El enigma de su mirada

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Capitulo 41

Estaba cansado, agotado y demasiado enojado. Luego de llamar a una ambulancia y de que se llevaran a Alheli, cuando la iba acompañando camino hacia el hospital lo único que podía pensar es que ésto ya no estaba bien, tengo que hacer algo, llegó la hora de que descubra quién es el asesino.
 

Esto no es algo que decidí en un segundo, tiene una razón, cuando estaba agarrando la mano de Alhelí en la ambulancia, cuando por fin despertó de su desmayo, viéndome a los ojos y apretando mi mano, me dijo con voz abatida:
 

-Si no lo atrapas, nos matará a todos. Esto no se trata de nosotros dos nada más, la vida de otros está en peligro, está en nuestras manos hacer que podamos vivir, porque esto no es vida.
 

- Lo prometo, préciux- sus ojos brillan con ilusión y le doy un corto beso en la mejilla.

Cuando llegamos al hospital, y luego de que me hayan dicho que le harán un lavado estomacal para lograr sacar el veneno, llamo a Zack, es el único que puede ayudarme en este momento, pero suena ocupado, así que decido llamarlo después, mientras tanto me siento pensando qué es lo que debo hacer. Recuesto mi cabeza en el espaldar de la silla y solo puedo pensar en lo mucho que lo odio.
 

¿Qué es lo que debo hacer? ¿Cómo puedo lograr que ésto acabe?
 

Dos preguntas y ni siquiera una respuesta.
 

Tal vez si hago ésto públicamente pueda llegar a hacer algo más, podría descubrirlo.
 

¡Bingo! Tengo un plan. Solo falta hablar con Alhelí y llevarlo a cabo.
 

Me levanto y voy a la habitación en donde está Alhelí, entro sin tocar, y mi corazón se dispara de latidos. No, no, no, otra vez no. Hay un hombre con una almohada en sus manos haciendo fuerza en la cara de Alhelí. Ella patalea, pero no logra nada, este hombre voltea, y no puedo ver su expresión, pues el pasamontañas tapa todo, excepto sus ojos, un color casi negro, estos embargados de miedo y preocupación.
 

Me acerco sin pensarlo y agarrandolo de la camisa lo lanzó contra la pared, él trata de soltarse, pero yo tengo más fuerza, así que su intento es en vano. Mi puño va directo a sus costillas y se dobla del dolor. Le doy una patada en la entrepierna, y cuando cae al piso, sin dejar de agarrarlo con una mano, con la otra le quito el pasamontañas.
Es el chico de la pizza. El que le coqueteó a Alhelí. Ahora es tan distinto al chico que nos dio la pizza hace un rato, parece otra persona.
 

Es un chico no tan joven, sus ojos casi negros me ven con temor, pero en sus labios se dibuja una sonrisa de superioridad y crueldad, no lo soporto y le doy un puñetazo en la boca, sus dientes se llenan de sangre, pero aún así no deja de mantenerse con su expresión de frialdad y risa psicópata.
 

- Te mandó él, ¿no? - éste no responde, pero en sus ojos veo que efectivamente es lo que pasó.

- Este es el final, ya viene- es lo único que dice, le doy otro puñetazo, y hago que se pare, cuando lo hace lo tiro y saco unas esposas, se las pongo, y lo saco de la habitación. Afuera un guardia me ve confundido, brevemente le explico todo, y él me dice que lo llevará a la comisaría. Asiento y le pido la dirección, yo también soy policía, así que eso será sencillo.

Me devuelvo y veo a Alhelí, sus ojos están rojos, pero del miedo, no por lágrimas, y sus brazos abrazan sus piernas. Me acerco y me siento a su lado.

Pongo mi mano en su rodilla y su vista se fija en eso. La veo confundido, ella agarra con su pequeña mano la mía y las une, y me jala para abrazarme.

- Sentí que moriría, Andrew.- respira hondo en mi camisa, acaricio su cabello y con mi otro brazo la estrecho sobre mi pecho.

 

- No te pasará nada, te lo prometo. - Ella se separa de mí y viéndome a los ojos tristemente, habla:
 

- No hagas eso.
 

La veo confundido. ¿De qué habla?
 

- ¿Hacer qué?- me ve con tanta intensidad que me incita a retirar la mirada, pero no lo hago.

- No me prometas algo de lo cual no puedes estar seguro.

- ¿Quién te dijo que no estoy seguro de eso? - mi tono se eleva un poco. ¿Cómo puede decir eso?
 

- Me lo dices tú mismo, Andrew, veo en tus ojos el temor, ese que te origina saber que no siempre estarás a mi lado para protegerme.

-Así tenga que entregar mi vida por ti, cree cuando te digo que siempre estarás a salvo a mi lado.
 

Ella sonríe y pasa su mano por mi mejilla, cierro los ojos disfrutando esa sensación.

- Amor, por eso lo digo,- retira la mano, y siento que me falta algo, su tacto se ha vuelto tan familiar y adictivo que me cuesta imaginar una vida sin volver a sentirlo- no siempre estarás a mi lado.

Cuando dice eso me retiro por instinto, y la veo directo a los ojos, y puedo ver que de eso está segura, y se que eso tiene que ver con algo que nunca me ha dicho y que le asusta.

- ¿Sabes lo que estás diciendo? - ella niega con la cabeza como si yo no entendiera lo que dijo, cuando entendí todo perfectamente. - Mejor me voy- pero antes de salir le hago una pregunta;- ¿Tan poca fé le tienes a lo nuestro? ¿No crees en esto? - señalo a los dos.
 

Baja la mirada, y cuando la levanta, su rostro parece otro, se vuelve uno duro, uno que jamás había visto en ella.
 

- A lo que no le tengo fé, es a la idea que tienes de que después de descubrir quién es el asesino todo será color rosa.- Se para y se acerca a mí, me jala y me hace sentarme en una silla.
 

Se pone a horcajadas sobre mis caderas y me ve directo a los ojos, los suyos llenos de anhelo de que el futuro sea con nosotros unidos. Deseo, de que esto termine. Y desesperación, porque justo ahora nuestras opciones, que al principio parecían infinitas, hoy en día son escasas.
 

Es como si no supiera muy bien que hacer, incluso sus labios podrían estar confundidos, sin saber si encontrarse con los míos, o ir a buscar paz en otros.
 



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En el texto hay: asesinatos, misterio, romance

Editado: 26.10.2019

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