El diario de la abuela Carlin

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PARTE 1

01 de Octubre del 2018.

Querido diario,

Espera… ¿cómo se inicia esto?, creo que así es, el típico querido diario, o tal vez ya pensaré en un nombre diferente para ti, a mí no me gusta lo típico, me gusta lo exótico y diferente, ya me conocerás mejor Mr. Diario.

Bueno, antes de iniciar, te cuento que no soy mucho de escribir, mi nieta es escritora pero está demás contarte que definitivamente eso no lo heredó de mí, yo creo que hasta ya he olvidado cómo se agarra un lápiz, para hacer mi firma en documentos legales no necesito más que una L y una raya. Sí, querido diario, yo soy bien práctica.

Pero bueno, me desvié del tema.

Retomando la conversación inicial, mi terapeuta me dijo que tenía que contarte todo lo que me pasaba todos los días, según el doctor buenote, es una forma de liberación y es que después de contarle, lo que te vengo a escribir aquí hasta tú vas a creer que estoy loca.

No me malinterpretes Mr. Diario, soy una mujer normal, con casi ochenta años, pero con una alma joven y fogosa, ¿Qué hay de malo con eso? Cuando se lo he comentado a mi antigua terapeuta se echó a reír ¡Ja! dejé su oficina indignada, ¿Después de todo quién la necesita? Pero déjame decirte que creo en eso de que «las cosas pasan por algo», porque molesta fui al consultorio del terapeuta a la par del edificio de su oficina solo por venganza, y cuando entré, miré uno de los más perfectos adonis que alguna vez yo haya podido ver: Con ojos cafés y un cabello azabache, unas peculiares entradas donde se asomaba la raíz de un cabello entrecano, nariz perfilada y una boca completamente besable.

Me cautivó Mr. Diario, ¡ME CAUTIVÓ!

Pero… ¿Qué puedo decirte? Tenía mucho que no se me mojaba la pepitilla y con este Dios griego ¡Ohhh! Es que… no diré más para que no creas que soy una pervertida Mr. Diario, pero me dije, en este consultorio sí me quedo.

Él se acercó a mí y entre más pasos daba, más la garganta se me secaba y es que todos los líquidos de mi cuerpo se habían agolpado en una parte en específico. Me sonrió y vi sus dientes blancos y perfectos, de esos que perfectamente pueden salir en un anuncio de Colgate con el sonidito del «chiqui chiqui» que me vuelve histérica. Me arreglé el cabello y acomodé mis gafas de color rosa sobre mi cabeza, solo pasó a la par mía con un leve asentimiento y salió, lo perdí de vista al cruzar la calle y hasta en ese momento, recordé como se respiraba.

—Disculpe señora. —Una voz femenina llamó mi atención en ese instante, giré en su dirección porque me había quedado viendo el lugar donde el dios griego se había perdido, una jovencita dulce, con el cabello negrísimo y corto, un poco más arriba de los hombros. Me sonrió y preguntó—: ¿Tiene cita para hoy?

Negué con mi cabeza, pero no me quería ir de ahí porque luego de ese adonis que salió del consultorio, entró otro mucho más joven y ¿qué te digo Mr. Diario?, todos los leones aman la carne fresca ¿o no es así? ¡Grrrr! En fin, fue una tormenta que se formó en mi desierto, de esas hasta con truenos y relámpagos.

—Pero quisiera una cita —le dije a la joven mujer, quién tendría algunos veinte años. Voy a confesarlo, sentí envidia Mr. Diario, porque ella sí podía ver esos dioses griegos todos los días, maldigo el día que decidí haberme ido a vivir a las afueras de la ciudad y no quedarme en el centro, pero para ese entonces querido diario, mi Billy estaba vivo, pero ya te hablaré de él más tarde, así que poniendo mis gafas nuevamente en mis ojos le contesté a la joven—: ¿Puede anotarme en algún lugar de su libreta? Todos los días si es posible.

Y así fue como inició todo, como fue que después de hacerme una cita y asistir el primer día terminé en una librería comprándote, pero eso no es todo, el doctor estaba más bueno que el pan y terminé obedeciéndolo, me sentía como la Anastasia Steele en ese momento: «a sus órdenes». Aunque no deseaba nada más que ser azotada por un papasote como el doctor buenote, miré la sortija en su dedo anular y definitivamente ahí si me retiré de acción querido diario, un torbellino en la cama —palabras textuales de mi Billie— pero nunca rompe hogares, entonces solo me quedé ahí para contarle mi vida, ocultando muchas cosas obviamente y esas son las que te contaré a ti, después de esto hasta tú me aconsejarás encerrarme en un lugar para ancianos, uno muy religioso que me ayuden a limpiar mis pecados.

Pero Mr. Diario, sólo se vive una vez ¿o no es así?



Roxana Aguirre

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En el texto hay: humor con chicas, humor comedia risas, abuelitas locas

Editado: 04.06.2019

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