El dragón de la luz

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Cápitulo número 7

«Esto hace las cosas aún más complicadas, antes solo era convencer a los dragones de unirse a nuestra causa, ahora es buscar al responsable de la tortura de mis dos mejores amigos, la muerte de todo un pueblo inocente y llevarlo a la justicia».

Lunael estaba allí sentado tomando un desayuno junto a sus compañeros, lo hacía todos los días sin importar las condiciones o los sucesos. Tomó un largo sorbo de su vaso con sidra, mordió un poco de su pan, lo masticó varias veces y tragó. Eran movimientos mecánicos mientras su mente trabajaba en muchas cosas, entre esas la de llevar ante el tribunal al culpable. Aún no habían llegado noticias sobre los Lux, todos creían que habían muerto hace un par de años aunque esto no había pasado y solo Lunael y aquel viejo hombre sabían. Mordió la salchicha, masticó y tragó. Pensar en aquellos tiempos lo ponía nostálgico, eran momentos en los que jamás podría volver.

Se levantó de la silla en silencio y sus ojos estaban llenos de lágrimas, ninguno de los presentes susurró o nombró una sílaba. Estos sucesos eran extraños, no pasaban mucho, pero cuando pasaban era mejor seguir todo de la forma más normal posible, él siempre les recordaba que era un humano al igual que ellos, uno con los mismos sentimientos y alma. Amaba, odiaba, lloraba, sufría, deseaba, esta era la causa por la cual sus compañeros de armas lo seguían. Sin esperar un segundo más comenzó a caminar hacia las escaleras, al llegar al pie de ellas miró al cielo —realmente estaba viendo el techo de madera—, sin más comenzó a rezar a la creadora. Muchos decían que el nombre de ella, Skapeyen. Oró por sí mismo, por sus compañeros, por su sueño, por el reino, por ultimo le pidió fuerzas a aquella diosa olvidada a través de los siglos, la fuerza suficiente para encontrar al culpable y no asesinarlo.

Subió las escaleras a paso lento y todos lo observaban sin hacer un comentario, movimiento o algo. Ninguno de ellos lo había visto tan decaído, aunque ninguno de ellos compartía un sentimiento con Lunael, ahora mismos todos los caballeros tenían un solo problema: Prats y Cecilia habían sido capturados por alguna de las facciones de la orden. Cualquier movimiento del grupo podía generar una guerra interna y eso era lo peor de todo.

Con movimientos monótonos entró a su cuarto, como pudo se dejó caer en el suelo aunque trató de no golpearse con fuerza. Suspiró. Cerró los ojos durante un rato pero no se quedó dormido. Su mente se encontraba ocupada pensando en cómo explicarles a los chicos sobre lo que había pasado, en especial a Laure, ella fue la que durmió con Shiom. Antes de levantarse le rezó a Lakshra para tener valor con mente clara, oró a Rebst para no equivocarse con las decisiones, por último, pero no menos importante, le imploró a Skapeyen de último para que intercediera por él, quería que las cosas salieran como quería; Con valor se levantó del suelo, tomó su espada, la colocó en su cintura junto a su vaina, iba vestido con una camisa gris junto a un pantalón negro, no llevaba la armadura, esto lograba que se viera mucho más joven sin importar que su cabello fuera del mismo color que sus ropas. Abrió la puerta del cuarto y salió hacia las escaleras.

—La verdad es que sí. Estoy furiosa —replicaba Laure a un comentario de Nicolea, el cual sugirió que la comandante había tenido una buena noche junto al dragón de la luz, una de las nuevas adquisiciones del grupo—, no pensé que el capitán hiciera lo que hizo. —Su voz hacia que todos supusieran que gritaba, aunque en realidad no lo estaba haciendo, en su mano derecha tenía una copa de sidra, su cabello le tapaba la cara y sus mejillas se encontraban sonrojadas.

—¿Hice algo exactamente? —preguntó Lunael mientras bajaba los escalones de madera lentamente, temía que alguno se rompiera. Laure iba a decir algo pero se sonrojó aún más cuando notó que su capitán las miraba directamente a los ojos, este efecto provocó que su lengua no produjera palabras y se tomara otro sorbo—. Ustedes están exclamando que hice un error, por obvias razones quisiera saber que hice mal de forma precisa. —Sus ojos rojos resaltaban lo preocupado que estaba—. No les estoy pidiendo nada, ya saben mis respuestas para estas situaciones, pueden retirarse del equipo sin ningún problema, también saben que no cargaremos en su contra o los llamaremos traidores, cada uno de nosotros somos libres de tomar nuestras propias decisiones de vida.

»Claro, comprendo que alguno de ustedes dude de mi ahora mismo luego de la escena que presenciaron hace poco y sé que algunos de ustedes me pedirán explicaciones de porque le devolví la espada a un antiguo enemigo de la orden, también creo que les debo una explicación del porqué no di la orden de matar a ambos dragones. —Lunael caminó hasta la barra del bar, pidió un vaso de sidra e incluso le dijo al posadero que se quedara a escuchar la historia pero este se negó, explicó que debían limpiar las habitaciones y preparar el almuerzo—. La historia es algo larga, siéntense, abran los oídos, presten atención a cada palabra que saldrá de mi boca, no repetiré nada.



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En el texto hay: guerras, dragones quimeras y bestias, priimer amor

Editado: 20.05.2018

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