El grito de las codornices

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III

Éramos cientos, ajenos de lucidez o razón

Juntados a la fuerza por los sacerdotes

Que ferozmente nos quitaron la vida

Y nos hundieron con melancólicas palabras

De dioses muertos

A las aguas de lo profano.

Y por allá, en una esquina lejana

Se encontraba ella

Ausente de vida o de amor

Ambigua e insensata

Era solo un trigal más en su vasto molino.

Sus ojos eran extraños,

Carecían de viveza y eran morados

Su austero rostro era el terreno fértil de mis miradas cautelosas

Acostumbrada, quizás, a las miradas furtivas de los salvajes

Permanecía inmóvil, como asustada.

Inexpresiva y fiera se encontraba frente a mí

Ignorante de mi existencia, y mis tulipanes

Y yo, frente a ella, encontré el origen de las diosas.

 



Charles J. Doom

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En el texto hay: poemario, poemas a la vida, poemas cortos

Editado: 04.10.2019

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