincones de la casa donde generalmente no se llega con la limpieza diaria.

Una noche haciendo zapping se encontró con una película musical muy famosa en tiempos cuando sus padres eran jóvenes. A la cual nunca había asistido pero conocía muy bien la trama por oír cuentos o ver fragmentos en algún sitio. Atrapado por la música de la banda sonora que le recordaba a su infancia o a recuerdos de sus padres que le contaban en su infancia, se dispuso a observarla tranquilamente. Conforme la película avanzaba se iba percatando que, tal vez por el paso del tiempo, la trama de la misma era muy básica, casi tonta. Pero seguía enganchado por las canciones que sus protagonistas cantaban o bailaban.

La actriz principal, muy famosa a partir de ese film, no lo conquistó más de lo que él ya conocía por innumerables otras películas de similares características o videoclips musicales acompañando al protagonista. Sin embargo le llamó la atención la sonrisa de una muchacha con un papel secundario que aparecía esporádicamente en las escenas grupales y que no había llegado a tener la fama de la otra. Para el papel que cumplía esta chica en la película no era necesario para el director destacar sus características femeninas, ataviarla con vestimenta sensual o enfocarla en movimientos eróticos, incluso hasta la vestimenta era ordinaria comparada con la de la protagonista. El cabello lucía un peinado casi ridículo, no solo ayudado por el paso de la moda que reinaba en aquella época, sino porque le habían dado un color extremadamente llamativo y extravagante, probablemente para destacar rasgos casi infantiles en su personaje.

Todo lo anterior la dejaba en total desventaja para atrapar la atención masculina de los televidentes, sin embargo Edward pudo ir más allá y fijarse en detalles de la mujer que encarnaba el personaje. A medida que transcurría la historia él iba sintiéndose cada vez más atraído por aquella muchacha. Comenzó a fascinarse por los dientes que hacía de aquella una sonrisa especial, de un blanco perfecto, pequeños y destacando por su tamaño, sobretodo el largo, los dos centrales. Luego, en una escena posterior quedó cautivado por los ojos de la muchacha, negros, rasgados a su vez pero grandes, con las pestañas maquilladas de tal forma que le daban como profundidad respecto al rostro. Profundidad resaltada aún más por las mejillas regordetas de la chica, coloreadas con un rosado fuerte de la época y una nariz no muy femenina, básicamente por su tamaño pero delicada en su fineza. Todo esto hacía de aquella una cara totalmente atractiva y dulce, en un cuerpo delgado y moldeado como el de todas las modelos y actrices. Mientras esos estímulos llegaban a su inconsciente fue sintiendo una especie de enamoramiento en su soledad. Hasta el punto que ya solo esperaba las escenas donde ella aparecía, lo inquietaba el tiempo que tenía que esperar para volver a verla, ya que la mayoría de las escenas estaban ocupadas únicamente por los protagonistas.

Finalmente, ya a mitad de la película, llega un momento donde esta chica toma cierto protagonismo momentáneo formando parte casi exclusiva de la escena, que se prolonga por toda una canción. Casi dos minutos de pantalla a pleno que terminan de realizar el trabajo necesario para que Edward quede absolutamente hechizado por la chica. A partir de entonces se comenzó a sentir turbado por la confirmación de sentirse enamorado de una actriz. Algo que obviamente a su edad y para su forma de ser era una tontería. Pero no podía evitarlo y mucho menos mentirse, estaba enamorado de ella. Podía intentar razonar, sentirse un tonto, pero no podía engañarse a sí mismo, en su interior sabía que se encontraba embelesado por aquella mujer.

Terminó la escena y el ya solo podía pensar en ella, solamente quería verla, cosa que pudo cumplir a cuenta gotas hasta el final de la película. Resignado al sentimiento que lo invadía pensaba como podía haberse permitido enamorarse de una actriz.

A todos nos ha pasado de enamorarnos de una actriz, y todos sabemos que es un imposible, un amor que no va a ser correspondido, primero que nada porque nos enamoramos de un personaje, no de una persona. Es muy distinta aquella chica de la pantalla a la actriz que la encarna y es de piel y hueso, no solo físicamente sino su actitud o personalidad. Pero incluso si pensáramos que fueran la misma cosa, actriz y personaje, es una actriz inalcanzable para nosotros y nuestro entorno. Aún más cuando es extranjera, las probabilidades de encontrarla son aún menores si la chica vive a doce mil kilómetros de distancia. Esto nos da una especie de tristeza o desolación que puede durar tanto como perdure el amor que nos generó el verla. Podemos llegar por momentos a sentirnos desbastados al pensar que nunca podremos ni siquiera cruzarnos con ella, ya ni pensar que al cruzarla pueda fijarse en nosotros. Es una aflicción que lastima, un sentimiento de impotencia y amargura por estar viviendo aquello.



Carlos Silva Cardozo

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En el texto hay: japon, daruma, viajes

Editado: 30.05.2019

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