El Empresario

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Capítulo 1

Emily.

Salí de mi apartamento con nada más que mi cartera cuando Selena, mi mejor amiga desde que tengo memoria, me había comunicado que llegaba a las 6:45 pm a Miami. Miré mi reloj, el vuelo llegaba en 30 minutos y yo vivía a 45 minutos del lugar. Cerré mis ojos indignada, ella iba a matarme, lo sabía.

Gemí.

Me subí al Roll Royce y con un poco de música para calmar mis nervios conduje hacia el Aeropuerto Internacional de Miami.

-calma, Emily- pensé. Seguro ella comprendería que nuevamente había dejado el celular olvidado en algún lugar entre los montones de papeles que tenía que revisar. Mi jefe había decidido comunicarme que el papeleo para el negocio con los inversionistas Japoneses tenía que estar listo para la primera hora del día siguiente, y había estado pautado para un mes después.

Comenzaba a pensar que hacía todo esto a propósito.

Había estudiado Comercios Internacionales en la Universidad y después de graduarme hace dos meses, estaba experimentando en otras empresas. De alguna u otra forma quería aprender antes de independizarme, y hasta ahora me he dado cuenta de que no todos confían en una recién egresada para ocupar uno de los mayores cargos, razón por la cual mi actual trabajo constaba de ser una simple secretaria.

Pero de a poco me iré ganando el lugar, por lo menos hasta que esté lista para desplegar mis alas. -pensé.

Paré para comprar dos cafés en un Starbucks que me encontré en el camino. Le indiqué a la chica que me atendía desde el auto que empacara unas galletas y unos muffins de arándano también, así tal vez Sele tendría un poco de piedad y no se molestaría por llegar tan tarde. Vi hacia el cielo cuando comencé a retomar el camino, iba a llover fuerte.

Coloqué en la radio una emisora que transmitía el clima, puse los cafés en el asiento de atrás, la voz del locutor estaba informando de una tormenta fuerte de la que tal vez deberíamos cuidarnos.

-vaya- pensé. Por lo menos había traído un Sweater para el frío. Qué se yo.

24 años y aún no aprendía de los previstos que mi madre tanto se había esforzado por hacerme ver. Ni siquiera había traído un paraguas. Sabía que algún día iba a morir por despistada, y ponía a Dios de testigo porque realmente se escapaba de mis manos el ser así.

Luego de lo que parecía una eternidad, gracias al tráfico, me estacioné en el aparcamiento que ofrecía el aeropuerto. Desconecté mi teléfono y lo metí en mi cartera. Me arreglé el cabello soltando la goma que lo sujetaba, cayendo hacia los lados de mi rostro en largas ondas castañas.

Por lo menos estaba presentable.

Había llegado a mi apartamento justo antes de que Selena me enviara el mensaje, por lo que aún vestía de la misma forma en la que había ido a trabajar. Portaba una camisa cuello en V y un Blue Jean, unos simples tacones que ayudaban a estilizar mis piernas y mi cartera Michael Kors de color caramelo. No iba cargada de maquillaje, así que por ese lado iba bien.

Tomé los cafés y los muffins y caminé rápido hacia la muy alejada entrada del Aeropuerto, ya había comenzado a llover aquí. Según el desconocido locutor, la tormenta había comenzado hace horas en otros lugares del país.

El aire frío del interior me recibió abrazando mi cuerpo, ocasionando que la piel se me erizara. Me dirigí a la sala donde todos esperaban bien sea su vuelo o a las personas, pero no vi a mi mejor amiga en ningún sitio. Miré mi teléfono y no tenía ningún mensaje.

Puse los cafés con los bocadillos en una de las sillas de espera y me senté en la silla que le seguía mientras me colocaba el Sweater verde militar que había puesto sobre uno de mis antebrazos antes de bajar del auto. Suspiré. Al parecer iba a tener que esperar a Selena un tiempo. Ella había enviado su mensaje temprano, cerca del mediodía, lo raro es que no me haya avisado del despegue de su avión.

Me acerqué a una de las chicas que trabajaba con el equipaje.

—Disculpe, hola—susurré mientras tocaba levemente su hombro. —¿sabe algo sobre el vuelo que venía desde New York?—pregunté frunciendo un poco el semblante.

Ella me miró con disculpa en su rostro. -los vuelos desde New York se cancelaron por la tormenta, Srta. Ya la tormenta había comenzado de ese lado del país para cuando los vuelos tenían programado el despegue, lo mas seguro es que hayan pospuesto el vuelo para mañana a primera hora o bien para cuando la tormenta haya terminado.- terminó diciéndome con voz dulce. Le di las gracias y me volví al asiento mientras cogía mi café que por sorpresa aún estaba hirviendo.



wordsbyem

#4302 en Joven Adulto

En el texto hay: empresario, amor, rough

Editado: 19.11.2018

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