El Fin Del Comienzo : El Libro Viejo

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Capítulo 4 : Bakmon (1)

-La sangre de la serpiente corre por mis venas - le dijo Bakmon a Kotriel, su escudero - Sé escabullirme sin que mi presencia se note.
Kotriel, que se negaba a si mismo las ganas de reírse, soltó una leve sonrisa, pero, para su suerte, Bakmon no le mostró interés alguno. Bakmon, era alto y fuerte, con ojos marrones y mirada vil, pelo castaño y largo, el cual se le salia por los bordes del yelmo, que tenía un par de cuernos. Habría resultado más creíble si hubiera dicho que la sangre del toro pasaba por sus venas, pero estaba encaprichado con las serpientes, incluso poseía muchas, y las criaba, era su método favorito de tortura para interrogar, aunque usualmente el torturado moría antes de poder decir algo.
-Cuando esté a su lado le mataré, puedes apostar eso, mocoso - le dijo Kotriel y soltó un escupitajo al suelo, salpicando un poco al pequeño escudero.
-Estoy seguro de eso, mi señor - respondió Kotriel
-Siempre estás seguro - dijo Bakmon, al tiempo que le lanzaba una mirada de desaprobación.
Al otro lado del campo abierto se encontraba el ejército enemigo, unos diez mil hombres, casi tantos como los hombres de Bakmon, que defendían el Reino del Oeste, las fuerzas del Norte no temían a sus largas lanzas, mas ellos luchaban con grandes mazos y garrotes. 
La mayoría de los norteños tenían aspectos salvajes. Algunos calvos, barbudos, con cicatrices en sus cuerpos, otros con ojos parcheados, y muy poco vestidos con armaduras o atuendos hechos para la guerra. A lo lejos se veía a su comandante, el temible Gostek, cuyo aspecto era el mas grotezco de todos. Le faltaba un ojo, y en encima de esté tenía una gran cicatriz que atraveza la nariz y llegaba hasta la oreja del otro lado de la cara. Tenía una gran melena roja y sucia. La segunda cicatriz le partía de la parte derecha de su labio inferior, y le llega hasta la mandíbula, ésto provocaba que la saliva se le saliera constantemente, y que escupiera a todos al hablar. Todo eso unido a su gordura, que le asemejaba mucho a un cerdo.
Gostek se acercó con seis de los suyos, e igual hizo el rey Colzec, entre los cuáles estaba Bakmon. Ambos grupos se encontraron en el centro que dividía a ambos ejércitos.
-Rey Colzec Holj, del Oeste - dijo uno de los abanderados del rey, con una armadura hermosa, con una lanza dibujada en el pecho
-Comandante Gostek Matahierro - dijo el abanderado del Norte, cuyo aspecto era todo lo contrario al del Este, con atuendos rotos, le faltaba una oreja y casi no podía oír.
-¿A qué se debe ésto? - le preguntó el rey al comandante
-El rey del norte exige éstas tierra para el reino - dijo Gostek escupiendo a todos
-¿Y con que derecho? Éstas tierras son propiedad del Oeste desde...
-Hasta que nos de la gana - dijo Gostek, lo que provocó risas entre los suyos.
-El norte no puede reclamar lo que no es suyo, ningún lazo le une a éste lugar - dijo el rey Colcec, mietras fruncía el seño.
-Las leyes del norte son distintas a tus ridículas leyes - respondió Gostek, mientras un hilo de saliva le bajaba por la mandíbula.
-El norte no tiene leyes...
-¡Solo una! - dijo interrumpiendo al rey, y se seco la saliva con su manga derecha - La ley del más fuerte. Ésa es mi ley, y debería ser la de ustedes también, los débiles no pueden gobernar.
-Si crees eso, estás equivocado.
-Veremos quién lo estará cuando termine la batalla, le preguntaré a tu cabeza mientras repose en una estaca - el rey no se inmutó, tampoco respondió al insulto. El comandante del norte tomó su enorme maso con púas y lo levantó, y exclamó un fuerte grito de furia, el cual fue seguido por quienes le acompañaban primero, y el resto del ejército después.
-¡Ya te arrepentirás de ésto, Gostek! - dijo el rey furioso, tomó su caballo y dio media vuelta junto a los suyos. Bakmon le lanzó una última mirada amenzadora al norteño.
Los cuernos sonaron, el Oeste se colocó en formación de guerra, las lanzas apuntaban hacia sus enemigos, estaban filososas, brillaban a la luz del sol. Los norteños, que sintieron el grito de guerra de su líder, le volvieron a seguir con uno más fuerte y al unísono. Comenzaron a correr con sus enormes martillos en las manos, muchos de ellos con enormes y filosas púas, los de a caballo les aventajaron, pero muchos de ellos fueron frenados por el mar de lanzas que se levanta como una ola gigante que lanzó el Oeste. Caían al suelo como moscas, mientras seguían corriendo hacia su objetivo, ésto lo repitieron en tres ocasiones más. Bakmon, que iba al frente del ejército en la batalla, sacó su brillante espada y la apuntó hacia los norteños que se acercaban rápidamente - ¡Por el rey! - gritó, al tiempo que cabalgaba al encuentro de sus enemigos, y fue precedido de los suyos. El encuentro fue estruendoso, el choque de los mazos contra los yelmos que salían desprendidos, algunos con las cabezas de sus dueños, las lanzas clavándose en los cuerpos de los norteños como si fueran cerdos, les penetraban las lanzas hasta atraversarlos. Bakmon ése día mató a tantos como quiso, pero uno de los norteños mató a su caballo y se vio obligado a luchar a pie, esquivaba con movimientos ágiles los golpes de mazos que iban y venían, incluso de lanzas perdidas de los suyos. 
Los del Oeste estaban ganando, las fuerzas del norte se vieron diezmadas luego de tres horas de pelea, y Bakmon, que se había abierto camino entre los norteños con su espada, vio a Gostek mas cerca que antes, y muy próximo a cumplir la promesa a su escudero. Pero el comandante norteño no se había rendido aún. -¡Liberen a los osos! - gritó, y sus súbditos abrieron las jaulas y dejaron salir a los enormes osos color blanco que abundaban en el frío norte. Bakmon, quedó impresionado con la manada de osos que venían corriendo en su dirección, era más de cien. Bakmon retrocedió corriendo, mientras sentía el sonido del cuerno norteño que anunciaba la retirada. Los osos les llegaron justo a tiempo para ayudarles a escapar. Despedazaron a los hombres con lanza con sus pezuñas y sus dientes, dándole a los suyos la oportunidad de huir, pero pronto el Oeste les rodeó y sus pelajes blancos se tiñeron con el color de sus sangres, pero ya no había norteños que matar, todos habían huido como cobardes, incluso Gostek.



AB Batista

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En el texto hay: misterio, personajes sobrenaturales, magia

Editado: 11.08.2019

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