El Diablo También se enamora

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Capítulo 2

Habían transcurrido dos días desde que el Diablo había visitado al mundo humano. No dejaba de pensar en las acciones de aquella mujer y no sabía porqué sus pensamiento iban dirigidos a esa chica .

Decidió regresar nuevamente. Tomó su aspecto humano, abrió el portal, lo atravesó y llegó al mismo pueblo que había visitado. Caminó con dirección al parque y tomó asiento en el mismo lugar. En esta ocasión no había mucha gente.

Buscó con la mirada a aquella chica pero no la encontró. Suspiró de frustración y continuó buscándola por unos minutos más hasta la vio entrar al parque. Ella se sentó en el mismo lugar que antes. En su mano llevaba un emparedado, se lo llevó a su boca, comiéndolo lentamente; cerca de ella se encontraban unas aves así que el último trozo de emparedado que le quedaba se lo dio a ellos.

El Diablo, otra vez intrigado por las acciones de aquella humana, la miró fijamente, hasta que ella volteó a verlo, sus ojos se conectaron por unos segundos, llevándolo a una especie de trance .

Quitó su vista de la de ella, pero esta vez iba hacer algo que nunca había hecho antes: Hablar con un humano.

Se puso de pie y se acercó a ella.

—¿Me puedo sentar? —le preguntó señalado con su dedo la banca.

—Sí, por supuesto—respondió ella algo nerviosa por la presencia de aquel hombre tan atractivo.

Guardaron silencio por unos segundos hasta que ella habló.

—¿Eres nuevo en el pueblo, verdad? —preguntó con timidez—. No te había visto antes —agregó observándo aquellos ojos negros.

—Sí, me mudé hace un par de días —respondió sin quitarle la mirada—. Había venido a este parque y te vi dándole de comer a un perro, ¿por qué lo hiciste? —preguntó con curiosidad.

—Bienvenido a nuestro pequeño pueblo —comentó con una sonrisa —.En cuanto a lo del perro no lo sé, me partió el corazón verlo con hambre así que se lo di —dijo recordando su acción.

—No comprendo —mencionó pensativo—. Tú también necesitabas de ese pan para calmar tu hambre, ¿no? —inquirió—. ¿Por qué pensar en los demás primero en vez de ti? —cuestionó intrigado.

Ella lo observó por unos segundos, analizando su pregunta.

—Es mejor compartir con los demás lo poco que tienes aunque no recibas nada a cambio —respondió ella firmemente—. Pensar sólo en mí sería egoísta. Es cierto que yo también necesitaba ese pan, pero en ocasiones hay que ser solidarios con los demás, no importa si no son humanos —agregó viendo un punto invisible.

El Diablo la observó por unos momentos. Se veía tan bella sumergida en sus pensamiento que se había quedado sin preguntas u cuestionamientos.

—Ya veo —dijo—. ¿Siempre vienes a este parque? —preguntó

—Siempre estoy aquí a esta hora; me encanta este lugar —respondió sorprendida por aquella pregunta .

—¿Te importaría si charlamos de vez en cuando? No conozco a nadie y sería bueno tener a alguien con quien hablar —manifestó.

—Por mí está bien. Claro, si tú no tienes problemas a que te vean conmigo —dijo con tristeza—.Generalmente nadie me habla, más bien me ignoran y no se acercan por mi aspecto. Tú eres de las pocas personas que lo han hecho —añadió algo apenada .

—Yo no tengo problema con eso. Cosidérame un nuevo amigo —le dijo cortésmente—. Por cierto, ¿cómo te llamas? —preguntó

—Mi nombre es Celeste —respondió alegremente por aquel intereses de ese hombre tan atractivo—. ¿Cuál es el tuyo?

—Tienes un lindo nombre -mencionó—. Mi nombre es Cristóbal —respondió luego de pensar en un nombre humano.

—Gracias. Gusto en conocerte, Cristóbal —respondió Celeste dándole la mano en forma de saludo.

Él correspondió a su saludo, a pesar que la mano de la chica se encontraba sucia, Sintió una vibración y un calor en su pecho que nunca había sentido al momento de hacer  contacto con su  piel.

—El gusto es mío. Espero verte mañana, si no tienes inconveniente —agregó algo atropellado. Por alguna razón se sentía nervioso .

—Sí, por supuesto, aquí estaré a esta misma hora —respondió ella con alegría.

—Muy bien, te veré mañana entonces. Me tengo que ir.

El diablo se puso de pie y se alejó del lugar. Regresó nuevamente a su mundo, confundido y a la vez con aquella sensación en su interior que no sabia que era. Alejó esos pensamientos y se dirigió a supervisar que todas las torturas establecidas se cumplieran, no si antes dejar claro que mañana regresaría a aquel parque .


Celeste observó a aquel extraño hombre alejarse. Se sentía feliz de que alguien como él le hubiese hablado.
Las personas nunca se le acercaban por su aspecto; ahora por primera vez podía tener una especie de amigo con quien hablar. Se puso de pie y se salió del parque. Recordó a Doña Julia, ella le había dicho que pasará por su casa mañana temprano ya que le tenía algo que le podía servir. Así pues, dirigió sus pasos con dirección hacia aquel callejón que era su "casa" .

Se dispuso a dormir sobre aquellos pedazos de cartón. Ya era de noche y las estrellas se hacían presente en aquel cielo nocturno.

Sonrió al recordar el rostro del Cristóbal. Hoy había sentido una sensación agradable en su interior al estrechar su mano con la de él. No sabía cómo explicar ese sentimiento porque nunca se había enamorado de un hombre, por lo tanto no podía comparar ese sentimiento con el que tanta veces había visto en aquellas parejas que caminan por el parque y en las calles del pueblo.

Poco a poco sus ojos se cerraron por completo y no tardó en caer en los brazos de morfeo.



Evelyn Romero

#5 en Paranormal
#1 en Mística

En el texto hay: lucifer, humana, paranormal

Editado: 06.06.2019

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