El deseo de Kaylee

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Capítulo 1: Tarde de chicas

 

Kaylee estaba sentada en su banco, observando la desgastada mesa de madera, las marcas de uñas habían acabado con la capa de barniz, su café se enfriaba.

— ¿Estás escuchándome?

Riley, con su buzo gris y su habitual gorro negro, la miraba en un fallido intento de parecer enojada.

— ¿Honestamente? No —Kaylee sabía que la verdad era algo que su amiga asimilaba demasiado bien— ¿Qué decías?

—Te decía que Hunter y yo queríamos pedirle permiso a Aria para festejar mi cumpleaños en uno de los bares de Woodstone City.

¡Vaya! Esa sí que era una sorpresa.

— ¿Desde cuando quieres ir a fiestas en bares? Tú te asustas hasta de tu sombra.

—Discúlpame por querer intentar algo nuevo —dijo con sarcasmo—. Quiero hacer una cosa diferente a lo que hago siempre, ya no quiero sentarme en una casa y... ¡Maldición Kaylee! ¿Sabías que ignorarme es algo muy descortés?

Si Riley supiera que la ignoraba solo por el hombre que acababa de entrar al bar la entendería. Bien, tal vez no, porque ella era la voz de la razón, esa voz que Kaylee no quería oír.

Luke Mckane era un hombre solitario, fuerte y bien parecido, un cambiante lleno de poder listo para la acción en cualquier momento.

Llevaba más de un año acechándolo en silencio, la intriga se sumaba a la atracción que se anudaba a su pecho firmemente. Luke era alguien imposible de ignorar, más allá de su apariencia, residía algo más oscuro que hacía que ese hombre silencioso fuera extremadamente reservado y antisocial.

— ¿Podrías disimular? Tu baba hará que alguien se tropiece.

El comentario de Riley devolvió su mente a la realidad.

—Si tan solo pudiera hablar con él...

Su amiga suspiró.

—Madre mía, Kaylee reacciona ¿No ves que Luke Mckane es peligroso?

Kaylee la miró a los ojos y sonrió conteniendo su risa. Sí, Luke a sus ojos podía ser peligroso, no sería el lugarteniente del clan White Claws si no lo fuera, pero Riley veía las cosas de otro modo, sus conceptos eran diferentes por la experiencia que tenía.

—Riley, desde tu perspectiva, hasta un chico como Aiden es peligroso.

Era cruel comparar a otro de sus mejores amigos para revelar la insensatez de Riley cuando hablaba de hombres. Sacar a Aiden en la conversación siempre la hacía reaccionar, ella era muy unida a él.

—Estás exagerando. Además, tú estás a punto de emparejarte con Hunter ¿Recuerdas?

Kaylee recordaba, y muy bien, Hunter la había cortejado desde hacía dos años, le había prometido que esperaría hasta que cumpliese los dieciocho años.

Los había cumplido tres meses atrás. Y Hunter no le había mencionado nada, ni siquiera la había presionado, sin embargo la había envuelto en una empalagosa cita romántica. Kaylee no estaba segura de quererlo.

Lo que sentía por Hunter no tenía nombre, pero lo que sentía por Luke... Era algo distinto, una mezcla de deseo, pasión, necesidad, amor...

—Tierra llamando a Kaylee — Bromeó Riley— ¿Tu cerebro sigue ahí?

—Lo siento ¿Estabas diciendo algo?

Riley entornó los ojos.

—Definitivamente no tienes remedio ¿Quieres ir a la cascada? Aiden y Belle nos invitaron.

—De acuerdo, vamos.

Salieron del bar y caminaron hacia el auto de Riley, el estacionamiento estaba varios metros más abajo ya que el bar estaba construido casi en la cima de una colina.

— ¿Kaylee? —Susurró Riley.

— ¿Qué pasa? —Contestó en el mismo tono.

—Creo que nos están siguiendo.

Su amiga era muy tímida y extremadamente asustadiza, eso en términos de acción y supervivencia no era nada bueno, ella no sabía defenderse y era propensa a los ataques de pánico.

—Ve adelante de mí, no te apresures.

Kaylee escuchó unos pasos detrás, el viento estaba en su contra, no podía reconocer a nadie que estuviese detrás.

—Hola señoritas.

Un hombre alto y viejo, de unos cuarenta años apareció detrás de ella, alto, canoso y con unas cuantas arrugas en su frente, no estaba solo, Kaylee se dio vuelta para poner fuera de su vista a Riley.

—Hola —Le dijo con su mejor voz amable.

—Las vimos en el bar y no podíamos sacar coraje para hablarles —habló el hombre más viejo—. Mi amigo y yo queríamos saber si querían ir con nosotros a dar un paseo.

—Es muy amable de su parte, pero tenemos cosas que hacer.

—Oh seguramente pueden hacer tiempo conocemos un lugar que estoy seguro que les encantará.

—Hemos dicho que no.

El viejo se acercó a ella y ella retrocedió hasta toparse con el auto, estaba acorralada, el otro hombre un poco más joven tapaba su salida. Riley temblaba a un metro, pero había sacado sus garras. Lástima que ninguno de los humanos le prestó atención.

Ellos tendían a asustarse tan fácilmente cuando las cosas no estaban a su favor...



Jaqueline. S

Editado: 26.02.2019

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