El Diablo También se enamora

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Capítulo 31

Celeste y Cristóbal estaban vistiéndose para la boda de su hijo. Katherine desde un principio les agradó, aparentaba ser una chica sería y fría, sin embargo, cuando estaba cerca de Azkeel  sus ojos se iluminaban y esa barrera desaparecía.
 


 

La boda se iba a realizar en el gran salón. Los invitados eran Celeste, Cristóbal y el ejército del infierno.
 


 

—Te ves muy guapo, mi diablito —mencionó Celeste acomodándole la corbata de su traje negro.
 


 

—Tu ves hermosa, mi amor —respondió dándole un pequeño beso en los labios.
 


 

Azkeel  ingresó en ese momento. Ya estaba vestido con su traje rojo.
 


 

—¡Hijo, te ves realmente guapo! —exclamó Celeste con alegría.
 


 

Azkeel  se sonrojó un poco; él no estaba acostumbrado a vestirse así.
 


 

—Gracias, mamá. Es hora de irnos —respondió un tanto nervioso.
 


 

—Todo saldrá bien, hijo, no te preocupes —le dijo su padre observando el nerviosismo de su hijo.
 


 

Los tres se dirigieron hacia el gran salón. Todo estaba decorado con flores rojas y negras, las sillas estaban hechas de huesos humanos y la alfombra que llegaba al altar  era negra con líneas rojas.
 


 

Azkeel  se encontraba frente al altar esperando a su futura esposa. 
 

A los pocos minutos Katherine ingresó. Su vestido de novia era color negro  con un escote prologando en la parte de adelante, con encajé y perlas adornaba la parte inferior y su cabello estaba recogido  en un hermoso moño.
 


 

Al llegar al altar, la ceremonia comenzó con los votos de pareja. Era el turno de Azkeel:
 


 

—Katherine, quiero que seas mi esposa. Eres la persona perfecta para mí y deseo que estés siempre a mi lado. Te amo, preciosa —pronunció Azkeel con dulzura.
 


 

Katherine lo miró conmovida. Ahora era el turno de ella.
 


 

—Azkeel, eres un maldito loco impulsivo y eso es lo que amo más de ti —comentó con una leve sonrisa—. Eres cruel y no te  imaginas cómo disfrutó cuando torturas esas patéticas almas. Te amo, Azkeel, y espero  que seas mi esposo para siempre —le dijo finalmente.
 


 

Los dos intercambiaron anillos hechos con un metal indestructible que sólo existía en el infierno, con éste Katherine podía abrir en portal que conducía a la tierra y trasladarse sin problema (Azkeel  había descubierto este material especial y tuvo la idea de formar un anillo y trasladar a él un poco de su poder, fue de esa manera que descubrió que colocándose el anillo podía abrir el portal)
 


 

La ceremonia terminó y los novios se despidieron  para disfrutar de su luna de miel en la tierra de los vivos.
 

 

Celeste y Cristóbal regresaron a su cueva. Él se encontraba agotado.
 


 

—Cristóbal, dime, ¿Qué puedo hacer para ayudarte?—interrogó con preocupación—. No soporto verte así todo el tiempo —agregó Celeste con angustia.
 


 

Él la miraba indeciso. Había estado prolongando esos meses un secreto, el cual podría ayudarlo a recuperar su energía y poder absoluto.
 


 

—Celeste, cuando vivía en el cielo escuché un pequeño relato entre dos arcángeles —relató con cansancio—. Consistía en que, si un ser viviente estaba mal herido o a punto de morir y tomaba sangre de un ángel no puro en contra de su voluntad, éste ser se recuperaba y recuperaba sus energías, pero  con más poder —le dijo con seriedad.
 


 

—Es muy similar a lo hizo nuestro hijo para romper el sello..., aunque este es diferente porque la sangre es en contra de su voluntad —pronunció pensativa—. Lo que significa que sería  un asesinato —agregó.
 


 

—Hay una manera de comprobarlo. ¿Acaso no tenemos un ángel no puro entre nosotros, mi amor?—mencionó Cristóbal con una sonrisa macabra.
 


 

Celeste sonrió antes las palabras de su esposo.
 


 

Le ordenó a unos de sus sirvientes que buscara a Dalila y segundos después, ella se encontraba frente a ellos.
 

—Aqui estoy, ¿qué se les ofrece? —preguntó Dalila ingresado a la cueva.
 

Cristóbal, que estaba escondido, se colocó detrás de ella y con una navaja le hizo  un profundo corte en el cuello. Dalila intentó llevar sus manos hacia ese lugar, pero Cristóbal no la dejó. Se acercó a ella, acorralándola con su cuerpo, observó la herida y de inmediato bebió de su sangre.
 

El líquido recorría su cuerpo, llenándolo de vida, fuerza y poder. Dalila desapareció por completo: su vida celestial había sido arrebatada.
 

El diablo sintió una corriente eléctrica recorrer su cuerpo; se sentía con más fuerza, ya no se sentía tan agotado. 
 

Celeste, que se encontraba observando todo, se acercó a él.
 

—¿Funcionó? —interrogó Celeste con intriga.
 

Él  dirigió su vista hacia su esposa; sus ojos eran más negros, poseían un brillo especial.
 

—Sí —respondió fríamente.
 

—Eso es excelente, sin embargo hay un problema, ¿dónde encontraremos más ángeles? —preguntó Celeste.
 

El diablo sonrió ante su pregunta.
 

—Solo hay un lugar donde ellos se encuentran —respondió con malicia—. Iré al paraíso— le dijo muy seguro de su respuesta.
 

Celeste lo miró con desconcierto. Eso era muy arriesgado, pero  sabía que su esposo no se rendiría tan fácilmente.
 


 



Evelyn Romero

#3 en Paranormal
#1 en Mística

En el texto hay: lucifer, humana, paranormal

Editado: 06.06.2019

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