El Fin Del Comienzo : El Libro Viejo

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Capítulo 6 : Vark (1)

-¡Excelente noticia, Tamur! Tal como me habías adelantado - le dijo el rey Vark a su hechicero.
-Así ha sido, su majestad. El norte salió derrotado. Dicen que el temible Gostek salió con la cola entre las piernas temblando de miedo, incluso que todos sus osos murieron apoyando su retirada. - el viejo rey sonrió, alegre por la noticia
-El oso es un animal sagrado para ellos, pero parece que Gostek ama mas a su vida que a la de sus dioses... - el rey era anciano con una barba muy blanca y larga que casi le llegaba a la cintura, y a pesar de sus años a un se veía fuerte, y el hechicero era muy parecido a él, en ocasiones los habían confundido - me pregunto que opinará de ésto el rey del Norte
-El rey del Norte es un salvaje cruel, tampoco respeta sus dioses
-Pero debe hacerlo por su pueblo, ellos si temen a los dioses del hielo - el rey tomó dos copas y le dio una al hechicero, llenó ambas copas de vino, brindaron y bebieron juntos.
- Una cosa mas, mi rey. - dijo el hechicero - La hija de Daletrin Ramida ha sido secuestrada.
-Que pague el rescate y ya - respondió dándole poca importancia.
-Ha sido su hijo - se enojó tanto que lanzó la copa con gran fuerza contra la pared, haciendo que el metal de bronce rebotara por todo el lugar.
-¡Estúpido! ¡Se lo he dicho mil veces! ¡Que no se acerque a la Ramida! - el hechicero se alejó un poco del rey, cuando estaba furioso se tornaba peligroso.
-Si mal no recuerdo, esta comprometida con Horold del Puente de Bajo Sur, el hijo de Hokdyg. - el rey se sentó, se sentía agitado y furioso. Respiró profundo y se calmó.
-Ése viejo estúpido. Sabe que mi hijo está ciego por ella, y se adelantó en comprometer a su hijo con ella antes de que pudiera hacerlo con mi hijo.
-Una jugada inteligente de parte de Hokdyg. Pero...¿por qué haría eso? No lo entiendo, mi señor.
-Porque me odia. - el rey hizo un gesto de rencor con su labio superior, levantándolo levemente. - Maté a su hermano en la rebelión de Medio Sur. La verdad es que no sé que demonios hacía ahí.
-Usted debe hablar con su hijo, convencerle de entregar a la Ramida, de no hacerlo...
-Sé muy bien que pasaría - le interrumpió el rey Vark - No aguantaríamos otra rebelión, si Bajo Sur se alza en nuestra contra, Medio Sur se les unirá, y perderemos.
-Así es, mi rey - dijo el anciano hechicero. - solo queda saber donde se encuentra.
-Se exactamente donde está. - dijo el rey - Que preparen mi caballo, iré con pocos hombres, no quiero llamar la atención.
Así se hizo, el rey montó su caballo y partió sin ser vistos. Cabalgaron por unas cuatro horas, llegar a un pequeño fuerte, que estaba rodeado por gigantes árboles. Según la leyenda habían sido gigantes que fueron castigados por el dios por intentar fornicar con mujeres. Pero hay otra leyenda que dice que hubieron gigantes que escaparon a éste castigo y fornicaron con humanas, dando a luz éstas a extrañas criaturas casi del mismo tamaño que los gigantes. Pero hacía miles de años que ya nadie veía a esas criaturas, tal vez porque se habían extinguido, habían muerto muchos en la guerra que tuvieron contra los humanos.
Vark bajó de su caballo, ya era casi de noche, ayudado por uno de sus guardias. Entraron por la ancha puerta, y vieron la soledad que había ahí. Su hijo no tardo en aparecer. Estaba vestido con su armadura y con espada a la cintura, era rubio y alto, de rasgos muy parecidos a los de su padre, venia acompañado por unos cincuenta hombres, mercenarios y salvajes que había contratado para proteger el Fuerte.
-Padre - dijo
-Rey, para ti - respondió Vark
-Mi rey - dijo en tono burlón - ¿Qué le trae por éstos rumbo?
-No hablemos más y dame a la Ramida. Se la devolveré a su padre. - el príncipe rió a carcajadas
-No lo creo así. Creo que me la quedaré
-No me provoques, Lark - dijo el rey furioso
-Creo que mis cien hombres no están de acuerdo con tus...¿cuántos?¿diez? - la mirada del rey se había vuelto algo confusa, como si no se hubiera percatado antes. - Tal vez ya sea tiempo de que alguien nuevo se siente en el trono del Sur.
-Nunca serás rey, Lark. No lo permitiré. - la mirada del joven príncipe se tornó a la furia. Se viró hacia los suyos, y desenfundó su espada, y la levantó, y le ordenó a los suyos a los suyos atacar.
Los mercenarios y los salvajes no lo pensaron mucho y enseguida comenzaron a correr hacia ellos con sus espadas en mano. Los del rey se mostraron valientes y no se movieron un solo centímetro, el rey se colocó al frente de ellos. Pero algo les sorprendió, dos caballeros de una estatura envidiable y unos músculos estruendosos, se colocaron de un salto en frente de ellos, en contra de la multitud que les venía en frente.
Ambos parecían un muro, peleaban de manera salvaje, con aquellos dos parecía que eran cien contra cien, y no contra diez como en verdad eran. La sangre tiñó aquel sitio, hombres mutilados, ojos que volaban fuera de los rostros de sus dueños, cabezas cortadas... Pero aun así, los mercenarios comenzaron a ganar, cada vez eran menos los hombres del rey, solo quedaban dos protegiéndole, más los dos extraños caballeros de armadura roja sangre. Ya era de noche, la luna se tornaba roja en el cielo. Ambos caballeros miraron al cielo a la par, de pronto soltaron sus espadas y se tiraron al suelo, revolcándose de dolor. El espectáculo era tremendo, los mercenarios del príncipe se pararon a observar, y hasta se escuchó algunas risas de burla entre ellos. Pero se acabaron pronto, cuando vieron que se quitaron sus yelmos y sus cabezas ahora eran de lobos, estaban peludos, sus ojos eran rojos. Se levantaron y rompieron sus armaduras con fuerte movimientos, dejando al descubierto sus peludos y fuertes cuerpos. Los mercenarios dieron varios pasos hacia atrás. Pero los caballeros lobos le atacaron y acabaron con ellos en lo que fue una verdadera carnicería, incluso Lark murió, pidiéndole a gritos ayuda a su padre, pero éste le ignoró. 
Cuando la pelea hubo terminado, ambos quedaron desnudos en el suelo. El rey les mandó a cargar, y a llevarles hasta dentro del Fuerte. Los dos soldados obedecieron, aunque con mucho trabajo, pues pesaban mucho. Una vez dentro les vistieron, y les dejaron descansar en una recámara.
Al día siguiente, se presentaron ante el rey.
-Draxos y Drexos, son sus nombres - les dijo el rey - y dicen que vinieron a rescatar a la Ramida.
-A la ella Tramia, si - respondió Drexos
-Les debo agradecer. ¿Qué recompensa desean?
-No deseamos nada, solo escoltar a la doncella a su hogar, nada más. - el rey cayó durante unos segundos en silencio -Si es lo que quieren, lo permitiré, han demostrado suficiente valía, y eso en lo que se han convertido...me hace creer que las leyendas en verdad son ciertas. La verdad es que nunca creí vivir lo suficiente como para ver a dos hombres lobos.
-Nosotros tampoco - dijo Draxos, el rey les observó de arriba a abajo. Las armaduras rojas que les había regalado eran muy parecidas a las anteriores que habían destrozado.
-En cuanto lleguen los hombres que mandé a que vinieran, se marcharán con éstos dos que sobrevivieron a esta masacre. Ellos enviarán mi mensaje de paz a Bajo Sur, quiero que se sepa que la corona no tuvo nada que ver con ésto, ya el responsable pagó y está muerto.
Así partieron al días siguiente, al mediodía, con la doncella y los guardias del rey.



AB Batista

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En el texto hay: misterio, personajes sobrenaturales, magia

Editado: 11.08.2019

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