El Elixir de Jasmine

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CAPÍTULO 1

“Estas ahí, entre mis ganas de arriesgarme y el miedo a enamorarme”

 

Avenida 749.

 

 

 

La alarma de mi despertador suena como cada mañana a las siete, con el sonido estridente de unas ranas croando. Sí, puede que resulte patético, pero fue un regalo de alguien muy especial para mí cuando tan solo tenía ocho años y desde entonces lo he usado cada día. Es mi forma de comenzar bien el día cada vez que escucho ese sonido y recuerdo de quien proviene aquel cacharro del que parecen querer salir ranas pero que en realidad solo me recuerda que es hora de levantarse para comenzar otro estupendísimo día de mi existencia nótese la ironía, pero pienso en la persona que me lo regaló y mi sonrisa se acentúa, aunque no lo pretenda.

Desde hace años sigo la misma rutina. Mi día inicia dándome una de esas duchas de agua templada que no llega a ser caliente porque solo utilizamos una triste placa solar como sistema de calefacción y como vivimos en Middleton, —una pequeña ciudad perteneciente al condado de Mánchester al Noroeste de Reino Unido, donde es con toda probabilidad uno de los Países con menos sol del mundo—, ¿Quién narices va a esperar que ese cacharro produzca agua caliente en algún momento de su existencia? Mi padre al parecer cree que sí. Es más, afirma que si; pese a que en realidad sea todo lo contrario. Hace años que no sé lo que es darse una ducha de agua realmente caliente, de esas que casi te cueces como un pollito en la cacerola; pero a falta de pan, buenas son tortas, o eso es lo que me decía papá para consolarme cada vez que me quejaba. Aunque eso era antes, ahora evito quejarme, he aprendido que no sirven de nada las quejas con él, termino teniendo que “acatar” sus normas lo desee o no.

Mi desayuno siempre consiste en algo ecológico porque no hay otro alimento que no lo sea en esta casa —para mi fortuna o desgracia—. Normalmente incluye zumo de naranja natural y una mezcla de yogur blanco casero o bebida de avena con frutos rojos a los que añado copos de avena con miel. Al final terminé acostumbrándome a la vida de un ecologista demasiado obsesivo con los pesticidas y la contaminación atmosférica, después de casi diez años, ¿Quién no lo haría?

Normalmente me visto después de desayunar, llamémoslo costumbre o patosismo severo, seguro que si lo hago al revés me mancho la ropa siempre aunque cualquiera que viera mi armario saldría corriendo, pero teniendo en cuenta mi recurso limitado por no decir “nulo” de presupuesto, acompañado de mi nefasto gusto por la ropa; mi vestuario se limitaba a vaqueros algo gastados y camisetas en su gran mayoría de propaganda de algún producto farmacéutico nuevo que sacaran como promoción en la empresa donde trabajaba papá.

Ya han pasado ocho largos años desde que mamá murió de Cáncer y desde entonces mi padre Andrew, se convirtió en un completo obseso del mundo natural, creyendo fielmente que la principal razón del cáncer radica en los pesticidas y la alimentación. De ahí que nos obligue a ambos a llevar una dieta de lo más variopinta y que no me deje usar siquiera un champú que no haya sido fabricado por él mismo o esté avalado por una marca de sello orgánico. Eso se aplica a todo; incluida la pasta dental, que os garantizo que sabe a rayos pero que, tras varios años una termina acostumbrándose al sabor lo quiera o no.… a veces me pregunto lo diferente que hubiera sido mi adolescencia si mi madre no se hubiera marchado, si aquella enfermedad no la hubiera arrancado de nuestro lado de aquella forma tan dolorosa en la que se fue, dejando un vacío enorme en nuestras vidas.

Precisamente a ella, a mi madre es a la que le debo mi nombre. Debido a su fascinación por las plantas florales y en concreto al olor de la esencia de Jazmín, decidió llamarme «Jasmine». Debo reconocer que es lo único que me agrada de mí misma, además de mis ojos; sin duda alguna, mamá supo acertar con mi exótico nombre.

Mi padre trabaja como biólogo de investigación, evidentemente en una búsqueda sobre la cura contra el Cáncer, de hecho, trabaja en una empresa farmacéutica por esa razón puesto que él, está totalmente en contra de los medicamentos, pero es la única forma de acceder a los recursos necesarios para su investigación. Tal vez nunca supere la pérdida de mamá pese a que hizo todo lo imposible, cómo arruinarse en el proceso, hipotecó la casa y hasta casi vendió su alma al diablo con tal de que mi madre Suzanne se curase, cosa que desde luego no ocurrió para gran pesar de todos.

Recuerdo vagamente aquella época, puesto que casi siempre estaban en hospitales y a mí me dejaban en casa de una vecina algo mayor. Apenas les veía salvo el tiempo que pasaban en casa, el cual mi madre siempre estaba en cama debido a la debilidad con la que volvía de aquellas terapias a las que se sometía. Lo peor de todo, fue que detectaron la enfermedad a tiempo, pero nadie se esperó que avanzara tan rápidamente y sin dar tregua. En menos de dos años, su vida se apagó, apenas tengo recuerdos de su imagen si no fuese por las fotos o los videos que de vez en cuando veo gracias a que papá los guarda como oro en paño en un baúl de su habitación, de lo contrario apenas podría recordar su imagen, salvo por la única foto que conservaba de ella en mi habitación.



Phavy Prieto

Editado: 09.10.2018

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