El Fantasma Sin Rostro

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Acto 3: "Un Crudo Despertar"


Sí, una noche terrible fue la de ese día. Pero... si les digo que la gran parte de los acontecimientos ocurridos esa noche no fueron del todo "reales", ¿Me creerían?
Permítanme explicarles, si regresamos al momento en el que todos estaban reunidos en el décimo tercer piso. Hay que contar que nadie salió de la sala, aunque ellos pensaron que así fue. Lo que en realidad pasó es que todos estaban enlazados en un sueño colectivo.
Así es, todos estaban sumergidos en un red tele-sinópica colectiva, en la que todos pensaron que era real debido a la incapacidad de notar lo que es verdad o que no, y por la cual la consciencia dominante sobre las otras era la del sujeto.
Fuera de ese sueño, Quentin y los demás estaban prácticamente tumbados en el suelo y con los ojos mirando al vacío. El sujeto estaba en medio de la sala de pie, con el mismo aspecto que los cargando su particular espada ensangrentada en la mano derecha, y un pequeño candado de oro oxidado grabado con el número cuatro en romano en la mano izquierda. Mientras que cada uno moría en el sueño, sus cuerpos empezaron a sufrir una hemorragia nasal y sus pulsos nerviosos se detenían por completo.
Cuando la última vida se había extinguido, el sujeto ya no tenía más razón para estar ahí y estaba más que dispuesto a irse, así que guardó ese candado en alguna parte de su ropa, como a altura de su cuello. Luego con un movimiento de dedos y muñeca, la hoja de la espada se doble y se guarda en el mango, para entonces meterla debajo de su ropajes. Pero cuando estaba a punto de dar el primer paso, se detiene al fijarse que por poco pisa el corazón de Daniel. Luego acerca su mano izquierda al corazón para a agarrarla y se queda observándola por unos segundo, después suelta un comentario al aire.
—Tenías razón Desmond, no pensé que fueras tan listo para averiguarlo tan rápido. Es una lástima que no alcanzaste a vivir lo suficiente para saberlo.
Sin preocupación, se dirige al cuerpo de Daniel, y de la misma manera que lo sacó, puso el corazón a dentro del cuerpo, dejándolo en la misma posición para conectar los vasos sanguíneos y aparentar que nunca salió de ahí. De pronto se escucha un choque de campanas, provenientes del cadáver de Quentin. El sujeto opta por saber que causaba ese sonido hasta descubrir que se trataba de su teléfono celular, el cual tenía en pantalla el contacto de "Mi Vida" llamándolo.
El sujeto, ya tendiendo el teléfono en la mano, decide responder la llamada:
— ¿Haló? –preguntó el sujeto con una voz más suave y gentil.
—Hola cariño, ¿Cómo ha estado tu reunión con tus colegas?
—Me temo que no muy bien.
—Un momento, ¿Quién es usted? ¿Y por qué tiene el celular de mi marido?
—De inmediato se lo explicaré Señora, pero no le va a gustar la respuesta.
— ¿Qué pasa?, ¿Ha ocurrido algo?
—Así es, algo muy malo. El edificio en donde su marido y sus compañeros realizaron esa reunión que menciono, estaba en muy malas condiciones, y por causa de la fuerte lluvia que hay en Poznan, el edificio se derrumbó cuando ellos aún estaban adentro.
—Dios mío ¿Quieres decir qué están...?
—Todos ellos, incluyéndolo –respondió el sujeto de manera cortante, y después escucha los llantos de la mujer–. En verdad lo lamento mucho, traté de advertirles, pero al final no me escucharon. Si le sirve de algo, dedicaré mis oraciones al bienestar de usted y a su familia.
—Si –dijo la mujer después de escuchar como regulaba el llanto–. Gracias por darme la noticia, estimado Señor, se aprecia lo que intenta hacer.
—Buenas noches señora, y que Dios le bendiga.
—Y a usted también.
Luego de esa corta conversación, cuelga el teléfono y lo devuelve a donde lo encontró. Antes de salir de la sala, el único paraguas que había ahí, luego se dirige al mismo elevador que supuestamente él saboteo. y presiona el botón para enviarlo al piso -3.
En la transición del elevador, el sujeto saca de entre sus ropajes lo que tal vez sea su teléfono y empieza en hacer la llamada, que no tardo más de 5 segundos de empezar:
—Maestro John.
—Llamo para verificar como va la misión, Sr. Fergus.
—Para ello no es necesario a que me llame, tan solo tiene que esperar a que finalice la misión y escriba el informe.
—Lo sé, pero me angustiaba a idea de que habría pasado algo.
—Gracias por la preocupación, pero lo tengo todo bajo control.
— ¿Entonces ya te encargaste de los reyes del crimen?
—Sí, no dejé a ninguno con vida.
— ¿Estás seguro eran todos?
—Por lo que sé, Quentin organizó a esta reunión para todos los sus colegas de confianza y no faltó ninguno. Ahora solo falta esperar a que toda la industria del crimen organizado se desmorone.
—Excelente... ¿Y qué me dices sobre el asunto de las pruebas?
—No hay nada de eso, pensaban en exponer a a nuestro joven hermano como evidencia suficiente. Y ya que lo mencioné, ¿lo pudiste encontrar al Maestro Kioni Ahmed?
—Quentin lo mantuvo en cautiverio en una bodega perteneciente a un edificio supuestamente abandonado en Poznan. Ahora me dirijo a donde está él para llevármelo.
— ¿Cómo se encuentra?
—Le han sometido a una sesión de tortura mientras estaba retenido, se encuentra con vida, aunque muy malherido.
—De acuerdo, organízate un equipo médico en el Refugio de Elíseos para que lo atiendan de inmediato.
—Bien, aunque quieres que deberá priorizar  la cama para que descanse y recupere fuerzas.
— ¿Piensas usar  la lagrimas de Rafael?
—Solo si es necesario, le daré una gota si encuentre que sus heridas sean un riesgo vital.–respondió el sujeto antes de colgarle y salir del elevador.
Mientras caminaba por sobre los charcos, escuchaba un pequeño suplica dirigida a Dios, rogando fuerzas, y se intensificaba por cada pasó que daba. Ya cuando estaba frente a la puerta que supuestamente Quentin encontró abierta, la cruza para encontrarse con su segundo objetivo. En esa pequeña bodega se hospedaba un semiconsciente hombre con barba larga y desaliñada que estaba obligado a permanecer de pie por la cadenas que agarraban sus brazos, solo llevaba puesto unos pantalones rasgados y una cruz de plata que le colgaba del cuello, con cortes y moretones que cubrían cada parte de su piel, sin mencionar que sus piernas habían sido golpeadas hasta al punto de rompérselas.
El sujeto se acerca del tal Kioni  hasta quedar a centímetros de él, después extiende sus manos a donde están las manos atrapadas por los grilletes. Y cuando toma sus muñecas, las manos atraviesan los grilletes de la misma forma de la que el sujeto lo hacía en los sueños. Ya estando libre, el sujeto le ayuda a acostarse en el suelo mientras cargaba su cabeza entre sus brazos, luego saca de sus ropajes un frasco diminuto que contenía algo de agua y se dispone a abrirlo y deja caer de su contenido una gota sobre la frente del hombre. Cuando la boga fue consumida por su piel, su cuerpo fue sometido por unas pequeñas y tenues luces que brotaban por sobre sus heridas por un breve tiempo hasta desaparecer junto con sus males. Posteriormente, el sujeto guarda el frasco y baja con mucho cuidado su cabeza contra el suelo, seguido se levanta y se saca su abrigo con capucha.
A mitad de ello, El hombre empieza abrir los ojos y se queda observando al sujeto por unos segundos, hasta que se dispone a hablar:
—Esos cabellos canosos... Ese ojo amarillento... Y esa máscara rota –decía con un tono suave y cansado–. ¿Es usted Maestro Superior Fergus?
El sujeto se voltea al escuchar su pregunta, y se dirige a él con el abrigo en mano:
—Hermano Kioni, será mejor que descase mientras me lo llevo de aquí. Las lágrimas de Rafael ya le han librado de todo daño, pero no restauras las energías de la persona –dijo el sujeto mientras lo cubría con el abrigo–. Relájese, ya está a salvo.
Luego de que Kioni cerrara sus ojos una vez más, el sujeto se dispone a cargarlo y a caminar a hasta el primer piso. Cuando llegaron, el sujeto lo deja apoyado en un pared y después va a donde está la columna central del edificio, luego extiende su brazo derecho por completo y deja la palma de su mano reposar por sobre ella por un momento, luego saca otro candado oxidado de su cuello, pero esta vez con el número uno en romano grabado. Se tomó unos momentos para dar una honda respiración, y de inmediato recoge y estira su mano para lanzar un golpe con a la columna que lo desquebraja por completo. Y no solo a la columna, sino que el impacto causó un efecto de honda que afecto a todo la estructura del edificio y empezara a desmoronarse sobre ellos.
El sujeto camina de vuelta con Kioni y lo lleva con calma hasta donde está la puerta de entrada, sin inmutarse por todo su alrededor se colapse. Al cruzar la puerta, y ser recibidos por la lluvia, este se cayó por completo junto con un gran estruendo. Las autoridades no tardaron en aparecer en las calles que rodeaban el edificio, pero nadie se percató que el sujeto seguía su camino mientras se usaba el paraguas para protegerse del agua ni cuando se desvanecía de la vista humana.



Cerberuz Duwall (J.S.)

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En el texto hay: fobias, suspenso, eventos paranormales

Editado: 28.08.2018

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