El Diario De Lucifer

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Exorcismo En Bucarest

Miré a María con la mirada desorbitada.

_¿Y entonces?

María estaba pensativa, en completo silencio. Alzó la mirada hacia Matteotti.

_¿Se aplaza el exorcismo?

_La chica no sobrevivirá.

Silencio otra vez. Yo los miraba a uno y a otro con el corazón desbocado.

_Yo estoy capacitado_ dijo de repente una voz a nuestras espaldas.

Al volvernos vimos a Fiore.

_Yo realizaré el exorcismo_ sentenció.

No perdimos más tiempo.

Fiore y Matteotti nos condujeron a través de un estrecho y oscuro pasillo hasta una habitación. No podía ver casi nada, pero oí el sonido de la puerta al abrirse y, del interior, gritos femeninos y lamentos. Sentí que se me encogía el corazón.

_Cuidado con el escalón_ avisó Fiore.

Los dos obispos entraron delante, seguidos de Beni y Gabriel, pero yo no me atrevía a dar el paso.

_Vamos Lucifer_ oí que decía Beni, pero yo estaba totalmente petrificado.

Una mano se posó en mi hombro de repente. Mi primera reacción fue un salto, pero al volver la mirada me encontré con los brillantes ojos negros de María mirándome.

_No tienes que hacerlo.

Le sonreí.

_Cielos, como se nota que no vives en mi piel_ dije mientras cruzaba la puerta.

En mi mente no cesaba de repetirme que una vez cruzada la puerta no había vuelta atrás, pero más de una vez sentí la tentación de huir.

Llegamos a otra puerta al final de la habitación en la que habíamos entrado. Fiore se detuvo antes de entrar y se volvió a nosotros.

_Aquí se acaba nuestra seguridad, una vez que crucemos esta puerta nos habremos metido de lleno en la lucha contra el Diablo_ empezó a decir el obispo mientras señalaba en dirección a la puerta.

Yo la miraba fijamente mientras los pensamientos se arremolinaban en mi mente, por un lado quería salir corriendo, " ¡A la porra con el reportaje !" pensé; pero por otro sabía que eso significaría volver a Los Ángeles con una mano delante y otra detrás, además, no tenía intención de abandonar a María.

El hecho de estar prestando más atención a mi mente que a la realidad hizo que ni me enterara de que habían abierto la puerta y de que el obispo Fiore nos estaba bendiciendo, sólo regresé a la realidad cuando escuché su voz.

_Te absuelvo de todos tus pecados_ dijo e hizo el signo de la cruz con un movimiento de su mano. 

Le dirigí una mirada aterrorizada y luego miré al oscuro interior de la puerta abierta. Delante de mí vi cómo Gabriel entraba y se perdía en la oscuridad. Avancé inseguro hasta la entrada y me asomé.

_Cuidado con el escalón _ dijo una voz desde el interior, supuse que sería Gabriel. 
_Gracias_ le respondí.

Llegué hasta donde estaban los otros tres.

_Cuando quieras puedes empezar a grabar_ dijo Beni. 
_Cuando empiece el exorcismo. 
_Ma, caro amico, (pero, querido amigo) el exorcismo ya empezó en el momento en el que Fiore te dio el perdón de Dios_ dijo Matteotti.

Miré por encima de los tres hombres, tras ellos, atada sobre una mesa, en silencio y sin perderse detalle, se encontraba Jenica. 
Oí la puerta cerrarse y el ruido de personas bajando una escalera, María y Fiore acababan de llegar.

_Una cosa reportero_ dijo Matteotti. Mi atención se centró en él _, si por casualidad oye el nombre de Lucifer, no es usted el nombrado. 
_Sí, eso ya lo suponía.

Fiore lo miró y luego a mí.

_Mejor, para ahorrarnos problemas de confusión, Lucifer él, y Luzbel tú _ me dijo. 
_De acuerdo.

Mientras los otros lo preparaban todo para el ritual, yo trataba de olvidar lo que iba a ocurrir en breve colocando la cámara en el lugar apropiado. Cuando lo encontré, a unos cuantos metros, me situé detrás de ella. 
Lo que veía a través de la pantalla me ponía los pelos de punta, pero traté de no apartar la mirada de ella pues, aunque me aterrorizaba lo que estaba viendo, sabía que verlo en la realidad sería mucho peor. Centré mi atención en María, quien participaba activamente ayudando a Fiore y Matteotti en las oraciones. Beni se situó a mi lado. Sabía que era una estupidez, pero la presencia de un hombre tan corpulento junto a mí me tranquilizó. 
Ya llevábamos casi una hora de exorcismo y, no entendía nada de estos temas, pero no lo necesitaba para saber que algo iba mal. Foire y Matteotti se lanzaban miradas extrañas entre ellos y susurraba algo. Incluso María estaba alerta, y eso me ponía alerta a mí también.

_¿Qué ocurre? _Le pregunté a Beni. 
_Ni idea. 
_¿Cómo que ni idea? Pues tú eres el que ha asistido a otros exorcismos_ dije, al parecer un poco más fuerte. Lo que hizo que Foire y Matteotti me miraran. 
_¿Sería posible que cerrara la boca? _me espetó de repente el más anciano.

La sensación que me produjo fue similar a cuando te dan una bofetada. Sentí como me encendía por dentro y, fui a responderle pero Beni reaccionó con más rapidez y me tapó la boca con sus enormes manos.

_No Lucifer, olvídalo, tú piensa en otra cosa, piensa en tu reportaje, en la cerveza que nos vamos a tomar después de esto, en María... Sí, piensa en ella.

Aparté sus manos de mi boca.

_No te preocupes, sé controlarme.

Un agudo chillido nos interrumpió sobresaltándonos y haciéndonos mirar hacia la chica tendida sobre la mesa. Comenzaba a agitarse con violencia, tratando de soltar sus ataduras mientras pronunciaba palabras en un idioma que no lograba entender.

Beni se apartó de mí, pero yo agarré la manga de su chaqueta para que no se fuera.

_¿Qué está pasando?_ pregunté con los ojos desorbitados por el terror.

_Está luchando_ fue lo único que respondió antes de deshacerse de mi mano e ir hacia donde estaban los otros.

Decidí regresar tras la cámara y no meterme demasiado en el asunto.

De repente una de las cuerdas que la sujetaban cedió, permitiéndole liberar el brazo derecho.

_¡Sujetadla!_ exclamó Fiore.



Vallay

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En el texto hay: espritus, exorcismos

Editado: 09.09.2019

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