El designio de Amalia

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2. Secretos

Me encuentro en la terraza de la escuela, la lluvia ha parado así que contemplo el cielo nublado; la brisa fresca despeina mi cabello, si antes parecía un león con una coleta improvisada ahora pareceré un monstruo peludo; cierro los ojos tomando una bocanada de aire invernal disfrutando de pacifico momento intentando despejar la mente, mientras hago tiempo para ir a hablar con el preceptor, cuando lo he buscado la secretaria me ha dicho que estaba ocupado hablando con la directora.

Cuando estaba por subir a tomar un poco de aire vi en una zona apartada cercana a la puerta a Xavier hablando con Catalina, ella se quejó sobre algo y él no le prestó atención, Xavier estaba tenso y apretaba con fuerza sus puños, me parece extraña su reacción ya que minutos antes se mostró seguro de sí mismo, eso hasta que mi amiga se cruzó de brazos y comenzó a quejarse casi en susurros con él.

Tomo un mechón de mi cabello y juego con él. Aun no comprendo lo que ha sucedido en el aula, me asusta el hecho de que su voz haya sonado en mi cabeza y por mucho que le de vuelta al asunto no llego a una conclusión coherente de cómo lo hizo, simplemente todas mis ocurrencias terminan apuntando hacia una dirección: telepatía.

¿En qué carajos estoy pensando? Creo que ver una maratón de películas fantasiosas la noche anterior me ha hecho muy mal. Estas cosas NO existen, NO son reales.

Suspiró y volteo con la intención de volver a buscar al preceptor, supongo que no deberá de tardar demasiado, una vez el problema esté resuelto podré estar más tranquila. Tan solo es pedirle que escriba mi nombre junto a Celeste y cambiar a su compañero al lado del nuevo, nada más. Justo en la maldita puerta de entrada está el nuevo apoyado contra el umbral y cruzado de brazos, oh por el amor a Dios, ¿Es que acaso no puedo quitarme a ese idiota de encima? Otra chica moriría por la atención de un chico nuevo y atractivo como él pero sinceramente me parece un pesado.

— ¿Puedo saber en qué estabas pensando? —su irritante tono de voz sonó ronco, acto seguido sonríe, ags que irritante sonrisa tiene.

Camina hacia mí metiendo sus manos en los bolsillos de sus pantalones, me cruzo de brazos y suspiro; su simple presencia me molesta después de todo él no me cae bien, ¿Lo he dejado claro ya? Me parece que sí. Este chico me da una extraña sensación de peligro, provoca que mi cuerpo retrocedió involuntariamente y se tense con cada palabra que sus labios formulan, con cada movimiento que su cuerpo emite, de él desprende la desconfianza.

— ¿Y quién eres tú para preguntarme tal cosa?—frunzo los labios hasta formar una fina línea, la tranquilidad que había logrado obtener luego de lo ocurrido se desvaneció; los nervios poco a poco aparecen en mi por más que intente alejarlos.

Xavier suelta una carcajada la cual provoca un extraño temblor en mi cuerpo, oírlo reír me parece extraño, más extraña su risa vacía, hueca y fría, asusta. Sonríe con nostalgia y desvía su mirada al cielo mientras camina hasta la baranda, estoy entre salir corriendo de allí o quedarme, no sé qué hacer realmente, se le nota distraído y triste. ¿Qué le estará pasando?

Siento miedo de aquel extraño muchacho que acaba de ingresar a la escuela, algo en mi interior grita que vaya a buscar de una maldita vez al preceptor pero otra parte de mi quiere quedarse a mirarlo, mirar su piel de porcelana y aquellos ojos azules vidriosos que están al borde de las lágrimas.

—Tranquila, no te morderé... por ahora.—susurra dejándome atónita.

Su mirada se posó sobre mis ojos por unos segundos antes de bajarla a mi cuello. El bello de la nuca se me erizó y un leve escalofrío cruzó mi columna vertebral. Trago saliva nerviosa, bien Xavier Wolf, ¿A que estamos jugando? Tal parece esto no es una simple broma, ¿Acaso es un animal? ¿Qué morderá? Sonó un poco idiota de su parte aquella frase, me recordó a esas películas de vampiros románticas donde usan frases sin sentido alguno y distorsionan la imagen de esas criaturas.

— ¿Quién eres realmente, Xavier?—cuestiono.

Por dentro me siento segura de mi misma pero a la hora de hablar, de sacar mi pregunta, mi voz tembló. Fue un temblor casi perceptible, arqueo una ceja y desvió la mirada, no puedo tenerla sobre él, me intimida y causa vergüenza, si como leyeron, tengo vergüenza de la pregunta que he hecho.

Una leve risa se escapa de sus labios, pero suena incluso forzada, ladea la cabeza y aprieta sus labios, realmente este chico me confunde. El brillo en sus ojos desapareció para darle paso a una mirada vacía; no le vi la gracia a mi pregunta, este chico acababa con mi poca paciencia.

La brisa del viento invernal sopla, el frío provoca que mis dientes castañean. La ropa que él luce hace que tenga aún más frío, ¿Es que acaso él no lo siente? ¡Debería de abrigarse más! En mi caso tengo una chaqueta bastante abrigada en la mochila. Los músculos de su mandíbula están tensos al igual que su cuerpo, baja la mirada recorriendo el suelo y se queda distante, pensativo, calculando que responderá.



NaomiMili

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En el texto hay: vampiros, romance, drama

Editado: 18.11.2018

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