El Grito del Sur

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Capítulo 2

 

Antes de salir de la cápsula recordé algo que me había dicho Jerónimo. Debía comprobarlo.

—Debo hacer algo primero Sharon.

—¿Ahora qué vas hacer? —salí corriendo.

—Habla con Caluxy para que nos ayude con la salida. ¡No me tardo! —lo último lo grité, ingresé a Alma una vez más y mi ave me esperaba—. Buena chica, llévame a casa.

 

Entré a mi habitación y ahí, en la almohada estaba la carta con una flor, entonces si fue verdad que él trató de advertirme —fue cierto—. Tomé la carta, me senté en la cama y comencé a leerla. Se me humedecieron los ojos cuando la abrí, volví a cerrarla, ¿cómo puedo seguir llorando? No puedo perdonarlo, no sé si lo haré con el tiempo, ¡los obligó a que me mintieran! No sé con qué propósito, me cuesta tanto perdonar una mentira, bueno cientos de mentiras. Y no solo eso, aun me cuesta cerrar los ojos, cada vez que lo hago su escena sexual me invade el pensamiento, tengo tanta rabia, se supone que me conoce, ¿Por qué quiere menospreciarme a aceptar esas absurdas doctrinas?

 

Yelena

Sé que no debo escribirte esto, pero te juré no hacerte más daño… Amor pasarán situaciones lamentables, pero deben ser así. No creas en nada de lo que escuches o veas de ahora en adelante, sígueme el juego por favor, necesitamos estar juntos, esta es la batalla final, pronto estaremos como lo deseamos. No sabes lo feliz que estoy por volver a estar en tus brazos, por haber entrado a tu cuerpo. Te amo con toda mi alma.

He sido el hombre más feliz desde que supe que la mujer destinada a mí era la mujer que vivía al lado de mi casa en la Tierra. 

No creas en nada, recuerda que solo te amo a ti, yo nací para ti.

 

Jerónimo.

 

Me limpié las lágrimas —antes de salir guardé la piedra del planeta Az en el compartimiento secreto donde tenía el brebaje que había realizado el día en que me convertí en almana. Subí a Libertad y sin decirle nada ella me llevó a la entrada de la cápsula.

—No sé cuánto me tardaré en regresar —acarició mi cabeza—. Te quiero —susurré.

Al entrar me sorprendí al ver a Laxylya hablando con Sharon. ¿La habrá enviado Jerónimo para que trate de convencerme?

—¿Es posible que acepten a una más en el primer grupo de mujeres divorciadas?

—¿Qué? — ¿qué habrá querido decir?

—En teoría hija, yo fui la primera divorciada, ¿alguna vez me viste el anillo de matrimonio? —negué—. Debo aclarar que Jupnuo es un hombre honorable, muy pegado a lo que son las tradiciones y ¡es un necio!, reacio ante los cambios. Todo lo que hizo fue pensando en el bienestar del planeta según lo que él y su hermano creían que era lo mejor, pero son pensamientos de miles de años, cuando él y el padre de Kaus, el anterior Kaus —arrugué mi frente y ella comprendió, debía ser más específica, es una historia un poco enredada—. Al perder la dinastía la Energía miró la línea sagrada y esta era obviamente la del príncipe.

—¿Jupnuo es príncipe? —Laxylya sonrió ante el comentario de Sharon.

—Ahora es un anciano, en su tiempo lo fue. Cuando nace un nuevo Rey se pierde la jerarquía.

—Lo que quieres decir es que Larry en muchos años, muchos, muchos años ¿ocupará su lugar? —miramos a Sharon y con solo verla nos reímos, a pesar de lo que me pasaba, ella siempre me saca una sonrisa.

—En teoría, sí. ¿No te gustaría ese futuro? —Laxylya tocó un tema sensible y en el fondo esa es la razón del porqué se va conmigo.

—Voy a casarme con Yajaht.

—Que tranquilidad me da escuchar eso —las tres miramos a Yajaht—. Mi Reina.

—A ti al igual que a tu Rey no quiero verlos —bajó la mirada. Mi hermana se le acercó, no lo abrazó ni lo besó.

—Si nos demoramos, todo el planeta Alma se reunirá en este lugar —comentó Laxylya

—¿A dónde iremos? —me miró con los ojos llenos de ilusión.

—Tengo una casa en Salem —me reí.



Eilana Osorio Páez

Editado: 08.11.2019

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