El diario de la abuela Carlin

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PARTE 12

14 de Octubre del 2014.

 

Querido Word,

Creo que tengo que disculparme primero por decirte que esperaba no tener que escribirte otra vez, ¿qué tal si eres sensible y yo comportándome de esta forma? Vale, que la sensible en este momento soy yo.

Encontré a Mr. Diario.

Sí, así es. Lo encontré. Pero ya te preguntarás por qué no le estoy escribiendo a él, sé que piensas que debería estar contenta, rebosando de felicidad, pero lo que siento está muy lejos de eso. Me ha alegrado encontrarlo, pero no en las manos de quién estaba.

Mr. Word ¿Alguna vez te han pasado cosas malas? ¿De esas que crees que no pueden existir peores y quieres tirarte de un acantilado? ¿De esas que si te pasa un camión encima no sentirías nada porque el dolor que llevas por dentro es mucho más grande? ¿Cómo si ser perseguido por un enjambre de abejas asesinas fuera incluso menos cruel que lo que estás viviendo? Sí, eso es lo que me pasa a mí ahora.

La persona que tenía mi diario, era Joaquín.

Sí, Joaquín, el sexy jardinero.

No sabía qué tan mal podían tomarse mis palabras, o qué tanto se podían mal interpretar las cosas. Pero al ver la cara de furia del dios griego cuando llegué esta mañana a mi casa después del gym, supe que algo andaba mal, muy mal. No tenía idea de cómo Mr. Diario pudo haber llegado a sus manos, o dónde lo pude haber dejado para que ahora estuviera en su posesión. Pero eso no fue lo que me ha impactado más, si no, lo que me dijo después.

Cuando yo llegué a casa, después del gym, ahí estaba él sobre mi sillón con mi diario sobre las piernas. Casi que me daba un paro cardíaco ahí mismo, así que fingiendo que aquello no era una catástrofe, me acerqué a él y dije:

—¿Dónde lo encontraste? —Fingí alegría, pero presentía que algo no iba del todo bien.

—Lo dejó usted en el jardín. —Me reí nerviosa, oh santo escarabajo. Él me lo extendió y al tomarlo, me di cuenta de la huella dactilar cubierta de tierra que tenía en la penúltima página.

—¿Leíste mi diario? —casi rezaba tres aves maría en mi interior para que dijera que no. Estaba a punto de volverme religiosa con tal de que aquel semental dijera que me había dado privacidad y no sabía qué había en el interior de mi diario.

—No quería hacerlo, pero después miré mi nombre.

Me quedé en silencio, pensando qué decirle para que no me malinterpretase.

—Me gusta escribir. —Eso fue lo más brillante que se me ocurrió, seguí caminando hacia las escaleras para irme a encerrar en mi habitación y no aparecer en unos días. Joaquín no dijo nada por un momento, pero lo que se avecinaba, ni siquiera pude predecirlo.

—¿Se droga? ¿Ve porno? ¿Sueña con ser una enfermera sexy? ¿Esto es en serio? Ah, sin mencionar que me hizo un muñeco vudú para que terminara en su cama.

Ay madre, ay madre.

—Lo del muñeco vudú fue idea de la pandilla de bombones. —Él se rio de manera irónica.

—Lydia… —Me detuve en seco y me giré hacia él, lo que vi en su mirada me alarmó, casi podía sentir como sus ojos me atravesaban como dos espadas. Que si él lanzara rayos láser, yo ya no estuviera aquí para contarte el cuento. Estaba en ese momento caminando en mi dirección y se quedó de frente, pero a una distancia prudencial—. Creo que este es mi último día trabajando para usted.

—Pero…

—En serio, qué honor que usted piense todas esas cosas de mí. —Se rio un poco y miré, por última vez, esos incisivos—. Pero a mí me parece algo enfermizo...

—¿Enfermizo? Qué… Enfermizo es leer las cosas personales.

—¡Miré mi nombre ahí! ¡Por eso lo he leído! Pero… no… yo no puedo con esto… usted es… es… como mi abuelita. ¡Es una anciana, por Dios! —Lo que me dolió, fue la manera despectiva con las que escupió esas palabras—. Usted tiene que ser una mujer… normal… de su edad…

¿Una mujer normal de mi edad? ¿Qué es siquiera ser normal? ¿Sentarme a envejecer y ver mi vida apagarse poco a poco desde mi ventana mientras le hago ropa a mis nietos? ¿Eso mismo crees tú, Mr. Word? ¿Por qué todo mundo se empeña en querer cambiarme? Esta es mi vida y me gusta vivirla. Me amo así como soy, quiero gozar cada minuto ¿Qué hay de malo con eso?



Roxana Aguirre

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En el texto hay: humor con chicas, humor comedia risas, abuelitas locas

Editado: 04.06.2019

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