El encanto de Matías

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Capítulo 2: Lucas Uribe

15/06/2012 Concepción (Chile)

Posterior a los partidos de futbol en la Academia Beamount, donde estudiaba mi hermano mayor; él se encomendaba la tarea de invitar a unos cuantos miembros de su equipo a casa sin la autorización de mis padres.

Tenía la descarada manía de decirles cinco minutos antes. Luego de que sus amigos confirmaran su asistencia, el hablaba con mis padres quienes de mala gana recibían a sus amigos.

Mis progenitores se quedaban encerrados en su respectiva habitación, pero claro que de vez en cuando lanzaban una mirada hacia la sala, lugar de la casa en la que acostumbraban a jugar cartas y beber Bilz. Sin embargo, al pasar de las horas, cayendo la medianoche que era la ocasión en la que mamá  frecuentaba dormir; papá como todo Don que quiere caerle bien a las amistades de sus hijos y así conseguir que lo cataloguen como un “Padre cool”, les daba un poco de su botella de ron blanco para preparar su especialidad, un autentico mojito cubano.

¿Qué cómo lo sé? ¿Quién creen que se encarga de botar las evidencias? Por supuesto que la niña que no debe consumir bebidas alcohólicas todavía, ya que solo tiene trece años y a los ojos de papá soy muy joven incluso para irme caminando de la escuela hasta acá, deambular tres calles según él es mucha responsabilidad para mí; imagínense entonces a qué edad se me estará autorizado beber.

—Así que…Venecia, ¿Qué eliges, verdad o reto?—Sonsaca Simón, dibujando una sonrisa torcida y pedante en sus labios rojos. En tanto en sus ojos marrones que destellan un ligero brillo y en su mirada puede avistarse picardía, Venecia dudosa ladea la cabeza hacia el lado derecho mientras muerde la mitad de su labio inferior, sus manos juegan con los escasos hilos que se han soltado de apoco en los cojines en cuanto sus azulados ojos se dirigen hacia el techo como si este le fuera a dar una especie de sabiduría—Tic toc, no tenemos toda la noche princesita.

—¡No me digas así!— Protesta la mejor amiga de mi hermano, quien tiene un aspecto bastante similar a la princesa Mérida. Unos encantadores ojizarcos con los que fácilmente puedes perderte, descendiendo a un efecto hipnótico por así decirlo; en el poco tiempo que llevo conociendo a Venecia, tengo la libertad absoluta de comentar que sus mejillas (aunque ella lo niegue la mayoría del tiempo) están siempre rosadas y es inevitable no percatarse de ello gracias a su tono de piel que es tan blanca como la leche, su cabello rojizo es largo y le llega hasta la altura de sus caderas, sin embargo, no es rizado como el de la princesa de Disney a pesar de que tiene unas pequeñísimas ondas en las puntas. Su nariz es respingona y en ella hay un piercing situado justo en la aleta izquierda, según mi  único hermano— Jeremías—, perforarse a sido la mejor idea que tuvo hasta el sol de hoy, puesto que para él la hace ver mucho más sensual de lo que ya es de por sí.

—Reto—Contestó finalmente, sonando no muy segura de la elección que había tomado.

—No tengo ni la más remota idea de quién carajos vive ahí, pero estoy seguro que es la casa más horrenda de todo la manzana— Hizo una breve pausa para darle un sorbo a su bebida—Tiene esos horripilantes gnomos de jardín que me dan escalofríos solo de verlos, pienso que cobraran vida propia y me atacaran un día de estos, así que para evitarme malos ratos, ¡Ve y extermina a las reencarnaciones de Chuky!— Masculló Simón seriamente sin dejar de sobresalir su típica picardía en su expresión facial, un gran amigo de Jeremías y el defensa del equipo de futbol.

—No haré eso—Replicó conmocionada Venecia, con el ceño ligeramente fruncido y unas cuantas arrugas tenues se le formaron en la frente. Sus brazos estaban como jarras, lo cual hacían reír tanto a Jeremías como a Tony (el arquero).

—¿Qué caso tiene que escojas reto sino lo cumplirás?—Cuestionó desconcertado el rubio, aunque no le importaba en absoluto la respuesta que le diera Venecia, de igual forma sabía que sea cual sea su respuesta, el resultado no sería de su agrado.  Así que se apresuró a dar otro de sus comentarios—Olvídalo, eres una gallina.

—No soy una gallina—Gruñó la pelirroja, haciendo que sus cachetes se tornaran un color rojizo pese al mal humor—Pero no iré a casa de los Martínez a destruir su jardín.

—¿Quién dijo que destruirás su jardín? Al contrario, lo vas a embellecer— Añadió eufórico, haciendo reír a los demás en la sala.

Fue de ese modo como empezó una ardua además de extensa discusión entre este par. Mientras que el resto del equipo sin echar leña al fuego, ni siquiera con intenciones de querer intervenir para que acabara su riña, optaron por platicar entre ellos para ignorar a Venecia y a Simón.

Entre el resto de los amigos de mi hermano, había uno en especial al que innegablemente no podía renunciar a  mirarlo por el simple y llanamente hecho de que considero  que no solo es atractivo su físico, sino también en su personalidad.



GCarlen

Editado: 18.04.2019

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