El Engaño

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Ten cuidado con lo que deseas.

Era difícil que eso ocurriese, debido a que solo estuvieron una hora y media juntos, pero la verdad era que Rody se había ido sin siquiera decirle adiós.

Y la pregunta era: ¿por qué? Por una parte Marcela los había llevado a una pizzería donde ella podía vigilarlos en todo momento, también está el caso del señor Esperanto, quien no dejó de entrometerse por estar hablando en italiano con Rody; y no podemos dejar a un lado la llamada inesperada de su mamá pidiéndole que regresara a casa.

Aunque las respuestas eran obvias, ella no quería admitir que Rody se había ido porque sus conocidos estuvieron interfiriendo en la cita a cada momento, cuando ella solo quería estar un rato a solas con él.

Por otro lado, Marcela no había interferido tanto como ella lo imaginaba. Solo les tomó la orden y les regaló unos refrescos; incluso se le hizo una última visita a su amiga, antes de irse.

—¡Hey Jessy!, ¿cómo estuvo tu cita?

—Mal... Rody se fue sin siquiera decir adiós; de seguro fue porque...

—¡Ah, qué bueno que me recuerdas!

—¿Qué?

—Rody me dijo que se tenía que ir debido a una emergencia, y me pidió que te diera esto. —Marcela sacó de su delantal un pedazo de papel, con un nombre escrito—. No pudo despedirse de ti porque su papá lo necesitaba en algo urgente, así que me dio el nombre de su perfil social para que le envíes una solicitud de amistad... también dijo que se siente apenado, pero que te lo va a recompensar.

—Gracias.

—¿Para qué son las amigas?

Lo mejor de todo era que en la pequeña nota venía el nombre completo de Rody, además de un recado que decía: "uso la imagen de un gatito negro como foto de perfil". Eso era una buena noticia para Jessica; ahora tenía que tomar un camión y llegar a casa antes de que su madre la obligase a dormir en una banca.

—¿Y qué vas a hacer ahora? —preguntó Marcela—No lo sé, tal vez le envíe la solicitud y quién sabe.

Podríamos ser buenos amigos.

—Me alegra tanto oír eso.

Ahora solo dependía de Jessica imaginar que todos los días irían a ser igual de bellos como el que veía desde su ventana; el cielo despejado, las aves cantando y ver de cerca los edificios y calles libres de basura. Con solo ver esa imagen fue suficiente para que Jessica comprendiese el porqué esa mesa era solo para parejas de enamorados.

Tenía una vista tan hermosa que podía atrapar la mirada de cualquiera con solo verla...

Teniendo en la mano derecha una caja plana con la palabra "Paolo's Pizza" como logotipo y un plato de espagueti envuelto en papel aluminio en la otra, Jessica fue capaz de ignorar cualquier cosa que llegase a ocurrir en el mundo exterior; trátese de delincuentes, violadores o estafadores ambulantes, ella no parecía estar muy interesada, siendo que el camión estaba retrasado.

Habían pasado cinco minutos y la viva imagen de un autobús repleto de personas pasó delante de Jessica, sin siquiera detenerse, luego le tocó ver un vehículo repleto de aficionados al fútbol, incluso fue testigo de cómo algunos de los pasajeros exhibían banderas desde las ventanas, y por último vio un camión que se detuvo a pocas calles de donde ella se encontraba debido a que le había explotado un neumático.

"Tiene que ser una broma...", pensó, "tiene que serlo".

El tiempo siguió transcurriendo y Jessica permanecía sentada sobre la banca de la parada esperando otro autobús.

Lo único bueno era que la pizzería Paolo's estaba a solo una calle de donde ella estaba y él señor Esperanto solía pasar por ahí con la intensión de ver cómo estaba...

—¿Sigues esperando el transporte? —comentó Paolo.

—Así es —contestó Jessica—, y no tienes idea de lo desesperante que es.

Ni que lo digas, si en Italia también era difícil en una hora como ésta; ¿ya le hablaste a tu mamá?

—De hecho no, porque no tengo saldo, pero si ella vuelve a marcarme tendré que pedirle un...

Jessica se vio obligada a interrumpir su oración debido a que se dejó cautivar por la inesperada imagen de un niño al otro lado de la avenida, quien quería cruzar la calle teniendo los ojos vendados con un gato entre los brazos como rehén, y llevando unos audífonos puestos.

—¡No puede ser! —Con solo ver el rostro del niño, sin tener que quitarle el vendaje, Jessica logró reconocerlo... ¡era su hermanastro!—. ¡Alan! ¿Qué estás haciendo?

Alan no parecía tener la menor idea de lo que estaba haciendo; él solo estaba cruzando la calle, como cualquier peatón vidente o anciano, y sin tener la mala suerte de ser arrollado.

Los autos llegaban y se iban y solo usaban el claxon para alertar a Alan de lo que estaba haciendo, lo que convirtió a Jessica en la testigo ocular de los hechos.

La mente de Jessica vio obligada a vagar en medio de un mar de recuerdos reflejando los momentos de su pasado cuando ella pedía como deseo que Alan desapareciese por todas las bromas que le hacía, y ahora al verlo colocar su vida en riesgo, Jessica llegó a imaginar cómo una par palabras comenzaron a rondar por su mente diciéndole: "¡DESEO CONCEDIDO!".



C. M. Kenday

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Editado: 20.03.2018

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