El Dia

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Me desperté sin dificultades, el reloj marcaba las cuatro de la mañana, recordé la plática del día anterior –mi tía tiene toda la razón, debo mejorar mi forma de ver las cosas– pensé. Me levanté y me metí a la ducha, en tanto me bañaba pensaba en cómo hacer para mejorar mis actitudes y mi vida en sí – ¿Qué puedo hacer para mejorar? Creo que haré una lista de lo que debo de mejorar para que se me haga sencillo.

Cuando salí del baño me puse una toalla alrededor de mi cuerpo, para taparme, tomé una cartulina y un marcador e inicié a escribir:

1. Agradecer por un día más –puesto que ya lo había dejado de hacer.

2. Pensar en positivo.

3. Darme unos minutos para ver lo bueno que me reporta el día.

4. acordarme de lo bueno que me proporciona cada cosa al momento de enojarme por ello.

5. Dedicar tiempo a las personas que quiero.

Bien, esto estará bien para iniciar– me dije. También tomé mi agenda y anoté todo para que me lo acordara en mi trabajo. Me acabé de alistar, a las seis y media llegué a mi trabajo, había asuntos atrasados así que debía empezar temprano para ponerme al corriente. Entré a la oficina de mi jefe a reportar mi llegada.

- Buen día –saludé.

- Buen día –respondió la interlocutora.

- Empezaré con lo pendiente, si me necesita para algo me avisa.

- Si claro.

La mujer hablaba sin siquiera mirarme estaba ingrida (atrapada/con toda su atención) en lo suyo; ya salí del lugar para ponerme manos a la obra, tenía mucho que hacer.

Ya en la hora de almuerzo salí junto con Lisa, llegamos al comedor donde nos sirvieron el plato del día, que al ser lunes era sopa, una deliciosa sopa de res con tres tortillas recién hechas, al dar la primera probada el sabor que inundó mi paladar era exquisito, yo cerré mis ojos con expresión de placer, estaba hambrienta y aquel rico sabor me llevó a las nubes. Escuché la risa de Lisa por lo cual abrí los ojos.

- ¡Qué expresión! –dijo Lisa aun riendo.

- Está deliciosa –indiqué sonriendo.

- Te he visto el semblante cambiado –inquirió la chica acomodándose mejor en la silla– se te nota más relajado.

- ¿De verdad?

- Si.

- Pues es un nuevo objetivo que me he trazado –ella me quedó observando con intriga –pues, una nueva forma de tratar de ver mi vida, es decir, más en positivo.

- ¡Ah! Ya.

Terminamos de comer, cuando finalicé el almuerzo regresamos a la empresa y cada cual a su labor. A eso de las dos de la tarde informan que es necesidad de la compañía abrir una nueva cuenta bancaria en otro banco para agilizar las transacciones, así que mi jefe me informó que fuera yo a ver los requisitos que requerían, obviamente hay ciertos patrones repetitivos pero de acuerdo a cada política de cada banco existen sus variantes. Salí con todo lo necesario el chofer de la empresa me aguardaba, me subí al vehículo, era un Toyota Yaris  color gris, en pocos minutos el auto se aparcó frente al edificio bancario, yo descendí del vehículo, me dirigí a las oficinas correspondiente ahí me recibió una joven, esta me indicó todo el papeleo que debía de hacerse, yo anoté todo lo que se necesitaba y me dispuse a retirarme. Cuando salía del edificio casi tropiezo con Mairena, me  sorprendió el habérmelo encontrado ahí.

En una rápida visualización noté que poseía el mismo porte, la misma mirada fría y perdida en un vacío inexistente, al casi tropezarnos observé que su mirar me pasó por soslayo, pero al reconocerme se detuvo.

- Galeano –indicó.

- ¡Oh! Disculpe –dije por casi atropellarlo, su mirada no se posaba en mí, lo que me pareció extraño– lo siento.

Me disculpé, me dispuse a salir totalmente él detuvo la puerta para que lo hiciera.

- Pierda cuidado –musitó en tanto la puerta se cerraba.

Regresé al vehículo, en el trayecto iba pensando en el tipo, encontrármelo me hizo memorizar cuando renuncié a mi anterior trabajo, no había vuelto a recordar ese momento, pero ver al hombre hizo que a mis pensamientos regresara aquel recuerdo, sobre todo cuando su temperamento cambió.

Llevé todo a mi jefe para que lo revisara, después ya con su revisión me dijo que se lo pasara a la secretaría del presidente de la compañía.

Durante todo lo que restaba del día no remembré el incidente, mi mente tan solo estaba ocupada en asuntos de trabajo. A las cinco ya estaba exhausta, llegué a la parada de autobuses, esperé cuando la unidad arribó iba bastante llena, a como pude me subí, a la hora de descender me costó mucha más abordé la otra que iba exageradamente al tope, en la última grada de la puerta me subí.



Katherine G. Alaniz

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En el texto hay: felicidad, libro, amor y llanto

Editado: 28.08.2019

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