El diario de la abuela Carlin

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PARTE 7

08 de Octubre del 2018.

¡Uf! Pero qué día, Mr. Diario ¡qué día!

¡Y qué noche también!

Espero no te molestes porque no te escribí ayer, pero lo estoy haciendo hoy muy temprano, con una resaca que se siente como el mismísimo infierno y un dolor de cabeza como si me han partido el cráneo en dos. Sí, sí, ya sé que nunca me han partido el cráneo tampoco, pero estoy casi segura que es así como se siente.

Pero ya te preguntarás porqué estoy así, Mr. Diario.

¡Me fui de fiesta!

Así como lo lees, ¡Me-fui-de-fiesta! Y… ¡con un escuadrón de bombones!

¿Cómo? Sí, ¿Cómo?

Vale, me siento en la necesidad de contarte desde el principio para que me comprendas mejor y no creas que perdí el raciocinio. Todo empezó así, Mr. Diario:

—Señorita Lydia. —Escuché a mis espaldas. Ya desde aquí te puedes imaginar de quién se trataba. Estaba yo saliendo del spa de mi amiga Pili porque necesitaba rejuvenecerme un poco ya que tengo un dios griego trabajando para mí y no hay forma que se me noten las patitas de gallo y la falta de colágeno. Cuando intentaba cruzar la calle escuché esa voz y me giré de inmediato para ver al bastoncillo de caramelo con una camisa de rojo muy vistoso y pantalones de pitillo color gris— ¡Pero qué bueno encontrármela por aquí!

Moví mis pestañas tintadas mientras me quitaba las gafas de sol y las ponía sobre mi cabeza, con un gesto de asombro y una sonrisa coqueta que el bastoncillo correspondió.

—¿Lo ves? Estamos predestinados a reencontrarnos siempre —le dije, él se rio como de costumbre.

—Debe ser el hilo rojo del destino. —Me guiñó un ojo. Entonces fue mi turno de reír, me encantaba ese hombrecito, el dulce Gabriel me seguía siempre el ritmo, más no se imagina que yo hablo en serio—. No la volvimos a ver en el gimnasio, ya estamos comenzando a extrañarle.

Y me hizo un mohín, oe oe oe, guárdate esos gestos muchacho que estoy por llevarte a casa y amarrarte a mi cama.

—Bueno, después de ese día no podía ni mover un dedo. —Oculté que Bárbara quiso matarme con esas rutinas pesadas que no me gustaron nada.

—Es una lástima, porque iba a invitarla a la fiesta de aniversario del gimnasio y si la rutina le pareció pesada, no soportará bailar toda la noche con mi grupo de amigos.

—Espera… ¿musculosos? —El ángel Gabriel asintió con una sonrisa.

—Entonces… No Pain No Gain. —El bastoncillo de caramelo soltó una carcajada. Y me dijo que anotaría la dirección y lo único que llevaba en mi bolso era a ti. Por eso terminaste con una bonita letra de carta en la parte de atrás y ¿a que no adivinas? Un número de teléfono.

Esto contaba como una cita ¿no?

Bueno, ya voy al grano. Me fui a casa, Joaquín me había dicho que no llegaría por asuntos familiares y no quise preguntar cuáles. Me arreglé perfectamente y me fui con mi nueva pandilla de bombones, me comí solo una ensalada porque necesitaba entrar en mi nuevo vestido de látex recién comprado. Cuando lo deslicé por mi cuerpo… ¡uf! … pensé que si no traía uno de esos dioses a mi habitación, al menos traería un bartender.

Pero ¿qué te digo, Mr. Diario?

Me los traje a todos.

Así es, todos esos hombres con tabletas de chocolate terminaron en mi casa.

Y hasta un bartender.

¿Suena genial, eh? Pero no te creas, que todo está súper lejos del cachondeo y cuando mis hijos entraron a mi casa esta mañana y vieron aquellos nueve cuerpos musculosos tendidos en mi sala, gritaron que llamarían a la policía.

Y es que lo que pasó después…

Verás, al momento que Frank, mi hijo, gritó eso, por arte de magia alguien apareció en la cima de los escalones que dan al segundo piso y sí, estaba un sujeto, moreno y más que bueno, vestido de policía.

—¿Alguien dijo que llamaría a la policía? —bramó y de un tirón se arrancó los pantalones. Comenzó a bailar de esa manera sensual en calzones que si no es por la presencia de mis hijos, me acerco a bailar con él. Y es que ni siquiera recordaba de donde había salido ese estríper o si había bailado en mi sala o peor aún, si yo lo había contratado. Le resté importancia y un tanto nerviosa, pero para nada arrepentida, me encogí de hombros tomando un sorbo de mi café mañanero que mira que lo necesitaba.



Roxana Aguirre

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En el texto hay: humor con chicas, humor comedia risas, abuelitas locas

Editado: 04.06.2019

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