El Dia

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XVIII

Sus palabras me sorprendieron provocando curiosidad, ¿qué podía ser eso tan importante que debía decirme? Nunca había tenido que comunicarme algo que ameritara esa expresión que muy pocas veces había visto así, además que nunca me había informado ya que la primera vez que preguntó terminé escuchando un grito ofensivo.

“- eso no es de tu incumbencia, vete a buscar cómo trabajar holgazana –me dijo duramente”

Pero como ya había comenzado mi ejercicio de intentar cambiar mi perspectiva me contuve. Pero ahora…

- Bien, lo que te voy a decir no sé cómo te lo tomarás, aun que para mí sería una buena noticia –indicó la mujer de edad.

- Bueno dígame.

- Bien, como notaras ya tengo mis años encima, pero claro eso es algo sin importancia hasta ahora… pues en un par de semanas me jubilo.

Cuando expresó eso me quedé impávida –a carajo… ups perdón dije para mis adentros, hay cielos un nuevo o nueva jefe… bueno ya que, veré como lidiar– pensaba.

- En este tiempo que has trabajado bajo mi mando he notado que eres una joven discreta y pues tratas de poner tu empeño en tu trabajo, además de no darte por vencida. También reconozco que mi carácter es un poco fuerte y a pesar nunca me contéstate mal, eso es una virtud… al menos para mí –soltó la mujer acomodándose los lentes– pues bien, si has notado te he ido preparando, pues todo eso me animó y te digo que me atreví a recomendarte ante mi superior como mi posible reemplazo.

Sus palabras me dejaron helada, no podía creer lo que me decía.

- Dijo que lo consideraría sobre todo viniendo de mí, pero casi estoy segura que tú ocuparas mi puesto.

- Gra… gracias, muchas gracias por sus palabras, recomendaciones, enseñanzas y todo… de verdad muchas gracias –solté muy agradecida.

- Bueno, estate pendiente. En cualquier momento te llaman a presidencia.

- Bueno, gracias.

- Bueno, a continuar con el trabajo.

Yo me puse de pie y salí de la oficina, estaba conmocionada por la noticia, eso era muy bueno. Me fui al baño quería compartirlo con mi novio y mi familia.

Primero marqué el número de casa y le conté deprisa a mi madre, esta al escuchar soltó un grito de emoción.

- Calma mamá que aún no me han confirmado nada.

Mi mamá me dijo que cuando llegara a casa hablaríamos con todos los detalles, luego marqué el número de Mairena pero no me respondió, regresé a mi puesto a seguir con mi labor.

 

Las horas de la tarde volaron, cuando la hora de salida, marqué mi hora cuando salí del edificio, observé a Misael recostado a su vehículo viendo en su celular, llevaba el sacó desabrochado con la impecable camisa blanca resaltando la corbata negra, era muy guapo, estaba muy bien cuidado, se notaba que hacia ejercicio pero no era exagerado, eso me gustaba, además de sus únicas atenciones para mí.

Me aligeré hacia el pero estaba perdido en su celular, con curiosidad me asomé discretamente a la pantalla. Estaba viento estrategias para mejorar la eficiencia del trabajador. Sonreí para mí, él siempre así pendiente de su trabajo de la información.

Me lo quedé mirando sin decir nada, en determinado momento él sintió mi mirada por lo que su vista se alzó sonriendo.

- Discúlpame por no contestarte –dijo– es que estaba en una reunión.

- Tranquilo me lo imaginé –inquirí sonriéndole.

El abrió sus brazos rodeándome con ellos, sentí un poco de pena porque estábamos frente a la empresa, además que todos estarían mirando. Me dio un beso en la frente para posar su vista en la mía.

- ¿Qué querías contarme? –preguntó.

Cuando le iba a contestar escuché que unos pasos sigilosos se acercaron un poco.

- ¡Ah…..! ¡Qué linda pareja! –soltó Lisa.

Me sonrojé de inmediato alejándome de él como una adolecente apenada.

- ¡Lisa! –solté.

- ¿Qué…? –inquirió con las manos en la cintura– solo dije la verdad, no es nada malo –sonrió pícaramente.

Negué con la cabeza, luego me acordé que no se había presentado, era raro porque ya teníamos un tiempo de noviazgo.

- ¡Ah! Les presentó –inquirí sonriendo– bien Lisa te presento a… a  mi novio Misael Mairena y Misael te presento a Lisa Narváez mi amiga.

- Un gusto –dijo seriamente Mairena extendiéndole la mano.

- El gusto es mío –respondió con expresión analizante.

- Bueno nos vemos luego –señaló Narváez dándome un abrazo.



Katherine G. Alaniz

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En el texto hay: felicidad, libro, amor y llanto

Editado: 28.08.2019

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