El Fin Del Comienzo : El Libro Viejo

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Capítulo 7 : Amik (2)

El frío comenzaba a helarle los huesos, ya estaba muy viejo para andar a tan altas horas de la noche y con tan poco ropa en las frías y oscuras recámaras del rey. Ráfagas de viento congelado le provocaban escalofríos por momentos, pero trataba de mantenerse fuerte, para que el rey viera que aun no era lo suficientemente viejo para dejar de ser su hechicero y consejero principal.
Leddar le miraba con sus ojos marrones y estáticos, siempre era difícil o saber lo que pensaba, pero Amik le conocía muy bien. Habían crecido juntos, desde que tenían uso de razón jugaban juntos y corrían por el Castillo. No fueron pocas las veces que habían compartido castigos, fregando en las cocinas, barriendo en los patios o haciendo alguna que otra tarea. Pero Leddar había cambiado mucho, ya no era aquel chico alegre que le gustaban los juegos, y nadie sabía porqué.
-Se reúnen a mi espalda - dijo el rey, que estaba con una túnica carmelita que le tapaba hasta la cabeza - ¿Sabes algo de eso?
-Si, mi señor - respondió - Vinieron a buscarme uno de los generales, intentaba persuadirme para que le convenciera de dejar la corona.
-¿Y que dijiste?
-Que usted aun es la única persona capaz de cargar ese peso sobre su cabeza. - el rey le observó, mas fijamente, como si estuviera viendo su interior
-Buena respuesta, hechicero. Sabía que no me traicionarías
-Su hijo también, mi señor. Lo han intentado convidar, pero actuó como un auténtico príncipe
-Es mi heredero, Amik. - Leddar se volteó a la ventana y caminó hacia ella para observar hacia las montañas que tanto le gustaba mirar, sobretodo cuando estaban teñidas de blanco. El hechicero, sabía cuanto le gustaba la nieve al viejo rey, se paró a su lado a observar también. Ya era oscuro, la luna estaba en su punto más alto, la nieve caía lentamente como si fueran pelusas y se posaban en las hojas, y las ramas de los arboles, y en los techos de las chozas que rodeaban el Castillo.
-Es hermosa la nieve - dijo Amik, sabía porqué le gustaba tanto y lo que causarían esas palabras en Leddar, que dejó correr una lágrima por su mejilla izquierda.
-Ella era hermosa, hechicero - respondió el rey con la voz cortada.
-¿La extrañas?
-Cada día, cada noche, cada madrugada. Cada vez que veo a un ave volar o a un perro correr, si veo caer la lluvia o la nieve, o si escucho una voz femenina pienso que es la suya. A veces la escucho llamarme por las noches, pero sé que no puedo ir junto a ella a encontrarnos en el mar celestial, para navegar eternamente. Aun debo haer muchas cosas aquí. - se secó las lágrimas con las mangas. El hechicero sintió pena por él, aunque no lo dijo, por momentos pensó que el antiguo Leddar había regresado.
-Sin dudas un clima complejo. - dijo Amik, para romper la tensión - He leído que hay planetas que hay lugares en los que el frío comienza desde Norte hacia el Sur, y no del Oeste hacia el Este.
-Sabes que no me interesan muchos tus libros
-Pero uno de ellos le quita el sueño, ¿no? - Leddar le miró, y su mirada había sido transformada por completo, ahora había vuelto a ser vacía.
-Un libro que no sé si existe. Estoy comenzando a creer que me engañas.
-Anoche volvió a aparecer en el mapa, pero no deja de moverse, y el lugar donde estuvo por última vez no le va a gustar mucho.
-Solo dilo. - dijo secamente
-El Bosque Maldito, mi rey. - la expresión de Leddar se volvió cruel en cuestión de segundos - mis hombres se han negado a entrar ahí, temen a las horrendas criaturas que habitan ahí.
-Las historias del Bosque Maldito son tan falsas como las leyendas que cuentan del Libro Viejo.
-Tal vez, pero son nuestra única esperanza, mi señor. Nuestro ejército se ha diezmado mucho en los últimos años, muy pocos quieren pelear, se han adaptado a las comodidades y la buena vida que da nuestro reino.
-¡Son cobardes todos! Aumentaré los impuestos.
-Así querrán pelear menos. - el rey volteó su rostro, pero ésta vez hacia su cama.
-Necesito descansar - Amik lo vio enseguida, Leddar no quería continuar la conversación. Seguramente por su orgullo, no quería reconocer que en verdad era aquel mítico libro su única esperanza.
-Entonces le dejaré, mi rey - Amik se marchó, bajó una vez por aquellas escaleras, ésta vez no tuvo ayuda de nadie más que de su frágil mano. Era muy oscuro, la noche era la culpable. Las antorchas alumbraban vagamente el camino hasta abajo, ahí encontró a un hombre alto, con vestiduras negras y barba corta, su pelo pelo era poco, y escaseaba mucho en la parte superior de su cabeza.
-¿Qué te dijo? - dijo el hombre
-Leddar no se va a rendir. - respondió. - Su hijo tampoco, ambos son fieles a las viejas costumbres.
-Él te escucha, convencerlo de dejar la corona, no tiene forma de detener a los demás.
-Él tiene esperanza. Cuando alguien la posee, se convierte en un digno rival. - a aquel hombre no le gustó mucho el comentario, tan poco que casi le estrangula al agarrarlo fuertemente del cuello.
-Haz lo que tengas que hacer, pero convéncele - le dijo mientras aún tenía su cuello apretado, le apretó mas fuerte por tres segundos y le soltó. El viejo cayó en el suelo, casi sin fuerzas y a punto de desmayarse, cuando levantó su cabeza ya no estaba aquel hombre, ni tan siquiera vio su sombra esparcirse. En ése instante llegó un guardia y acudió corriendo a ayudarle.
-¿Quién ha sido? - preguntó el soldado
-No lo sé, un intruso quizás. - tosió, y poco a poco fue recuperando el aliento.



AB Batista

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En el texto hay: misterio, personajes sobrenaturales, magia

Editado: 20.08.2019

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