El Fin Del Comienzo : El Libro Viejo

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Capítulo 8 : Bakmon (2)

Estaba en su cama, no conciliaba el sueño a causa de lo sucedido. Una rara enfermedad había invadido el campamento y habían muerto casi la mitad de sus hombres y otros mil aun estaban enfermos. La orden del rey Colcec había sido no regresar a la ciudad ni esparcirse por el reino, sino quedarse en el campamento hasta que los hombres dejaran de enfermarse.
-¡Estúpida plaga! - maldecía Bakmon delante de su escudero Kotriel - ¿¡Qué demonios quieres!?
-Aquí tiene su comida, señor - respondió el chico acercándole el plato.
-¡No quiero comer! - le dio un manotazo y lo derramó todo en el piso. - Que alguien venga a limpiar ésto, y convoca a mis comandantes, quiero hablar con ellos.
El chico obedeció, alguien vino y limpió el desastre provocado por Bakmon, mientras éste se colocaba su armadura, y luego aparecieron los comandantes.
-Sientense, tenemos que hablar - les dijo. Todos obedecieron y se sentaron en cojines y almohadas que estaban en el suelo formando un círculo, el último el unírseles fue Bakmon.
-Jetrab - señalo a uno de los comandantes, era flaco y calvo -¿Qué noticias haz recibido de nuestros exploradores en el Norte?
-Ninguna, mi señor - respondió éste - Temo porque hayan muerto.
-Tú y tus malditos exploradores me tienen cansado, solo hacen morir. Tal vez tú debas ir en la próxima misión - la tensión comenzó a surgir en aquel lugar, incluso Jetrab tragó en seco.
-Como usted desee que se haga se hará, mi señor - la respuesta fue tomada por Bakmon con poca importancia - Pero ha llegado a mis oídos que Gostek a muerto.
La noticia sorprendió a todos los ahí presentes, y una carcajada malévola salió de la boca de Bakmon.
-¿Te burlas de mi? - le dijo, ya con mirada de furia
-No, mi señor. Los rumores van de pueblo en pueblo. Se dice que el rey Nolzyk le ha echado a su furioso oso blanco, y éste le arrancó la cabeza de primera intención. Pero...
-¿Pero qué? 
-Se dice también que Nolzyk nombró comandante en su lugar hijo, Nasdok.
Los comentarios comenzaron a surgir entre los comandantes, incluso Bakmon se sintió sorprendido ante la noticia.
-¿¡Y eso qué!? - les dijo Bakmon para callarlos. - Nasdok igual puede ser vencido.
-¡Está loco! - dijo otro de los comandantes, éste era rubio, pequeño y medio gordo - Es lo peor que ha visto el Norte, las leyendas que se cuentan sobre él son perversas, como para nunca dormir temiéndole a su sombra - Bakmon sacó su espada y la colocó en su cuello.
-Cuéntame una leyenda, Codkob - aquel hombre tragó en seco y no dijo una palabra. Bakmon retiró su espada y la guardó cuando vio que no le diría nada. - Lo que pensaba. Deberían temerme más, de Nasdok solo han escuchados cuentos de viejas aburridas, pero de mi han visto de lo que soy capaz. Así que no teman a la persona errónea.
-Señor...perdone - dijo un hombre con una armadura verde que se les había unido en el camino - Pero creo que deberíamos buscar solución a nuestro problema, muchos de sus hombres están muriendo a causa de ésta enfermedad.
-Es cierto, Fargon. Pero nuestros curanderos no hayan la solución, y muchos de ellos también están muertos. ¿Qué me recomiendas tú, Harlyk?
-Ésta situación es grave - dijo el comandante mas anciano - Nunca había visto algo así. - se arrasco su larga barba gris - Pero solo veo una solución.
-¿Cual es? - preguntó Bakmon prestándole toda la atención, confiaba mucho en él.
-Matarlos a todos - los murmullos invadieron aquel lugar, todos estaban en desacuerdo, algunos apoyaban al anciano y otros no.
-¡Silencio! - gritó Bakmon provocando que todos se callaran - Harlyk tiene razón, debemos acabar con ésto de raíz, los que están enfermos morirán, y no hay forma de impedirlo. Reúnan a todos los enfermos encima de una pira, duérmanlos a todos para que hagan resistencia, luego quémenlos, después les honraremos por su sacrificio.
La cara de los comandantes se mostraban insatisfechas, se estaba hablando de matar a sus propios soldados, pero no quedaba otro remedio, y en el fondo lo sabían.
-Ahora salgan de aquí y cumplan con mi orden, eso si no quieren morir ustedes. -
Todos se levantaron y se marcharon, cumplieron sus órdenes, les durmieron y les quemaron, eran mas de mil, las llamas les habían despertado pero no pudieron huir, estaban amarrados y sin fuerzas a causa de la enfermedad. Los gritos de dolor se sentía con claridad, y hubieron lágrimas que corrieron por las mejillas de muchos rostros, eran sus amigos, hermanos, hijos los que estaban matando para garantizar su propia supervivencia.
-¿No sientes nada? - le preguntó Kotriel a Bakmon, que observaba indiferente, éste le miró.
-Acabo de salvarte la vida, escudero. ¡Déjame en paz!
-Algo debes sentir - Bakmon respiró profundo, aun observa las llamas que se elevaban bien en la gran pira, ya los gritos habían comenzado a desparecer.
-Es un precio que pago, niño estúpido. No puedo dar mi brazo a torcer aunque por dentro esté destrozado. - las palabras de Bakmon sorprendieron a Kotriel, que se había preparado para una respuesta mas dura. - Lo importante es que regresamos a casa.
Cuando todo se hubo acabado, y solo quedaban las cenizas y los cuerpos calcinados e irreconocibles, Bakmon ordenó darles un entierro honrado, como si hubieran muerto en un campo de batalla. Los soldados muertos fueron enroscados en sabanas blancas, y fueron despedidos y enterrados.
-Que el dios verdadero les lleve al Castillo Sagrado, y que el Dragón Protector les deje entrar. Que ahí reposen para siempre y nos esperen a nosotros. - dijo Bakmon, repitiendo el ritual que se repetía siempre cada vez que moría alguien.
-Que ahí nos esperen - repitieron todos cuando Bakmon terminó de hablar.
Una lluvia fuerte comenzó a caer de forma repentina, todos corrieron a sus tiendas para huir del agua, pero Bakmon no, él se quedo ahí un rato mas, y a su lado Kotriel.
-Haz hecho lo correcto - le dijo el niño, que tomó su ruda mano. Bakmon solo le observó, mientras las gotas de agua caían por su rostro, entonces fue difícil diferenciar si era la lluvia o eran sus lágrimas.



AB Batista

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En el texto hay: misterio, personajes sobrenaturales, magia

Editado: 20.08.2019

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